Bad boy

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Al nacer el cromosoma 47 sonó en su vida como un bat astillado por la curva engañosa de la naturaleza. Todo fue confusión desde entonces, la realidad se hizo nebulosa y todo cuanto hacía era como un “podridito” al pitcher por la vía de la vergüenza.

Enrique Lomas Urista/ A los Cuatro Vientos

La pasión por el béisbol era lo único claro en su vida, las rectas zumbaban alegres a unos cuantos metros de sus oídos y el olor de las pelotas se convirtió en una adicción incontenible.

Lamer la piel terregosa de las bolas le costó innumerables llamados de atención, y los ataques de efusividad y afecto que le llevaron a abrazar anodinamente a la estrella del equipo lo dejaron muchas veces al filo de ser expulsado de la liga.

Era el Bat Boy, el recoge todo, el lleva y trae y la burla de todos los que en él veían un pedazo de su propia ternura extraviada en el temor al ridículo.

beisbol cuarto bate

Más evidente que su retraso mental era su inconmensurable gordura que le impedía sujetar las bolas rasantes y que le hacían caer estrepitosamente sobre el campo, desviando la atención de las mejores jugadas, pero el sueño de ser el mejor jugador de su mundo era imparable, por eso entrenaba con enloquecido frenesí ante un estadio vacío.

Era precisamente el cuarto bat, la estrella del equipo, quien contenía tras la franela ganadora una cantidad de odio solo equiparada por la admiración que el joven down le profesaba.

Cuantas veces podía, soltaba el bat para alojarlo en la espesura del cuerpo del muchacho, para recibir por reclamo una inocente sonrisa entre el sofoco del impacto.

beisbolista sombraEl sueño del joven creció como un estacazo de cuatro esquinas con bases llenas y pronto se cuadró en el plato para intentar un batazo que expulsara su anhelo de siempreniño a la estratosfera.

Sólo la compasión general de los fanáticos lo mantuvo en el juego, pese a los reclamos de los jueces que estaban hartos de sus constantes irrupciones a la caja de bateo.

Un mal día sintió la claridad de sus 46 cromosomas extraviados en el estadio de la nada y se apresuró a batear una bola alta en el juego decisivo del campeonato. El bat chocó seco sobre la cabeza de la estrella del equipo y al muchacho le pareció que el cráneo del jugador se desgranaba en esquirlas de dicha mientras los guardias de seguridad lo llevaban en hombros, confirmando el jonrón.

enrique lomas*Enrique Lomas Urista. Escritor y periodista originario de Torréon, Coahuila. Trabaja desde hace años en Chihuahua donde es corresponsal del periódico Reforma.

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