MUSA VERDE: Es tiempo de que vivamos por el agua

El siglo XXI no ha sido lo que quienes llegamos de la época anterior soñamos. Ni las guerras se han acabado, ni el cáncer ni el hambre han desaparecido. La desigualdad económica crece, una pandemia con mutantes nos azota y la contaminación de tierras y aguas continúa.

 

Foto: EcoSiglos.

 

Horacio de la Cueva / 4 Vientos

No olvidemos que la liberación de CO2 (dióxido de carbono) a la atmósfera por la quema continua de combustibles fósiles desde el inicio de la Revolución Industrial, es la causa de que los patrones de circulación de corrientes oceánicas y el clima cambien.

Una consecuencia directa y observable del cambio climático es la distribución y disponibilidad del agua dulce, elemento esencial para la vida terrestre, necesidad y derecho humano que requiere protección y defensa.

El agua potable embotellada se ha vuelto un negocio de alcance transnacional. Es ya un producto con mercados bien estructurados cuyo valor agregado es un envase de plástico y una campaña publicitaria. En muchos lugares sin agua potable. el agua embotellada puede ser la única fuente disponible a costa de una economía familiar magra. El acceso al agua como derecho, no como producto, merece discusión y defensa de lo local a lo global.

A medida que aumenta la temperatura del planeta los hielos del círculo polar ártico y los glaciares en los continentes y la Antártida se derriten y sus hábitats desaparecen. Ya hemos visto cómo los osos polares están perdiendo sus zonas de alimentación y reproducción.

La desaparición de la nieve del suelo reduce el reflejo de la Luz solar, calentando el suelo, que derrite más nieve y libera metano del permafrost, el suelo congelado permanentemente.

 

Alaska en deshielo (Pixabay).

Para el comercio marino se abre la ruta transpolar y los costos de transporte bajan, también baja la presión sobre el canal de Panamá, pero también afectará la economía de muchos puertos. La excusa perfecta para deshacernos del transporte transítsmico en México, con grandes consecuencias negativas para los ecosistemas de costa a costa.

La disminución de los hielos quiere decir que el volumen del agua en los océanos está aumentado. Las tierras bajas de todo el mundo se inundarán. No sólo en tierras lejanas cómo Bangladesh, Los Países Bajos, o las islas del Indo-Pacífico; también se inundará la cuenca baja del río Grijalva y todas las ciudades costeras de México.

Eso representa malas noticias para la industria turística, los puertos, los pescadores y las familias de bajos ingresos que viven en las zonas más vulnerables, además de las aves playeras, la fauna y vegetación de las marismas.

En el Norte de México sólo podemos esperar que la escasez de agua se agudice en los próximos 30 años a medida que los desiertos aumenten su tamaño y la región se vuelva más árida por la falta de lluvias. Será necesario que las comunidades y los diferentes niveles de gobierno planeen e implementen más medidas de ahorro y uso efectivo del agua.

Ya empezamos a ver transformación en la agricultura a riego de goteo e invernaderos, pero la ganadería extensiva sigue contaminando manantiales, pozos y acuíferos. Habremos de reconstruir la infraestructura urbana del agua en toda la república para minimizar su desperdicio por fugas.

 

Foto: Red de Intercambio de Conocimiento Agroalimentario.

En las regiones costeras donde falte agua dulce se deben considerar las tecnologías de desalinización, minimizando sus impactos ambientales, para proveer de agua a servicios esenciales.

Igualmente, el agua será una fuente de conflicto e inmigración. Ya en la frontera México-Estados Unidos negociamos las aguas provenientes de los ríos Bravo y Colorado para su uso en ambos lados de la frontera de acuerdo con tratados que debemos considerar si vale la pena renegociar. Estas mismas confrontaciones se dan ya en otros ríos compartidos entre países como el Nilo y el Amazonas.

Las migraciones del África a Europa y de Centroamérica a los Estados Unidos que llenan nuestras noticas, son causadas por la desigualdad causada por regímenes autoritarios, mala distribución de recursos, incluyendo el agua, y la falta de oportunidades.

Finalmente, las migraciones climáticas crecerán sin políticas y acciones a favor del buen uso del agua y el control del cambio climático.

La historia nos ha enseñado que en el pasado las sequías fueron causas de migración; por eso es tiempo de que vivamos por el agua.

 

Pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdéz, y del secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa. ¡Viva la Comisión de la Verdad! Que beba Mexicali, dejemos a Constellation sin agua. ¡No a la energía nuclear en México!