Sin freno, las adicciones en Baja California

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La existencia de una amplia red de narcomenudeo y la carencia de programas eficaces para detener y prevenir el flujo de toda clase de sustancias adictivas a la población, ubicó a Baja California como el segundo estado de la República en consumo de estupefacientes, alcohol y tabaco, sólo por abajo de Sinaloa.

Javier Cruz Aguirre / A los Cuatro Vientos

15 de enero 2012.- El problema social, económico y cultural que ello representa, y que confirman la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) elaborada en 2010 por la Secretaría federal de Salud, y los Centros de Integración Juvenil, provocó una reacción urgente del Congreso del Estado, que en septiembre de 2011 inició una serie de acciones tendientes a crear un plan integral para la prevención y el tratamiento de las adicciones en la entidad.

De hecho, los legisladores integrantes de las siete fuerzas políticas representadas en el Congreso del Estado presentaron un punto de acuerdo mediante el cual solicitarán a la Cámara de Senadores que gestione ante la Federación, en calidad de recursos extraordinarios, 577 millones 812 mil pesos para el cumplimiento del  Programa Emergente contra la Prevención y Tratamiento de Adicciones en Baja California.

Sin embargo los 167 centros particulares de rehabilitación que existen en Baja California -39 de ellos con registro en Ensenada-, están estigmatizados pese a ser los que se encuentran en la primera fila de combate al problema que padecen más de medio millón de personas en Baja California, el cual creció más de 130 veces en un periodo de 17 años.

De hecho las autoridades y algunos diputados estatales se refieren a estas casas de asistencia social como “antros de drogadicción” y de violación a los derechos humanos de los pacientes y sus familiares, sin importarles que también representan el ahorro de cientos de miles de pesos diarios que los adictos gastan en la compra de drogas y bebidas con graduación alcohólica.

Pero lo cierto es que no hay recursos presupuestales suficientes del gobierno y el congreso de Baja California para los centros de rehabilitación.

“Por ejemplo, si en enero solicitamos cinco mil pesos para gastos de gasolina, que deberían ser entre 30 mil a 40 mil pesos porque es lo que realmente gastamos, la ayuda nos la vienen dando hasta noviembre, pero a la gente que acude con nosotros debemos atenderla inmediatamente pues se trata de una urgencia de salud y de seguridad para el paciente y su familia”.

Lo anterior lo manifestó Héctor Peña, director general del Centro de Servicios Especializados en Recuperación de Adicciones, para quien las adicciones son un reflejo de nuestra realidad como sociedad.

“Lo que hacemos como padres influye en que nuestros hijos también tomen este camino. La sociedad misma te enferma y nadie esta exento de padecer la desgracia que origina una adicción. En realidad todos fomentamos o dejamos de hacer algo para provocar esta enfermedad”, explicó.

A continuación, Héctor Peña dio a conocer algunas cifras relacionadas con el problema de las adicciones en la ciudad de Ensenada.

Primero, asentó que la drogadicción es un problema social y de salud que afecta a todo tipo de personas, de cualquier edad y de cualquier clase económica, aún cuando hoy se registra un incremento en los consumidores (mujeres y hombres) de menos de 25 años de edad.

“El número de mujeres drogadictas esta creciendo en números alarmantes desde hace algunos años. Lo malo de esto es que los centros (de rehabilitación) para mujeres no son suficientes”, manifestó el asistente social.

Al respecto un estudio hecho en 2011 en los 110 Centros de Integración Juvenil dependientes del gobierno federal, determinó que en Baja California, al igual que en el resto del país, las mujeres jóvenes y los niños triplicaron el consumo de drogas ilícitas y lícitas como la marihuana, éxtasis, crystal, “crack”, alcohol y tabaco.

“Lo que vemos es que las mujeres jóvenes igualaron el consumo de drogas y alcohol uno a uno, y en las drogas ilegales se empiezan a igualar el consumo con los hombres: en los 90 el consumo era de 13 hombres por una mujer; en 2008 y en la actualidad son cuatro hombres por una fémina”, señaló Carmen Fernández Cáceres, directora general de los Centros de Integración al dar a conocer los resultados de la investigación.

“Las niñas de secundaria están bebiendo más alcohol para estar en el espacio de los hombres en las fiestas y en el círculo de sus amigos, y consumen también drogas para estar a la par de ellos”, refirió la funcionaria federal.

Por su parte Carlos Valdez, coordinador municipal de una nueva red de centros de rehabilitación en el estado, informó que en los últimos cinco años el número de casos de mujeres con adicción a estupefacientes creció en la entidad más de un 150 por ciento.

Por ello, agregó, tan sólo en la ciudad de Ensenada se abrieron cinco centros de atención para damas con problemas de adicción, “pero éstos no cubren las necesidades crecientes del sector femenino”.

Lo cierto es que ni siquiera los centros de combate a las adicciones para hombres existentes en Ensenada son suficientes para contener el problema creciente del alcoholismo y la drogadicción.

Héctor Peña reveló que en el municipio de Ensenada hay 39 casas de rehabilitación con registro del gobierno del estado, y que “hay más en proceso de regularización”, pero no pudo precisar la cantidad de centros de asistencia que están legalizando su situación.

“Cada centro tiene una capacidad de recepción diferente. El nuestro tiene espacio para 50, pero hay quienes tienen lugar para más de 150 y hasta 200 personas, que es el caso de Isla de Cedros y del CREA, en la ciudad de Ensenada”.

Las organizaciones registradas en Ensenada atendían, hasta el pasado 14 de septiembre de 2011, un total de mil 578 adictos a drogas, de las cuales mil 405 eran hombres y 173 mujeres.

Tan solo en agosto de 2011 los 39 centros tuvieron un total de 360 nuevos ingresos, es decir un promedio de casi 10 drogadictos por centro de rehabilitación.

– ¿Cuántas personas dependientes a drogas no se atienden?

“Imaginamos que son al menos 10 veces más a la cifra que tenemos registrada, lo que elevaría el número de drogadictos en el municipio a más de 16 mil personas, pero esto es algo que no podemos decir legalmente, pero también es cierto que hay muchísima gente más en las calles que no esta siendo atendida. Y eso es evidente, esta a la vista de cualquiera”.

LAS CIFRAS DEL MIEDO

El director de Servicios Especializados en Recuperación de Adicciones reveló asimismo cifras preocupantes respecto a la forma en cómo los drogadictos financian su adicción a las substancias prohibidas o al consumo de bebidas con graduación alcohólica.

“En promedio –informó- cada adicto declara gastar mínimo 300 pesos diarios en el consumo de algún tipo de droga o de bebidas alcohólicas”.

Así, el dinero que gastan para satisfacer su enfermedad asciende a poco más de 473 mil pesos diarios.

“Y estamos hablando –precisó- tan solo de los adictos que estaban internados en los centros con registro hasta el pasado 14 de septiembre”.

Para obtener una dosis o una botella, los drogadictos y alcohólicos pagan con el dinero producto de su trabajo, pidiendo prestado a un familiar, amigo o desconocido, mintiendo en la mendicidad o de plano robando.

“En una encuesta que hicimos a los enfermos internados en los centros de rehabilitación de Ensenada, encontramos que más de la mitad de ellos reconoce que el dinero que usan para comprar drogas y bebidas alcohólicas lo obtienen robando. Estamos hablando de más de 236 mil pesos diarios que son producto de robo”, precisó.

El estudio reveló también que más del 80 por ciento de los drogadictos y alcohólicos ya no trabajan, y los que sí laboran tarde o temprano caen en el desempleo.

“Si a un adicto le dan 10 mil pesos diarios, ese dinero se lo gastaría íntegro en satisfacer su enfermedad. Así de grave es esto”, apuntó.

Además, el dinero que se gasta en los vicios deja de llegar al hogar de los enfermos, quienes renuncian a ser productivos para la familia, la sociedad y el país en su conjunto.

“Por donde lo veas, es un problema que nos afecta a todos en la sociedad y en el gobierno”.

– ¿Qué tan efectivos son los programas que los centros de rehabilitación aplican a sus pacientes? ¿Cuál es su tasa de reincidencia?

“Son preguntas que mucha gente nos hace. Podemos decir que son tan efectivos como cualquier consulta psicológica, como cualquier problema médico.

“Ahora bien, la efectividad depende de los pacientes, de qué tantas ganas le pongan a la rehabilitación. Y no hay que olvidar que es muy poco el adicto que busca ayuda por sí mismo. La mayoría acude por petición, por urgencia familiar”.

Así las cosas, son “muchísimos” los enfermos que a media rehabilitación abandonan la terapia psicológica y el tratamiento médico que se les aplica.

“A final de cuentas un pequeño pero muy importante porcentaje de enfermos logra la rehabilitación, que efectivamente depende del tratamiento que aplique el centro, pero también, y de manera muy importante, de la responsabilidad del paciente, de su familia y de su entorno social”

Respecto a los índices de rehabilitación que alcanzan los centros privados, Peña comentó que sus colegas calculan que “uno de cada 100 se logra”.

“Pero ese uno –explicó- es un multiplicador porque pasa el mensaje y es ejemplo para que otros adictos busquen ayuda, además de que beneficia a todo su entorno familiar”.

– “¿Uno de cada 100 no es una cifra muy baja?

“Mire, a nivel de CERESO (Centro de Readaptación Social, o cárcel) se habla de un 70 por ciento de reincidencia. En los Centros de Rehabilitación a drogadicción y alcoholismo algunos tenemos tasas de éxito de tres o cuatro personas por cada 100, pero en esto tiene mucho que ver la familia, el factor social, el de las oportunidades laborales”.

Reconoció que el adicto rehabilitado es víctima del estigma social y muchas veces fracasa en su decisión de conseguir un empleo porque se le niegan oportunidades en los centros de trabajo.

En otros casos tiene que enfrentar la enfermedad que su adicción dejó en la familia.

“La familia también se enferma con el consumo del adicto. Por ello es una obligación que los centros apliquemos programas de atención para la familia del enfermo, que tengamos orientación e información completa y adecuada para ellos”.

También se han dado asuntos en que los adictos, en su afán por evitar el ingreso a las casas de asistencia, agreden a sus familiares al grado de llegar a provocarles la muerte.

Y en otros, drogadictos y alcohólicos que desean poner fin al duro tratamiento de rehabilitación se quejan con sus familiares de maltrato y abuso por parte del personal del centro, lo cual puede generar acusaciones civiles y/o penales en contra de las empresas privadas de asistencia especializada.

“Afortunadamente –declaró-, la Norma Oficial Mexicana (NOM) 028, en su numeral 532, permite el ingreso de un enfermo a un centro de rehabilitación en forma involuntaria siempre y cuando esto suceda en caso de extrema urgencia, por solicitud de un familiar y por la certificación de un médico de la institución”.

Para protegerse aún más en contra de posibles demandas judiciales, la red estatal de centros de rehabilitación solicitó en septiembre pasado a la Procuraduría de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana (PDHPC) de Baja California, que realice visitas de inspección a las casas de atención y certifique su correcto funcionamiento.

“Los centros ya contamos con la certificación del Sector Salud –contó Peña-, que cada mes hace visitas de verificación a nuestras instalaciones. Lo que ahora deseamos es una legitimación por parte de los Derechos Humanos para que la gente tenga confianza en nosotros, acuda por el servicio y conozca que no violentamos los derechos de las personas que atendemos”.

PROBLEMA MEDICO Y SOCIAL QUE CRECE

El panorama general de lo que ocurre en el estado en materia de drogadicción lo proporciona la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA 2008), que afirma que la entidad alcanzó los primeros lugares en consumo de estupefacientes, y los Centros de Integración Juvenil, que ubica a Tijuana y a Baja California en los número 2 como ciudad y estado consumidores de drogas ilegales y legales.

Esto porque las redes del narcomenudeo no han sido alteradas por el sistema de seguridad pública, y el gobierno estatal no implementa programas eficaces para alejar a los jóvenes de las adicciones y fijar recursos suficientes a la rehabilitación de los drogadictos.

Así, para la ENA, en Baja California alrededor de 10 mil personas con edades que van de los 17 a los 60 años consumen cocaína. De esa cantidad cerca de cinco mil fuman marihuana, siendo muy alta la posibilidad de que en el corto plazo empiecen a buscar drogas más duras, como cocaína o su derivado más dañino: el crack.

“En las calles de Tijuana, Mexicali, Rosarito y Ensenada es común ver a jóvenes vendiendo crystal, una droga sintética con alto poder adictivo que se está popularizando entre los consumidores”, reporta el estudio.

Destaca asimismo la proliferación de “picaderos”, lugares donde por dos dólares se inyecta heroína, lo que ha propiciado el uso indiscriminado de jeringas usadas y el consecuente contagio del virus del sida.

La ENA, en su capítulo “Antecedentes del consumo de drogas y alcohol en Baja California”, asienta que en el estado realizó dos mediciones entre estudiantes de enseñanza media y media superior.

En el primer objeto de estudio encontró que 13 por ciento de los encuestados aceptó haber consumido al menos una droga en su vida, sin incluir tabaco ni alcohol, cifra que esta por arriba del promedio nacional, que es de 8.2 por ciento.

“Por sexo, la población de hombres que experimentó con drogas al menos una vez fue superior al de mujeres (14 y 12 por ciento respectivamente), y por tipo de sustancia encontramos que las inhalables (5.06 por ciento), las anfetaminas (4.21 y los tranquilizantes (3.03) fueron las drogas más consumidas por los estudiantes”, documenta la publicación.

En lo que respecta al consumo de alcohol, 66.3 por ciento del total de la población estudiantil lo había consumido alguna vez en la vida; por sexo, el registro fue de 69.4 por ciento en el caso de hombres, y de 62.9 en el de mujeres.

Y por lo que se refiere al tabaquismo, la Encuesta identificó que en Baja California los fumadores activos constituían 19.4 por ciento de la población (cerca de 370 mil personas), lo que hace que la prevalencia del estado esté ligeramente por debajo del promedio de consumo de tabaco en la República Mexicana.

Agrega que los fumadores activos iniciaron el consumo diario de cigarrillos a los 16.7 años, fuman en promedio 8.9 cigarrillos diarios y 11.7 por ciento de ellos fuman el primer cigarro del día durante la primera media hora después de levantarse.

El 11.5 por ciento de la población en el rango estudiado, cerca de 220 mil, son ex fumadores y la razón más importante por la que dejaron de fumar fue porque se hartaron de hacerlo, no por seguir las directrices de algún programa oficial para abandonar su vicio.

Al regresar al tema de la drogadicción, el documento denuncia que en Baja California, territorio de paso obligado de cargamentos de droga, el Sector Salud carece de datos e informes sobre el problema de las adicciones.

Sin embargo destaca que la búsqueda de tratamiento –sobre todo en centros privados, ante la ausencia de centros del gobierno estatal– aumentó de manera progresiva entre 1994 y 2007.

Así, mientras en 1994 un total de 669 personas pidieron ayuda al sector privado para dejar de consumir alguna droga, en 2007 la demanda de tratamiento la hicieron nueve mil 447 personas.

Datos más recientes de los centros de rehabilitación en el estado indican que ya son 88 mil las personas que han buscado ayuda en el sector privado y que las drogas ilegales más consumidas entre la población que acudió a las casas de ayuda son: mariguana (54.8 por ciento), crystal (58.5) y heroína (35.1 por ciento).

Finalmente, según los datos de la ENA 2008 (la más reciente hecha por el Sector Salud), entre 2006 y 2007 se mantuvieron los mismos índices de consumo de mariguana, pero al mismo tiempo amplios segmentos de consumidores saltaron al crack, al crystal, a la cocaína y a la heroína, llamadas también drogas de alto impacto (A los Cuatro Vientos).


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