Al diablo con tu cultura

Comparte en redes sociales

En el aburrimiento ambiente, el artista ambiciona ser un dios, pero lo único que logra es la apariencia de un diablillo miserable, pastiche de pastorela; con su abstracción superficial o su siniestra desnudez, con su verso decorativo o su filosofía de autoayuda, con su pincel borracho o su cámara en automático, la cultura oficial no duda en enviarlo con su música a otra parte.

Rael Salvador / A los 4 Vientos / Obra de portada: Españoles desempleados, Antonio Berni

La cultura exige profesionales, y profesionales del menosprecio es lo que la cultura oficial coloca en sus escritorios. Pero no se dejen engañar: desde hace décadas la falsedad burocrática de las artes viene repitiéndose el truco, haciendo creer que ese es el destino neurótico de los artistas: pobreza disgustos y penas.

Te cuento la anécdota completa: Un enfebrecido Vincent Van Gogh va a solicitarle apoyo a su amigo galerista Jan H. Weissenbruch, y éste le contesta: “La felicidad es animal: es buena para las vacas y los comerciantes. Los artistas florecen en el dolor. Dios es misericordioso contigo si te da pobreza, disgustos y penas...” Lo de las vacas y los comerciantes es lindo, lo demás deja ver una exageración tacaña: Menosprecio 0.0.1., con el agravante de lo burocrático.

El truco es sencillo, observémoslo: después de haberlo publicitado, pagado viajes y comprado espacios –la más de las veces, alguna cosa de lo anterior–, elige de la comunidad al artista en formación y lo coloca en un puesto administrativo: director del Sistema Educativo Estatal, director del Instituto de Cultura de Baja California, director de La Casa de la Cultura, director del Ceart, director del Instituto Municipal de Cultura y Desarrollo Humano, director de la Escuela de Artes… Director de esto y director de lo otro, contrario al Vaticano, por mandato de “cuates”.

Obra de Marcella Ottonello

Así, lo máximo que aspiramos como nación, es que la comunidad pierda un aspirante a la creación y el sistema gane su monigote marinado en los ambientes, salas y galerías de arte: un tonto útil, profesional de la arrogancia y especialista del menosprecio. Ninguneo en forma de agresión cultural que, desde los escombros emocionales de la miseria, el ojete inculto hace de las artes su objeto de culto.

O como le gusta decir a Herbert Read:

En la historia del arte lo único que importa, en última instancia, es el genio. Si Homero, Shakespeare y sus iguales no hubieran aparecido sobre la tierra –en esa forma impredecible que les es propia–, la historia del arte sería idéntica a la de cualquier otra actividad que exija cierta destreza, como la agricultura o la construcción de herramientas, por ejemplo. El arte se distingue por sus irracionales e irregulares interrupciones de luz en medio de la oscuridad del mundo”. 


Comparte en redes sociales