SALTO CUÁNTICO: ¿De quién es la culpa?

“Jamás ganarás con violencia. Solo ganas cuando mantengas tu dignidad.”

Maershala Ali

Desde que tengo memoria política, siempre he sido de izquierda, no se cómo pasó, ni porqué. 

Mi formación, conciencia social y la firme convicción de poder alcanzar un estatus social más justo, me ha perseguido como una especie de sueño inalcanzable. Al igual que muchos, en mi juventud, de manera activa, apoyé proyectos democráticos, fui a las plazas públicas, hice teatro popular itinerante con contenidos encaminados hacia el logro de un pensamiento colectivo de emancipación. No obstante, y pese haber influido en la memoria colectiva de muchas personas, siempre quedaba la incertidumbre de no estar haciendo lo suficiente. La utopía de un sistema social democrático, donde el respeto a las ideas, a la diversidad, a las distintas culturas, se convirtió con el paso de los años, en una utopía mayor. Los breves triunfos de luchadores sociales en escaños del Congreso, o algún otro puesto de elección popular, casi siempre terminaron en ser absorbidos por un sistema despiadado que sabe cómo comprar los ideales.

José Luis Treviño Flores / 4 Vientos

La desconfianza en el sistema, tiene, paradójicamente, ese objetivo. Cuando la ciudadanía no tiene asideros en imaginarios de justicia social, es más sencillo dilapidar los ánimos de democratización, los partidos políticos se convierten en plataformas burocráticas, con objetivos de declaración de guerra hacia otros partidos. Uno se declara bueno y sataniza al otro como malo. La oferta y la demanda por alcanzar el poder es más importante que el servir a una causa, que, seguirá siendo una utopía y las utopías, venden, pero no se alcanzan

Norbert Lechner, en su estudio “La democracia entre la utopía y el realismo”, menciona: “Todo orden colectivo descansa sobre un principio a priori o mito fundador por el cual un grupo social se constituye como comunidad. Esta utopía que se hace la comunidad de sí misma se despliega a través de distintas formulaciones históricas. Una de ellas es la democracia: la comunidad de ciudadanos. Su significado no está fijado de una vez para siempre. Las utopías son construcciones históricas, cuya vigencia depende de su reproducción en el tiempo. Este proceso de reproducción se encuentra en entredicho. Cierta idea de comunidad se está agotando a la vez que se inicia la búsqueda de una nueva concepción de la comunidad de ciudadanos (Lechner, 1991).”

MORENA, el partido fundado por el ahora presidente de la republica Andrés Manuel López Obrador, está perdiendo su vigencia histórica, y no por su plataforma política en sí, ni por su origen, sino por los actores encargados de su operatividad, en un momento histórico sin precedentes para México. Los ciudadanos, ya no saben a dónde dirigir sus esperanzas de democracia, otrora vendida, por el mismo partido. Un grave error, fue considerar al entonces candidato presidencial, en una especie salvador todopoderoso. Aunque su discurso fue y sigue siendo integrador y propositivo, el caudillismo arraigado hasta el alma de la mayoría de los mexicanos, impide entender, que la reconstrucción de un país, no recae en un solo hombre.

 

Obtener beneficios al vapor y momentáneos, es una cultura promovida por décadas, la visión a futuro, es algo que nunca había formado parte en los trayectos formativos de los mexicanos. Esa idea de comunidad y colectividad efectivamente se está agotando y lo curioso, es que la ciudadanía no está buscando una nueva concepción, está regresando a sus antiguos verdugos, que tanto trabajo le costó sacudírselos de encima, ¿Por qué?

Lechner también nos dice: “Una de las características de nuestra época es la rapidez con que las experiencias del pasado se vuelven obsoletas e inútiles para enfrentar los retos del presente. Este desgaste acelerado también consume a los imaginarios colectivos y, en concreto, la imagen de la política. Junto con la disolución de nuestra imagen familiar coexiste un proceso de renovación, proceso necesariamente lento y confuso que todavía no cristaliza en una imagen nueva.” (…)

El pasado histórico, dilapidado por el régimen neoliberal hasta casi diluirlo en una leyenda obsoleta, dejó de ser un referente para imaginarios más elevados, aquellos que escuchan al ahora presidente, rescatar y mencionar pasajes históricos, muchos de ellos, responsables de nuestra actual realidad, quedan como anécdotas insustanciales en el ánimo colectivo. La tesonería de Andrés Manuel, es sacada de contexto cotidianamente. Esa confusión, entre lo que se tenía y lo que se pretende tener, tiene el mayor de los obstáculos, el largo plazo. Fue demasiado el saqueo y la miseria, para tan demasiado tiempo de espera. Los perseguidores de cotos de poder, lo saben, como también sabían, que el hartazgo tiene límites. Ese mismo hartazgo que llevó a los mexicanos a votar en contra del régimen neoliberal, lo está llevando a un regreso peligroso, del cual, difícilmente saldrá. Un claro ejemplo, son las recientes elecciones en Coahuila y el Estado de Hidalgo, donde el PRI, volvió a ocupar puestos de elección popular.

El gobierno de AMLO, traía consigo el caballo de Troya, las huestes están saliendo de su panza al interior de su gobierno, y por fuera, lo están sitiando. El objetivo es claro, dejarlo solo, como solo persiguió su imaginario superior, que logró sembrar en otro imaginario deseoso de justicia y emancipación, pero nunca cosechado. Es demasiado sueño, para tan pocos unicornios. Él ya lo dijo, lo logre o no, ya sea en la consulta de revocación de mandato, o finalizando su sexenio con un congreso opositor, llevado al poder en el 2021, por ese pueblo “bueno y sabio”, que no supo o no quiso esperar a la transformación, se va a su finca “La Chingada”.

Triste, muy triste sería ver tal retroceso.

 Mi querida amiga Olga, me dijo recién había ganado las elecciones Andrés Manuel, -Tanto tiempo añorando ver un cambio, pensé que nos íbamos a morir sin verlo-. –Así es amiga, hemos transitado mucho con la esperanza de ver a México alcanzar la democracia-.

Yo no tengo finca, tampoco fuerzas, estoy muy cansado de soñar, duele mucho ver a mis compatriotas, elegir de nuevo su desgracia, así que me voy a mis letras, donde siempre soy bien recibido y me dejan construir utopías. De una cosa estoy seguro, moriré algún día, pero con la dignidad intacta.

“La dignidad del individuo consiste en no ser reducido al vasallaje por la largueza de otros.”
Antoine de Saint-Exupery

Imagen de portada: Andrés Manuel López Obrador, bajo una lluvia torrencial, sin interrumpir su discurso y sin que la gente se fuera a protegerse del aguacero, durante un mítin en los años en que empezaba a construir Morena. Un líder forjado en la adversidad y en la terca voluntad de transformar al país. Foto: internet