PLUMA DE NEÓFITO: «Los Tocinos», ¿un problema político-cultural?

«La escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino el labrado de su efecto».

John Ruski.

Ricardo Jiménez Reyna / 4 Vientos

Antes de comenzar esta entrega, deseo comentarles lo que siempre digo: durante mi vida he aprendido diferentes lenguajes y diferentes tipos de lecturas de tal suerte que, tras años de observación, análisis, interpretación y reinterpretación de la información, los hechos y las acciones torno al arte y la cultura urbana en Ensenada, Baja California, hoy puedo leer y entender lo siguiente: Cuando un gobierno es indiferente ante las diversas manifestaciones artísticas de su comunidad y, no solo con eso, sino que además no le importa ni la protección, ni el mantenimiento y mucho menos la preservación de dichas manifestaciones; entonces estamos hablando de un gobierno insensible, irresponsable y autoritario.

Muestra de lo anterior es la demolición de la escultura llamada «Las Olas», popularmente conocida como «Los Tocinos»; evento que excede en su totalidad los principios, protocolos y funciones de las autoridades municipales ya que, de manera arbitraria, esta expresión artística y además punto de referencia citadino, fue derribada de manera ilegal por las autoridades municipales ya que el monumento está dentro del inventario patrimonial del municipio y debió cumplirse con todos los protocolos establecidos por la ley correspondiente.

Ignoro si será por falta de experiencia o tal vez por ignorancia, quizás es por negligencia y tal vez, y este tal vez es más acertado, será por prepotencia y altanería, pero de que es por algo es por algo.

Resulta ser que en días pasados aquí en Ensenada, Baja California, el señor Julio César Obregón Angulo, director de Protección Civil del municipio de Ensenada, Baja California, ordenó a sus súbditos que derribaran la escultura conocida como “Los Tocinos” porque, a su ver y a su juicio personal, esta estructura podría ocasionar un accidente y también podía ocasionar lesiones o desenlaces fatales entre los transeúntes que acostumbran visitar el Malecón del Boulevard Costero.

Esto porque a su parecer y a su criterio de alto jefe de la seguridad civil de los ensenadenses, «Las Olas» estaban a punto de colapsar, a punto de caer, a punto de derribarse y podrían atravesar a algún cristiano. y esto porque ninguna autoridad, al menos en los últimos doce años, le dio mantenimiento preventivo, tampoco la restauró y mucho menos la conservó correctamente.

Según «Julio César», haciendo honor a su nombre, sin importarle que dicha escultura formara parte del «Patrimonio Cultural» de Ensenada, dijo: »Tírenla», pero como los siervos de su majestad no podían solos, entonces (como dice la canción infantil) «Fuero a llamar a otro Elefante»; es decir al Director Municipal de Infraestructura, Arquitecto Jaime Figueroa Tentori, a quien le tocó apoyar a su colega y puso a sus trabajadores a derribar tan famosa escultura local y, digo famosa, porque lo era y de hecho lo sigue siendo ya que «Los Tocinos», como se les conoce, es un punto de referencia en esta ciudad.

Lo menos que estos funcionarios debieron hacer era mostrar respeto no solo por el artista que la esculpió, sino también a todos y cada uno de los ciudadanos de este bello municipio, el cual por cierto, es desgraciadamente el séptimo municipio más violento del mundo y, ahora, uno de tantas ciudades que derriba sus esculturas.

El miércoles 19 de agosto del 2020 Alfonso Arámbula escribió; «Personalmente realice las pruebas de exploración del acero de la estructura principal de LOS TOCINOS y el metal de los PTR que sostienen la escultura. Está perfecta, el brillo de los cortes lo demuestran. Hicimos 20 cortes de filete para muestra y en todo el metal se muestra brillante y sin oxidación» (Internet).

Pero esto no es nada. Muchos lugareños pensábamos que había sido una puntada de nuestro buen amigo Alfonso Arámbula Robles (quien por cierto me gustaría mucho que fuera el próximo presidente municipal), comúnmente conocido como “El Yuni”, pero no, no fue puntada de él. Resulta ser que a él le pidieron que hiciera la obra porque ya estaba adjudicada y la constructora, a cargo del ingeniero Fernando Montiel Muñoz, tenía que cumplir con su deber porque todo estaba legalmente licitado.

Así que «El Yuni» se dio a la tarea de construir «Las Olas», proyecto que fue originalmente diseñado para este fin por el arquitecto Julio Salinas, allá por el año 2013; pero la historia no termina aquí. Resulta ser que esta obra costó al erario público más de 60 mil pesos, sí, más de 60 mil, y el propio artista se vio en la necesidad no solo de regalar su mano de obra, sino también cooperar con equipo, material y todo, por amor al arte, por amor a Ensenada, por el simple placer de embellecer las calles de la ciudad.

«Las Olas» quedaron listas, el rumor fue general: «El Yuni» había logrado una vez más exhibir una de sus obras en las calles de la ciudad, esta, se uniría a «El Hombre Ballena», obra escultórica única en el mundo y «Las andanzas de Don Quijote y Sancho Panza», esta última ubicada en «La Esquina de la Democracia».

Quienes conocemos a Alfonso Arámbula Robles sabemos que él es así, que él es dado a hacer cosas así, por lo tanto no nos preocupó que el día de la inauguración de «Las Olas» (obra a la cual el los ensenadenses la bautizaran como «Los Tocinos») él no estuviera presente.

Pero no, esto no fue un esfuerzo personal, fue una obra pagada por las autoridades y «Las Olas» ingresaron al inventario patrimonial de Ensenada; por lo tanto, esta obra quedó registrada con la misma importancia que tienen otras esculturas como son: «Benito Juárez», «Lázaro Cárdenas», «Las Tres Cabezas» y otras más como «El Águila Imperial» qué está en el Centro de Gobierno.

Pero eso no le importó ni al Arquitecto Jaime Figueroa Tentori y mucho menos a Julio César Obregón Angulo, y pues a darle duro hasta que se cayeran «Las Olas» o se frieran «Los Tocinos», violando así todos los protocolos legales como cumplir con los dictámenes de Protección Civil, Las Evaluaciones Estructurales, Estudios de Mecánica de Suelo, Autorización de Cabildo, Autorización del Archivo de la Ciudad; en fin, toda una serie de procesos y procedimientos necesarios para derribar una obra que es propiedad no de una autoridad, sino de un pueblo, de una ciudad, de un municipio.

Así que a estos dos funcionarios públicos municipales les importó un comino todo esto, y como no les gustaba y pensaron que «podría» ocasionar un accidente, pues la tumbaron sin interesarles los procesos, procedimientos, protocolos y demás vericuetos legales abusiva y unilateralmente tomaron la decisión de derribarla.

De igual forma el artista manifestó: «La oxidación severa está en las láminas que de pueden remover y suplir por otro tipo de metal desplegado, material galvanizado para evitar posibles problemas en el futuro» (Internet).

Bueno, creo que sí les importó algo la opinión de Armando Ayala Robles porque días antes nuestra distinguida y elegante presidenta municipal, perdón, perdón (como diría El Chavo «Se me Chispoteó»), nuestro elegante y distinguido presidente municipal, en un recorrido por la zona de Playa Hermosa, manifestó su desagrado por la escultura e hizo el comentario de que «Los Tocinos» tenían que caer y creo, sólo creo, ambos funcionarios municipales tomaron nota y pues hicieron caso a este comentario del primer edil ensenadense.

Pero aquí no termina el asunto, resulta ser que está por ejecutarse el proyecto del embellecimiento de «Playa Hermosa», el cual costará 200 millones de pesos, sí leyó bien, doscientos millones y, al parecer, en este programa están incluidas algunas esculturas y no dudo que Ayala y sus compinches tengan a bien beneficiar a alguna constructora de afiliación bonillista para ejecutarla.

Es más, creo que todo este proyecto será ejecutado por una empresa Tijuanense, tal vez sea Mexicalense, porque los rumores dicen que en Ensenada no se cuenta con alguna empresa con la experiencia para hacerlo y, sin lugar a dudas, dichas empresas contratarán a artistas Tijuanenses o Mexicalenses, si no tal vez de renombre internacional o con arraigo en el vecino estado de California, Estados Unidos.

Pero regresando al tema de «Los Tocinos», esta demolición es, por donde lo quieran ver, un atropello y como tal no dudo que ambos funcionarios estén trabajando a marchas forzadas en falsificar todos los oficios necesarios para justificar su injusta decisión, la cual es solo una muestra de todo un botón de los diversos atropellos y malas decisiones del actual gobierno porque, como dije desde un principio, tal vez esto obedecer a que no tienen experiencia, pero la verdad considero que todo esto no es otra cosa que el reflejo del carácter ético y moral de quienes laboran en el XXIII Ayuntamiento de Ensenada.

¿Qué se puede esperar de funcionarios públicos que están escondidos en el closet por vergüenza a vivir como lo que en verdad son? Unos corruptos, unos negligentes, unos nefastos como lo son todos los miembros de los actuales gobiernos seudo morenistas y seudo Cuarta Transformacioncitas.

Quiero aclarar que eso de «El Closet» es una mera metáfora y no literal, porque definitivamente no puedo poner en tela de juicio la orientación sexual de nuestro presidente municipal y de alguno de sus subalternos, incluyendo a los dos arriba mencionados.

Sin embargo no todo termina aquí, resulta que también está la algarabía política. Esto me recuerda los comentarios de algunos historiadores que evocan los festejos del yerno de «Don Porfirio» en la famosa fiesta de los 42, y también de la celda de «Las J». No, porque en Ensenada nuestros ilustres funcionarios públicos también tengan dichas costumbres, no lo creo, es más, no me consta, pero esta algarabía política me lo está recordando porque Ayala y sus compinches parecen «Gatitos» enfurecidos sacando sus uñitas al momento de defender su huesito, y todo para seguir en el poder.

Al observar los trozos de metal «fileteados» por el artista y que muestran el buen estado de la estructura, una usuaria escribió en la cuenta de Arámbula: «Solo fueron pretextos y mentiras (el retiro de la obra en el bulevar costero), Haber con que salen ahora con estas imágenes que comprueba que estaba estable». El escultor contestó: «Así es amiga», (Internet)

En fin, continuando con «Los Tocinos», los cuales no sé por qué no le gustaron a nuestro presidente municipal si estaban bien erectos, bien sólidos, bien fuertes, como para hacer una fiesta sentados en ellos, solo porque estaban algo desgastados de su base, pero todo era asunto de que le dieran una manita de gato y listo, todo volvía a la normalidad.

Tal vez nuestro primer edil pensó: «Esta escultura -aunque bien erecta- no va a aguantar más y ni con viagra la voy a volver a parar»; así que prefirió dar la orden aunque esto último tampoco me consta, porque no creo que Armando Ayala no tenga el suficiente criterio cultural como para en lugar de derribar una escultura que está en el inventario patrimonial de la ciudad, mejor restaurarla; de ahí deduzco que la orden de demolerla fue unilateral, fue una determinación de solo una persona y de un cómplice, de los señores: Jaime Figueroa Tentori y Julio César Obregón Angulo, porque ¡qué otra explicación podría darse a esto?

Realmente nada costaba resguardar bien la zona y hacer las cosas correctamente; y más ahora que estamos en esta nueva normalidad en la cual existe más control por parte de las autoridades. Aunque claro, también está la posibilidad de que Ayala y estos dos funcionarios municipales junto con uno que otro regidor, citen a conferencia de prensa y presenten pruebas apócrifas de documentos y dictámenes para comprobar que las cosas se hicieron bien, pero no creo que este gobierno sea así, en definitiva, pero a lo mejor estoy en un error y sí son así.

Aunque, y este «aunque» es sumamente áspero, no puedo olvidar que Alfonso Arámbula Robles ha sido uno de los muchos ciudadanos bajacalifornianos que ha manifestado su opinión contra la reelección de nuestros funcionarios sin abandonar su puesto, lo cual les facilita el camino a seguir en el poder.

Asimismo, el artista ensenadense también es un destacado antibonillista. Como hombre crítico, sabe que nuestro gobernador no está cumpliendo con los dictámenes y principios fundamentales de la llamada Cuarta Transformación en Baja California.

Antes de redactar este artículo me di a la tarea de investigar si Jaime Bonilla Valdez -o «El Mayordomo»- era el único que tenía perros falderos y lame botas a su lado, pero me di cuenta que no. No, no es el único, también Ayala Robles los tiene y creo que son más bravos estos perritos falderos que los de Bonilla, pese a que algunos trabajan para ambos gobernantes.

De ahí que no dude que dichos esclavos no titubeen en intentar desprestigiar no solo a Arámbula Robles, quien por cierto es el único inocente en todo esto, sino también de culpar a los anteriores munícipes de todo lo malo que existe en Ensenada; pero no, esto no es verdad ya que ellos, sobre todo Ayala Robles y sus «chupa mirtos», son personas de origen Panista y Priista. De ahí que ellos son, fueron y serán tan responsables de que personas como Pelayo Torres e Hirata Chico ocuparan la presidencia municipal porque ellos estaban ahí, formaban y siguen formando parte de la mafia del poder en Ensenada.

El artista en su taller, donde revisó el estado real de su escultura luego de ser retirada por el ayuntamiento de Ensenada (Facebook),

Tal vez usted se preguntará: ¿Por qué tanto escándalo por dos pedazos de fierro oxidado? Bueno, la respuesta es sencilla: Esos dos pedazos de fierro oxidado, como usted creé que eran, no solo eran una obra de arte, sino también un punto de referencia para los ensenadenses como lo son «Las Tres Cabezas», «La Mona en El Cerro del Quequi», «El Quequi», «La Cárcel», «La Aduana», «El Riviera», «El Santuario», «El Cañón de Doña Petra», «La Ruiz», «El Hussong´s », «La Presa», «El Mosquito», «El Bajío», «El Cearte», «El Caracol», «La Bandera» y otros del dominio público. lo cual significa que «Los Tocinos» formaba parte de los usos y costumbres de nosotros, los ensenadenses.

También estaban en nuestra memoria histórica cultural- Además, justamente en el momento en que una obra de arte es rebautizada por un pueblo, ese simple hecho queda por sentada una relación pueblo-arte-artista, y al derribar una obra de arte de esa naturaleza, también se está eliminando un icono cultural de una ciudad, de un pueblo, de una comunidad, de un territorio y esto puede considerarse como un atentado no solo contra el patrimonio cultural de los ensenadenses, sino contra los ensenadenses.

Por todo lo arriba expuesto creo que nuestro gobierno municipal ha mostrado una vez más su insensibilidad y ha puesto de manifiesto su ignorancia, su incompetencia, su ineficacia e ineficiencia ya que determinó derribar una obra de arte antes de rescatarla, antes de restaurarla, antes de renovarla, antes de mantenerla, antes de cuidarla, antes de conservarla, antes de reubicarla.

Prefirió demoler «Las Olas» sin importarle que para nosotros, los que realmente somos de esta ciudad y la queremos, para nosotros, eran y seguirán siendo «Los Tocinos»; sí, dos pedazos de fierro erectos en el Boulevard Costero sobre los cuales se pueden sentar los mismos que ordenaron y colaboraron en derribarlos, estos son: Jaime Figueroa Tentori, Julio César Obregón Angulo y Armando Ayala Robles.

Espero disfruten de estos «Tocinazos», que si bien fueron derribados permanecerán erectos en nuestras mentes ahora que votemos en el 2021.

 

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.