A DOS DE TRES CAÍDAS: Dos historias y un deseo

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EL ÁRBOL NAVIDEÑO
Los niños pidieron a aquel hombre que les llevara un árbol para adornarlo como parte de las festividades navideñas.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico/A los 4 Vientos.

El hombre cerró sus ojos, evocó la historia de aquel buen hombre llamado San Nicolás que procuraba ayudar a los que se encontraban en dificultades y con cierta nostalgia recordó sus cartas de pequeño a Santa Clos, las posadas con cacahuates, naranjas, tejocotes, los dulces multicolores con forma de huevo de caramelo y rellenos de cacahuate, los rosados piñones y las colaciones con semillas de cilantro.

Rememoró también la procesión tras las figuras de José y la Virgen María, los cantos para pedir posada y el momento mágico de romper la piñata de barro adornada con papeles brillantes y sus siete picos que le daban forma de estrella multicolor y, por supuesto, ni cómo olvidar el olor y sabor de los tamales.

Después de saborear sus recuerdos, el hombre tomó un hacha y salió echándose a andar por un sendero hacia lo alto del monte.

Ya en el bosque, buscó un sitio en donde abundaran los retoños nuevos y árboles jóvenes, eligió con detenimiento hasta que seleccionó un bellísimo árbol que erguido se levantaba con un verde cono invertido. ¡Era ese! Lo midió a simple vista, lo imaginó adornado y lleno de luces coronando un nacimiento con figuras de barro y heno.

Pidiéndole permiso al árbol, a la madre tierra y a la naturaleza, golpeó con su hacha el tronco del árbol con precisión. Cubrió el follaje con una lona, la ató y no con pocos esfuerzos y haciendo intervalos para descansar, poco a poco descendió con su preciosa carga.

Mientras andaba que no es igual que caminar, respiró el aire fresco, renovó sus ilusiones y las embonó con sus recuerdos.

Imaginó la sonrisa de los niños y su algarabía en torno al árbol y así llegó a la casa, aserró el tronco y colocó en su base una cruz con tablas de madera para darle estabilidad y feliz de su cometido lo dejó en la sala de su casa.
Posteriormente el hombre tuvo que salir a trabajar.

Al regreso después de unos días, entró a su casa buscando el adornado árbol, pero no lo vio… en su lugar observó el cono de verde follaje totalmente cubierto de pintura blanca, de algodón o fibra, lleno de cientos de esferas, tiras de listones y centenares de luces.

Era un gran cúmulo de adornos de cristal de muchos colores… pero el árbol no se veía y eso lo entristecía…
Había elegido y cortado un bellísimo árbol, arrancándolo de la naturaleza donde era todo esplendor y donde sus luces eran las del sol refractado por las gotas de rocío y todo para que no se le apreciara.

Con sus ojos entrecerrados y solo con sus pensamientos le pidió perdón al árbol y entendió que no todo lo que está profusamente adornado es más bello que lo simple y natural.

 

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

El cuervo volaba por sobre un valle de la campiña, desde ahí observo una enorme barda de piedra, era, para ser preciso, un muro de enormes piedras acumuladas junto a este se encontraba, en determinado sitio un frondoso y centenario encino.

El cuervo decidió descansar de su azaroso vuelo y se posó sobre una rama de dicho árbol y ahí escuchó una plática sostenida por el muro y una pequeña hormiga.

Decía la hormiga al muro: Vaya que eres asombroso, imponente, tu eres enorme y sólido, de seguro que tienes muchísimos años de existencia y ni el sol ni la lluvia o el aire te pueden afectar ni mover un solo centímetro. Eres muy poderoso debes estar orgulloso.

El muro habló con sonidos terrosos y milenarios: Pues si es innegable y como podrás ver estoy formado de muchas partes, ni yo mismo recuerdo cuando me colocaron en este lugar ni con qué propósito, pero hay algo que yo no puedo hacer y que tu si lo haces: viajar. Tu puedes moverte y ver qué hay más allá de lo que mi vista alcanza, puedes acercarte al arroyo y descubrir nuevos lugares, cosas que a mí me está impedido.

Respondió entonces la hormiga con un tono un tanto soberbio: Tienes razón, de qué te sirve ser tan fuerte y poderoso si nunca has de moverte de este lugar. Mientras yo conozco el mundo, disfruto de muchos paisajes y viajo en busca de placeres y sorprendentes momentos, quédate ahí asentado en donde tus creadores te condenaron a permanecer por siempre, yo seguiré disfrutando mi libertad.

El muro ya no respondió, pero lloró como solo lloran las rocas… dejando escurrir un pequeño río de polvo diminuto.
En ese momento, el Cuervo se desplazó por la rama con un pequeño brinco y se posó cerca de la hormiga y de un rápido picotazo lo devoró y levantó el vuelo ante la mirada absorta del muro. Y mientras volaba, el Cuervo se dijo a sí mismo: No cabe duda que la libertad tiene sus riesgos. Y siguió volando cada vez más alto hasta oscurecer todo el valle y la campiña al cubrir el sol…

EL DESEO

En esta navidad, deseo que mis detractores y adversarios políticos e ideológicos tengan la madurez necesaria para entender que no siempre se gana y que tengan decoro en su actuar dejando la soberbia. Deseo que el dolor del poder perdido no obnubile sus mentes. De los ansiosos espero que tengan paciencia, que un gobierno nuevo no puede resolver en un mes ni en un año todo lo descompuesto. De mis amigos espero seguir contando con su amistad y de mis seres queridos su amor incondicional.

Y a todos les deseo paz, un chingo de amor y prosperidad en sus hogares.
¡Feliz Navidad y un buen 2019! porque a eso aspiramos todos… ¿O no?
PD. Santa y si puedes, ya llévate a Kico Vega.


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