Baja California, ¿patio tra(ga)sero de Sempra?

Sempra Energy surgió en 1998, en el contexto de la desregulación del sector eléctrico en California, con la fusión de las compañías Southern California Gas, de Los Ángeles, y Enova Corporation, de San Diego. Actualmente es una de las principales empresas suministradoras de gas y electricidad en Estados Unidos y cuenta con operaciones en México, Chile y Perú. En la región sur de California, es la empresa encargada de los servicios público y privado de electricidad.

Iván Martínez Zazueta* / A los 4 Vientos

Durante la crisis energética de California en 2001, Sempra fue señalada como responsable, junto con Enron, de manipular el mercado eléctrico con la finalidad de obtener ganancias récord, lo que provocó apagones masivos y el quiebre de varias empresas suministradoras. Por éste y otros fraudes (como el de desviar el gas natural de sus plantas en San Diego a Mexicali para elevar el precio del energético) ha recibido multas millonarias en su país, aunque han sido insignificantes comparadas con sus ganancias. En México ha sido señalada por participar en actos de corrupción y de tráfico de influencias en los que se involucra el ex-gobernador Eugenio Elorduy.

Sempra fue la primera empresa extranjera en distribuir gas natural en territorio mexicano, con la red EcoGas de Mexicali, y una de las primeras en generar electricidad. A partir de la crisis de 2001 comenzó a emplazar a territorio bajacaliforniano diversos proyectos de producción y transporte de energía con la finalidad central de abastecer el mercado californiano.

Desde entonces ha construido cuatro gasoductos, ahora articulados en un solo sistema bidireccional que enlaza a los cinco municipios del estado y cuenta con dos interconexiones con California (en Otay y Algodones); una planta termoeléctrica de ciclo combinado en Mexicali y un parque eólico en La Rumorosa (Energía Sierra Juárez), ambos para exportar electricidad al norte de la línea fronteriza; un parque fotovoltaico (Rumorosa Solar) para abastecer el mercado local; y una planta regasificadora en Ensenada, llamada Energía Costa Azul (ECA), con la que recibe buques de gas natural licuado (GNL) desde Asia (ver mapa).

Mediante este arreglo de infraestructuras, la transnacional estadounidense puede importar gas natural desde la Cuenca del Pacífico, distribuirlo en Baja California y exportarlo a Estados Unidos a través de las interconexiones con los condados de San Diego e Imperial. Asimismo, puede importar gas desde Texas y otras cuencas gaseras en Estados Unidos, para distribuirlo en Baja California y, mediante ambos flujos, generar electricidad para su exportación a California, o para alimentar a grandes usuarios industriales locales, entre ellos, el resto de plantas termoeléctricas que suministran al mercado regional y al estadounidense.

Sus dos más recientes proyectos energéticos planeados para instalarse en Baja California son una terminal marítima para recibir, almacenar y distribuir gasolina y diésel, que ya tiene comprometido el suministro con la transnacional estadounidense Chevron, mediante la cual dicha petrolera pretende alimentar a sus estaciones de servicio distribuidas en todo el estado (actualmente venden gasolina comprada a Pemex). Esta es una de las consecuencias directas de la Reforma Energética de Peña Nieto, que abrió al capital privado la generación, transporte y distribución final de hidrocarburos.

El segundo proyecto es la ampliación de la regasificadora ECA para añadir la capacidad de licuefacción, es decir, en lugar de importar buques de GNL y transformarlos a estado gaseoso, ahora podrá recibir gas natural proveniente de Estados Unidos (incluyendo las cuencas de fracking ubicadas en Texas), convertirlo a estado líquido (enfriándolo a -162°C) y exportarlo en buques a los países del Pacífico. Es decir, de concretarse este proyecto, Sempra convertirá a Baja California en una plataforma de exportación e importación de gas natural entre Estados Unidos y el Pacífico, o dicho de otra forma, como una “servidumbre de paso” de gas entre ambos espacios.

Mediante estos proyectos, la transnacional podrá cambiar a conveniencia el sentido de los flujos de sus gasoductos: cuando le sea más barato comprar el energético en Texas podrá transportarlo hasta Ensenada y utilizar su planta de licuefacción para exportarlo al Pacífico; cuando le sea más rentable adquirirlo en un país de la Cuenca del Pacífico como Indonesia, Rusia u otros, podrá recibirlo en su planta de regasificación y después transportarlo por territorio bajacaliforniano y exportarlo a Estados Unidos.

Este es el proyecto que el Ayuntamiento de Ensenada pretende someter a “consulta vecinal” el próximo domingo 18 de octubre mediante una improvisada convocatoria, que más bien parece una campaña de legitimación social, totalmente parcial y engañosa. De aprobarse, la trasnacional promete inversiones (400 mdp) en obras públicas que le corresponden al gobierno municipal (y que han sido promesa de campaña de varios ex-ediles). En los videos promocionales se exaltan el conjunto de 24 proyectos de “infraestructura vial, social, deportiva y en el reforzamiento y modernización de Seguridad Pública” que se concretarán si se acepta el proyecto (aunque al parecer sólo se aprobará uno, el más votado, pero los videos hacen parecer que serán todos), sin embargo, no aporta información adicional sobre la ampliación de la planta, ni sobre sus impactos y riesgos, para que la ciudadanía conozca en qué consiste lo que están votando.

Por listar sólo algunas de sus implicaciones: este tipo de instalaciones son consideradas tecnología de alto riesgo y representan una importante amenaza en términos de seguridad nacional (es uno de los motivos centrales por el que no se puede instalar en San Diego, ya que, según un informe del congreso estadounidense, pueden ser objetivo de ataques terroristas);  tienen potenciales daños en materia ambiental y afectaciones a los ecosistemas marinos (al vertir al mar agua residual a muy bajas temperaturas); puede afectar las actividades pesqueras, turísticas y recreativas, así como el proceso reproductivo de las ballenas grises, debido a la circulación cotidiana de buques; generan ruido, contaminación visual y afectan el paisaje costero; incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero y con ello, los fenómenos de sequía e incendios forestales, como lo han denunciado científicos del CICESE; y finalmente, vulneran la soberanía nacional al ceder a empresas extranjeras una parte de los litorales mexicanos y al convertir a Baja California en una mera tubería de paso.

Por si fuera poco, con estos proyectos Sempra incurre en prácticas monopólicas, violando lo estipulado en el artículo 28 de la Constitución mexicana, ya que controla el transporte y distribución final de gas natural, así como la generación eléctrica con base a este combustible. En el año 2000, como requisito para la aprobación del Gasoducto BajaNorte, se comprometió ante la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) a vender las operaciones del sistema de distribución de gas natural EcoGas en Mexicali, sin embargo, según afirma en su informe anual 2019, hasta la fecha (19 años después) “no ha logrado encontrar a un comprador de dichos activos”. Parece que no tiene prisa en venderlo.

La argumentación del Ayuntamiento, de Sempra y de las cámaras empresariales locales para impulsar el nuevo proyecto es que será “la inversión más grande en la historia de Baja California”, que generará una gran derrama económica y miles empleos (cuando en realidad son empleos temporales, ya que su plantilla laboral es mínima). Es el mismo argumento aplicado a la instalación de la planta cervecera de Constellation Brands en Mexicali, proyecto que también fue objeto de una consulta pública cuyo resultado fue un aplastante rechazo de la ciudadanía hacia la transnacional. Al ver lo precipitado de la consulta en Ensenada (se anunció apenas el lunes 12 de octubre, 6 días antes de su realización) y la fuerte campaña de lavado de imagen del proyecto, nos preguntamos: ¿será que no se quieren arriesgar a que le pase lo mismo que a la cervecera?

 

*Posgrado en Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México. Autor del blog Geografía Septentrional (geografiaseptentrional.wordpress.com)