El arte, victorioso placebo de nuestro 2020

Durante todo este año parece que vivimos en una especie de película del grupo “dogma 95”: lleno de problemas psicológicos, morales y dilemas sociales. No sabíamos bien que pasaba o que pasaría, pero de igual manera debíamos continuar convirtiendo el arte en nuestro único refugio, calmante, placebo y quizá vacuna de nuestra salud mental durante esta contingencia sanitaria.

 

 

Luis Armando Cortés* / 4 Vientos / Imagen principal: Guantes de goma, saquitos de te dibujados con personal médico y la Mona Lisa con barbijo y máscara protectora. Tres obras de arte enviadas a @covidartmuseum

Este año la pregunta ¿para qué sirven las artes? fue rotundamente contestada con una discreción increíble, aunque no sabemos muy bien cómo explicar esta respuesta. Más de alguno volvió a los libros, escucho toda su música y devoró gran cantidad de películas que nos hacían escapar un momento de la nueva normalidad.

Los eventos que adoptaron la vía web tuvieron records de asistencia y los artistas comenzaron a probar con nuevas formas de compartir su arte, que en un alentador esfuerzo de promoverse tuvieron mejores resultados que los esperados.

La industria de la música se aprovechó de esto y cada semana teníamos una canción nueva, un hit de moda que todos escuchaban en sus coches y casas, y que a la vez no dejaba de generar ingresos económicos para este gigante financiero.

Los museos en general tuvieron que buscar la manera de comunicarse, generando programas de difusión que incluían la facilitación de visitas digitales, los ya tan común webinars en las redes sociales, capsulas informativas y por supuesto visitas guiadas que variaban ante la constante reapertura y cierre de estos recintos.

 

Los espacios artísticos que dependen de la esfera pública estuvieron más que nunca en el ojo del huracán. Era de voz popular cuestionar quien recibía apoyos económicos y a quien proyectaban mientras se consumían grandes cantidades de arte por la web, financiado por estos fondos; sin embargo, no todo fue color de rosa pues los empleados de estos espacios resintieron la falta de recursos y despidos consecuencia de la crisis, lo que atrajo manifestaciones por las malas condiciones de trabajo o la ausencia de pago durante este año.

El circuito de arte subsidiado por el estado parecía en ocasiones estar en muchos problemas y, al igual que todos, tuvo la necesidad de reinventarse o permanecer como un edificio que más que un zombi, era un nuevo gabinete de curiosidades que al estilo del siglo XVII, estaba abandonado y lleno de objetos listos para ser vistos, pero resguardados por un solo dueño.

Por otro lado, el circuito privado del arte parece que se fortaleció y ganó importancia en la red. Ahora, muchas obras de arte contemporáneo están en el imaginario común de la población; cada vez son menos los que se atreven a decir “podría hacerlo yo”, o aquellos que se animan a expresar una opinión tajante que desacredite estas prácticas contemporáneas.

Durante el 2020 las discusiones de arte se extendieron por gran cantidad de personas, e incluso quienes antes no se preocupaban por este tema, ahora compartían memes e información de la gran cantidad de noticias que surgían del circuito cultural, desacelerando la separación constante entre arte y población que ya se venía dando por el capitalismo, y estrechando los vínculos que años antes se iban separando más y más.

 

En general, parece que este año las artes ganaron terreno en la apreciación popular del valor funcional, al revelar una praxis simbólica que ahora nadie se atreve a negar.

Tal parece que pocos pueden vivir sin arte y ahora lo miran como el medicamento que a diario hay que tomar para sobrevivir.

El arte fue adentrándose en la población como práctica, mímesis o disfrute, musicalizando esta película llamada 2020 que obligó a todos a reinventarnos como espectadores o como partícipes en el circuito y que, para bien o para mal, llevó a una gran cantidad de la población a dejar de preguntar permanentemente para qué sirven las artes.

 

* Luis Armando Cortés es Lic. En Historia del Arte. Especialista en análisis en medios audiovisuales, maestrante en la Universidad Iberoamericana, apasionado de la música, las artes y las ciencias exactas. Correo contacto: arteluiscortes@gmail.com

 

 

Ensenada, B.C., México, martes 22 de diciembre del 2020.

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