Si crispan más los ánimos, gana la derecha fascistoide

A una querida amiga que firmó un desplegado

Hace cosa de 15 años estuve en Venezuela. En esos días la Sociedad Interamericana de Prensa u otra de nombre parecido, declaró que en Venezuela estaba desapareciendo la libertad de prensa. Entre otras cosas, la visita me sirvió para ver hasta que punto era cierta esa acusación.

Joaquín Bohigas Bosh / 4 Vientos

Para mi sorpresa, eran escasísimos los medios favorables al chavismo. La abrumadora (debería decir apabullante) mayoría de la prensa escrita y televisiva en Caracas y otras dos ciudades que visité, estaba rabiosamente en contra de ese gobierno y las notas que leí frecuentemente eran muy insultantes.

Lo curioso es que los opositores a Chávez insistían, acaloradamente y contra toda evidencia, que en Venezuela no había libertad de expresión.

Desistí volver a hablar del tema cuando la dueña de un expendio de periódicos me empezó a insultar cuando le señalé que en todos los periódicos que vendía (20 o más de todo el país) no había encontrado un artículo a favor de Chávez, que todos eran rabiosa e insultantemente en contra de su gobierno, y que, dadas las evidencias, era más que obvio que en Venezuela había un envidiable ejercicio de la libertad de prensa y expresión (a diferencia del México de aquellos días). A lo que voy, es que las preocupaciones de esa numerosa fracción de la población venezolana, no estaban realmente relacionadas con la libertad de prensa, sino con un conservadurismo rabioso y, sobre todo, con la antipatía que generaba la pedante, irracional y polarizante personalidad de Chávez.

Hoy en día es muy dudoso alegar, como lo acaban de hacer en un desplegado más de 600 intelectuales, que “la libertad de expresión está bajo asedio en México”. Como en la Venezuela de aquellos días, la mayoría de los periodistas, comentaristas y medios de prensa, radio y televisión más influyentes en México, están franca o veladamente en contra de AMLO y el gobierno que, demagógicamente, se autoproclama como la cuarta transformación. Con cierta razón y algo de exageración, denuncian los peligros inmediatos asociados al lenguaje frecuentemente altanero, populista, ilógico y agresivo del presidente de la república (que puede alegar que hace uso de su libertad de expresión y cuestionar las aspiraciones y prácticas libertarias de connotados miembros de ese grupo).

Los intelectuales terminan apuntando que el mandatario ha despreciado a las mujeres, ignorado reclamos ambientalistas, humillado al poder judicial (¡bien!) y golpeando instituciones científicas (ha hablado mal de ellas, ¿pero golpear?). Pero, como la píldora nació envenenada, no mencionan los grandes logros de esta administración (mil disculpas, pero han habido).

En conclusión, casi no se menciona la libertad de prensa porque las preocupaciones de los 600 intelectuales están realmente relacionadas con la disputa por el poder y la gigantesca animadversión que puede generar la inestable, soberbia, rijosa, crispante personalidad del presidente.

No se puede defender la libertad de expresión y prensa, si no empezamos por defender la verdad.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador irrita a sus adversarios. Foto: internet

Tal como está planteado y escrito, el desplegado es un acto político que no ofrece propuestas positivas, porque en realidad está destinado a disminuir el proyecto de gobierno y crispar aun más los ánimos. Y cuando los ánimos se crispan en exceso, normalmente es la derecha fascistoide la que gana y, esa si, intenta exterminar todas las libertades que no supo ni quiso defender cuando los suyos estaban al mando. Una poderosa razón para que las palabras y los actos de AMLO correspondan con lo que se espera de un presidente que tiene la oportunidad de reconstruir a este dilapidado país.

Joaquín Bohigas Bosh. Físico astrónomo por la UNAM; investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ex director del Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir.