La trasnacional Cargill, el principal “coyote” del agro mexicano, se beneficia con el trabajo forzado en Indonesia

Written by javier. Posted in Ciudadanía y Medio Ambiente

NIÑA INDONESIA ESCLAVA

Published on August 08, 2013 with No Comments">No Comments

- Para cultivar palma aceitera se derriban árboles centenarios y se desplazan poblaciones violentamente.

- En las plantaciones asiáticas los derechos humanos no cuentan ya que los trabajadores son considerados como esclavos.

- Así se enriquecen multinacionales como la norteamericana Cargill y sus clientes.

Salva la Selva*

Son forzados a realizar los trabajos más peligrosos y duros, encerrados, golpeados y engañados a la hora de cobrar el jornal.

Se trata de hombres, mujeres y niños trabajan en las plantaciones como esclavos, siete días a la semana.

Durante nueve meses, el periodista Benjamin Skinner y su equipo investigaron las condiciones laborales en las plantaciones de palma en Indonesia.

Los estremecedores resultados fueron publicados en Bloomberg-Bussinessweek (en inglés): los trabajadores en los monocultivos de la empresa malasia KLK fueron atraídos con promesas falsas, les robaron sus documentos y les obligaron a realizar trabajos forzosos.

Ya en 2010, la organización ambiental Rainforest Action Network RAN, denunció al grupo KLK y a sus clientes por graves violaciones de derechos humanos.

KLK es, con 200 mil hectáreas de plantaciones, el quinto productor de aceite de palma del mundo.

Empresas occidentales como Cargill, que les habría comprado 27 mil toneladas de aceite de palma, son sus clientes.

La multinacional norteamericana abastece a su vez de aceite de palma a grandes fabricantes de alimentos como Nestlé, Kellog’s y Unilever, así como también a la industria del biodiesel.

Así, los productos del trabajo esclavo aterrizan en la mesa y el tanque del automóvil de muchas familias: margarina, cereales de desayuno, cremas de cacao, helados, cosméticos y en el biocombustible.

Salva la Selva se une a RAN para exigir a Cargill y sus clientes que se abstengan de comerciar con este dañino aceite de palma obtenido a base de trabajo esclavo.

Si esto te indigna, actúa en la siguiente liga:

https://www.salvalaselva.org/mailalert/921/el-trabajo-forzado-es-intolerable?mt=1642&v=0&ref=nl

* Salva la Selva se compromete activamente con la conservación de las selvas y bosques y los derechos de sus habitantes. La asociación se dedica desde 1986 a romper con el círculo de madereros y ganaderos, de empresas petroleras y mineras, del agronegocio, de bancos occidentales y políticos corruptos. Todos ellos se benefician a corto plazo de la destrucción de los bosques tropicales, mientras que indígenas, nómadas, o los pequeños campesinos están ligados al ecosistema como modo de vida.

 

Cargill en México: simiente de la crisis del maíz

Informes de la asociación estadounidense Agribusiness Accountability Initiative, encargada de revisar la situación de los agronegocios en el ámbito internacional, indican que el mercado mundial se ha caracterizado por estar dominado por 13 empresas trasnacionales.

Erika Ramírez / Revista Contralínea

CARGILL PROTESTAEntre los grandes corporativos destaca la presencia de Cargill en la mercantilización de fertilizantes y granos, además de mencionar a Monsanto, Bayer, Syngenta y Dupont, Yara, Nestlé, Unilever, Kraft, Archer Daniels-Midland (ADM), Bunge, Wal-Mart, Metro y Carrefour, en diversas actividades de comercialización.

Álvaro Salgado, representante del Centro Nacional de Misiones Indígenas (Cenami), hizo un balance de lo que ha significado la presencia de Cargill en México. Asegura que la trasnacional acapara el mercado mexicano.

“Cargill es una multinacional con un capital poderoso que sustituye el trabajo que desempeñó  la Conasupo. Se dedica al abasto y al acopio de granos básicos y controla el 70 por ciento del país. Se ha convertido en un coyote trasnacional”, denunció.

Por su parte Silvia Ribeiro, investigadora y responsable de programas del Grupo ETC (Action Group on Erosion, Technology and Concentration, consultor de la Organización de  Alimento y Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas), explica que Cargill, ADM y Bunge controlan casi el 80 por ciento del comercio mundial de granos básicos, alimento principal de la población.

“En el mundo, ADM tiene el 30 por ciento del mercado norteamericano, pero Cargill avanza sobre el sudamericano y latinoamericano. Ya en México, esta última es una de las principales empresas que junto con Maseca, Minsa, Bachoco, Pilgrims, han acaparado al sector agroalimentario”, dice la especialista de la organización internacional.

Y es que luego de que durante el gobierno de Ernesto Zedillo se decidiera liquidar a la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), Cargill ocupa su lugar como “regulador de mercado”, expone Silvia Ribeiro.

La crisis

Vicente Fox cerró su administración con la entrega de subsidios millonarios a la multinacional Cargill, para que la comercializadora sacara del país miles de toneladas de maíz. Meses después, la economía nacional enfrentó una crisis por el desabasto del grano.

MAIZ RUINACargill, empresa líder en la comercialización de alimentos, recibió subsidios del gobierno federal por casi 14 millones de pesos para la exportación de maíz blanco de Sinaloa, previa crisis al desabasto en México.

Representantes de organizaciones campesinas e investigadores aseguran que la entrega de apoyos millonarios a la compañía de origen estadounidense y con una filial en México , fue una desafortunada muestra más del neoliberalismo con el que gobiernó la administración panista en nuestro país.

Datos entregados mediante la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, revelan que la Secretaría de Agricultura, a través de su órgano desconcentrado Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca), favoreció a la multinacional con 13 millones 920 mil 289 pesos.

Posteriormente, cuando apenas comenzaba 2007, el precio de la tortilla aumentó de un promedio de seis pesos a 11 y hasta 18 pesos en algunas zonas del país, como Tijuana, según documentó la Procuraduría Federal del Consumidor.

El incremento en el precio del maíz fue el resultado de múltiples factores: el alza en la demanda del grano en Estados Unidos para producir etanol, y el control y especulación de precios que ejercen trasnacionales de la talla de Maseca y Cargill.

Ana de Ita, investigadora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (CECCAM), dice que “la crisis de la tortilla” fue una expresión de lo que es la política neoliberal en el mercado sobre un producto básico para la alimentación de la gran población de México.

“Esto marca un cambio en el modelo agrícola del mundo y va a traer variaciones estructurales que no están contempladas” en países como México.

Cargill: “el maíz de sus tortillas”

Cargill nunca pierde en México. Cuando el precio de la tortilla sube hasta las nubes, gana. Si se importa maíz de Estados Unidos, se beneficia. Si, por el contrario, el cereal se exporta a otras naciones, recibe subvenciones. Cuando se licita el uso, aprovechamiento y explotación de terminales granaderos en puertos, se queda con ellas.

Luis Hernández Navarro

CARGILL PARAGUAYCargill, fundada hace 140 años, es la segunda empresa privada más grande del mundo. Trabajan para ella 149 mil empleados en 72 países. La revista Fortune la ubica en el lugar 20 de las compañías más importantes del planeta. Se dedica a la compra, procesamiento y distribución de granos y otros productos agropecuarios. Se describe a sí misma en un folleto publicitario como “la harina en su pan, el trigo en sus tallarines, la sal en sus frituras. Somos el maíz de sus tortillas, el chocolate de su postre, el edulcorante de su gaseosa. Somos el aceite de su aderezo y la carne, cerdo o pollo que usted come en la cena. Somos el algodón de su ropa, la terminación de su alfombra y el fertilizante de su campo.”

La trasnacional comenzó a tener presencia en México hace más de 80 años, cuando incursionó en operaciones forestales en el noreste. Dos décadas después recuperó sus actividades, ahora en el área agrícola. En 1972 inauguró su primera oficina en territorio nacional con seis empleados. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) primero, y la desaparición de Conasupo abrieron enormes huecos en el mercado nacional de granos que fueron ocupados por el gigante. Desde entonces, su presencia en la agroindustria mexicana es imparable.

El TLCAN establece que las importaciones de maíz estadunidense pueden requerir sujetarse a cupos establecidos cada año que, de rebasarse, deben pagar un arancel. Sin embargo, el gobierno mexicano eliminó unilateralmente esta protección, permitiendo el ingreso de mayores volúmenes de grano sin pago. Tan sólo entre 1994 y 2001, las importaciones fuera de cuota ascendieron a casi 13 millones de toneladas. Las grandes agroindustrias como Cargill y ADM vendieron la mayoría del maíz que México compró en Estados Unidos, beneficiándose enormemente de la importación del cereal sin pagar arancel. De paso, se beneficiaron del subsidio oculto presente en los créditos a la exportación que Washington otorga. Ana de Ita ha documentado ampliamente estas prácticas.

Los recursos destinados a los programas de pignoración, almacenaje, maniobras, flete y cabotaje para que la cosecha de maíz de Sinaloa (la más importante del país) sea trasladada a lugares remotos, así como para permitir su entrada al mercado de manera escalonada en el tiempo, han sido generosamente otorgados a Cargill. Cuando, como sucedió durante 2006, la trasnacional exporta cientos de miles de toneladas del cereal a otros países, el gobierno mexicano subvenciona el negocio.

Los productores comerciales de maíz blanco en nuestro país reciben por su producto un precio acordado con el gobierno llamado precio objetivo. Este es mayor al establecido en el mercado internacional más los costos de fletes y almacenajes desde la referencia de Nueva Orleáns hasta el punto de consumo en México (conocido como precio de indiferencia). Esta diferencia entre precio objetivo y precio de indiferencia puede fluctuar entre 450 y 500 pesos la tonelada, que paga el gobierno y no las empresas comercializadoras del grano, las cuales sólo desembolsan el precio de indiferencia. Cargill, como una de las más importantes acopiadoras del cereal, obtiene así, de manera indirecta, un importante subsidio.

CARGIL SILOEn 2002 la Comisión Federal de Competencia autorizó a Cargill el uso, aprovechamiento y explotación de una instalación portuaria especializada en Guaymas, Sonora, junto con el Grupo Contri, cuya actividad preponderante son silos para el acopio, conservación, mantenimiento, almacenamiento y comercialización de toda clase de granos, principalmente trigo, maíz y sorgo. El gigante controla, además, el puerto de Veracruz, entrada principal de las importaciones graneleras.

Cargill tuvo un pequeño percance en tierras mexicanas, cuando en 2001 el Congreso aprobó un impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) a la fructosa (esdulcorante elaborado a partir del maíz). La trasnacional importaba cerca de 385 mil toneladas anuales del producto. El asunto se zanjó en tribunales comerciales internacionales. México perdió el pleito.

Señalada como una de las principales responsables del alza al precio de la tortilla, compró y almacenó 600 mil toneladas de maíz de Sinaloa a mil 650 pesos la tonelada, que meses después vendió en 3 mil 500 pesos. Ahora, con la liberación de los cupos de importación del cereal, para supuestamente bajar los precios, obtendrá un nuevo beneficio. Según Lorenzo Mejía, presidente de la Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillerías, “los molinos no podremos importar y buscaremos los servicios de Cargill”.

La empresa ha rechazado las acusaciones y ante la ola de indignación, negó ser “el maíz de sus tortillas”. “Cargill ­expuso en un comunicado­ comparte con los consumidores, los industriales de la masa y la tortilla, así como con la industria pecuaria, su preocupación por el alto precio que el maíz ha alcanzado en las últimas fechas.” Responsabilizó del incremento al libre mercado y aseguró que la adquisición del grano mexicano por parte de porcicultores nacionales originó presiones al alza.

La experiencia mexicana con Cargill da la razón a las declaraciones de Felipe Calderón en Davos. En las pasadas elecciones del 2 de julio en México ganó el libre mercado. Triunfó un modelo que permite la especulación con el principal alimento de la dieta popular, que orienta los subsidios públicos a las ganancias privadas, que auspicia prácticas monopólicas, que destruye la economía campesina. Resultó victorioso un modelo que hace de la devastación y el lucro su razón de ser.

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