Sermones selectos: En mi ser

¿Es posible para el ser humano vivir con fe, esperanza, amor, prudencia, justicia, fortaleza y templanza? Hace muchos años yo respondía a esta pregunta con una palabra sencilla: No.

Hombre y fe (Forum Libertas)

Ricardo Jiménez Reyna*

Siempre consideré que el ser humano estaba incapacitado para vivir de forma virtuosa porque su naturaleza era perversa, malvada y malévola; por lo tanto, una creatura así solo podría actuar de forma perversa, malévola y malvada.

Sin embargo, cuando comencé a estudiar a fondo La Biblia me encontré con este pasaje:

«Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

Porque muy cerca de ti está este mandamiento, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas».

Este texto aparece en el libro titulado Deuteronomio, el quinto libro del pentateuco, sobra comentar que cuando lo leí, me sorprendió porque siempre consideré que el ser humano era malo por naturaleza; sin embargo, aquí dice todo lo contrario: El ser humano es capaz de vivir de forma virtuosa porque su propio ser está diseñado para la práctica del bien, de la bondad, de la benevolencia y de la benignidad.

Mario Benedetti, un hombre -lo menos- bondadoso (Foto: Zenda).

Si partimos del principio de que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve y, si establecemos que esta virtud está en nuestro ser; entonces se puede afirmar que el ser humano practica la fe de manera natural porque la fe es de naturaleza humana. De igual forma, la esperanza y el amor son virtudes esenciales del humano lo cual significa que cada uno de nosotros somos capaces de practicarlas sin necesidad de aprenderlas.

Asimismo, la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, como virtudes esenciales del ser humano, pueden practicarse de manera natural porque

todos y cada uno de los seres humanos estamos facultados para practicarlas sin excusa alguna.

Ahora bien, si analizamos bien el texto bíblico podemos establecer una relación muy racional entre el acto creador de Dios y la creatura que este Dios creó, esto es: si Dios no creo al ser humano con la capacidad de practicar las virtudes de manera natural, entonces este Dios no debe ser el Dios verdadero porque exigir que su creación cumpla con leyes que son ajenas a su naturaleza, entonces ese Dios se vuelve injusto y si es injusto, entonces no es Dios porque un atributo de Dios es la justicia, esto es: da a cada uno lo que merece, lo que ocupa, lo que necesita para vivir conforme a sus leyes morales y divinas.

Por lo tanto, ningún ser humano normal puede excusarse de que no puede practicar el bien porque su ser es bueno por naturaleza y, no solo eso, también su ser busca el bien porque la inclinación natural del humano es hacia el bien y siempre escoge el bien y lo bueno o, por lo menos, lo más correcto y lo más conveniente no solo en lo individual sino también en lo colectivo.

Un ejemplo de lo anterior es este: si a una persona normal la colocamos frente a dos canastos, uno lleno de frutas podridas y otro con solo algunas frutas frescas y le pedimos que escoja alguna para comer su contenido, normalmente esta persona escogerá el canasto con algunas frutas frescas.

La ambivalencia humana (Imagen: Bioguía).

Si bien la maldad es una realidad humana, esto no significa que la maldad sea una verdad humana, puede ser una realidad, pero esta realidad es falsa porque en el ser de toda persona humana existe el bien y puede hacer lo bueno, lo correcto, lo apropiado y lo mejor no sólo para sí mismo sino también para sus semejantes. De ahí que surja una pregunta: Si todo lo anterior es verdad, entonces ¿por qué el ser humano practica lo malo, la maldad, lo malévolo, lo incorrecto y lo inapropiado? La respuesta es sencilla: Porque el ser humano ha elegido libre y voluntariamente ignorar su propia naturaleza y también, como un acto de su libre albedrío ha decidido acallar la voz de su conciencia.

A lo anterior se le reconoce teológicamente como pecado, como enemistad con Dios y por ende enemistad con la propia naturaleza humana. Evidencias de todo lo anterior son las siguientes:

1) El ser humano no ocupa aprender hacer lo bueno, sino lo malo.

2) El ser humano sufre tanto física, moral, espiritual y emocionalmente practicando lo malo, pero se complace en hacer lo bueno, lo justo, lo correcto y lo necesario para que él y sus semejantes sean felices y estén bien.

3) El ser humano, en lo más profundo de su ser y su consciencia es sabedor que, al negarse a hacer lo bueno, él mismo está atentando contra su propia naturaleza y por ello es infeliz.

Es por ello que hoy te invito a que reflexiones toda esta semana que inicia en lo siguiente: ¿Qué es mejor para ti: hacer lo bueno, lo correcto, lo justo y lo equitativo y ser feliz porque tomaste la mejor decisión o, dejar de hacer lo que verdaderamente es lo mejor, lo bueno, lo correcto, lo justo y lo equitativo y ser una persona infeliz el resto de tu vida? Es por ello que te invito a que escuches tu voz interior que, al final de cuentas, también es la voz de Dios.

 

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.

 

Ensenada, B.C., México, miércoles 3 de marzo del 2021.