APARADOR: Tatuajes, simbolismo y vida.

Los tatuajes muestran egolatría, reflejan la intención de reafirmar lo que somos y lo que hemos sido ante los ojos de los demás. Presumir lo que nos da sentido con un toque de nostalgia disfrazada de rebeldía.

José Alfonso Jiménez Moreno / A los 4 Vientos

La actual cultura de los tatuajes es muy abierta. Cuando yo era joven y comentaba a mis familiares la idea de tatuarme, no era del todo bien recibida a pesar del valor estético que para mí representaba. Actualmente ésta práctica va desarrollándose en medio de diversas corrientes culturales que hacen que su valor social tenga una enorme diversidad de aristas.

La historia del tatuaje es casi tan vieja como la historia del ser humano, probablemente debido a su valor como simbolismo que refleja la historia de quien los porta. Socialmente se le han atribuido significados y cargas hacia los diferentes grupos sociales, desde elementos míticos, hasta identificación de bandas criminales, rebeldía o sentido estético. En cualquier caso, los tatuajes manifiestan las raíces más profundas de lo que significa ser humano.

Se dice que la etimología del término “tatuaje” viene del polinesio “tátatu”, que significa “marcar”. La etimología dice todo lo que se puede decir sobre ésta práctica y, en su significado, se subraya un elemento determinante en la existencia humana: marcarse.

No, no es una obviedad decir que uno se marca la piel con un tatuaje. Estos dibujos o palabras que nos hacemos con agujas en la piel son una completa intención simbólica. El sentido estético es propio sólo de lo humano, y cualquier tipo de arte se debe a la esencia simbólica que fundamenta nuestro entendimiento del mundo y de nosotros mismos. En la vida vamos dando cargas simbólicas a lo que nos rodea: al tipo de ropa que usamos, los muebles que nos gustan y la música que disfrutamos, por mencionar algunas cosas. Todos los días, en lo cotidiano, nos rodean marcas de lo que hemos sido. Una canción nos devuelve a aquél periodo de nuestra vida que nos marcó, un aroma nos recuerda a una persona. Dichas memorias nos hacen resonar el camino recorrido y, en consecuencia, lo que somos al día de hoy.

El sentido simbólico y estético que tenemos nos permite ser seres históricos. Nuestra historia no es un recuento de hechos, sino nuestro sentir en el camino recorrido, los aromas, los sabores, la música…las vivencias. Nuestra historia es como ese conjunto de recuerdos que siempre están presentes, son marcas que nos definen.

Los tatuajes en la piel son reflejo de un sentido estético y su relación con nuestra historia y con nosotros mismos. Aún los tatuajes más absurdos están cargados de simbolismos y de elementos importantes en la vida de quien los lleva. Incluso un tatuaje sin significado aparente puede marcar una historia de vida que llevó a su realización.

Todos tenemos marcas en la vida, tatuajes de nosotros con historia que se mantienen gracias a la posibilidad simbólica que nos distingue de otras especies. Los tatuajes en la piel son una forma explícita de darlos a conocer. La intención más superficial del tatuaje es su valor estético, siempre orientado a mostrar algo (buen gusto, superioridad, pertenencia, amor, religiosidad o cualquier otra cosa). La intención de mostrar lo que somos en la piel representa una manera de mostrar el sentido histórico que nos define.

Por supuesto, no a todos gustan los tatuajes, sobre todo cuando se ve desde el punto de vista estético. Hay quien una vez me decía “a un Ferrari no se le pone estampas”, refiriendo al único valor superficial de poner un adorno al cuerpo (y, claro, al absurdo que representa comparar a un ser histórico con un objeto). Pero los tatuajes son un reflejo de la esencia humana (nos guste usarlos o no). Somos seres históricos y las marcas de nuestro pasado definen nuestro ser presente.

Existen segmentos sociales que no los aceptan, como el clero y doctrinas pertenecientes a distintas religiones; o bien, contextos demasiado formales. Aún la religión y la burocracia están envueltas en el simbolismo de lo humano; aún los religiosos radicales viven en la historia y en el sentido estético. Valorar la intención supresora de los tatuajes puede relacionarse, tal vez, con el rechazo a determinadas prácticas o grupos particulares que lo usan, pero eso puede ser tema de otra ocasión.

Los tatuajes muestran egolatría, reflejan la intención de reafirmar lo que somos y lo que hemos sido ante los ojos de los demás. Presumir lo que nos da sentido con un toque de nostalgia disfrazada de rebeldía. Al final de cuentas, somos el único animal que busca la distinción individual y, se tatúe o no, vive marcado con simbolismos de lo que ha sido y lo que le ha rodeado; el tatuaje es sólo una manera de reflejarlo.

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