SALTO CUÁNTICO: Volver o no volver

“Creo que el pensamiento político emancipador debe conservar una relación positiva y amigable con los grandes procesos revolucionarios de la historia, desde la rebelión de Espartaco hasta hoy. Debemos preservar nuestra relación positiva con todas las grandes experiencias revolucionarias, incluso si concluimos que no tiene ningún sentido repetirlas.

Alain Badiou

 ¿A quién le hacemos caso? Si me preguntan, claro que a la ciencia; pero los líderes políticos, la gran mayoría, hacen caso al mercado.

El regreso al transporte público masivo en España. Foto: Ferroviario, España

José Luis Treviño Flores/ 4 Vientos / Foto principal: Novedades QR

La falta de movilidad social, conlleva a enormes pérdidas económicas. Si no hay poder adquisitivo, no hay consumo. Si no hay consumo, no hay nada. Cada consumidor de cada producto producido por las empresas, permite el flujo de dinero, que, a su vez, genera activos, acciones, las bolsas de valores pueden comprar y vender, también pueden especular, jugar con los precios de las materias primas y dependiendo del consumo directo, el mercadeo existe.

Las necesidades creadas al consumidor, mueven enormes sumas de dinero. Quienes están en la cima de la cadena saben que aquellos pequeños seres asalariados, que compran al menudeo un pan, un pastelillo, una hoja de papel, un lápiz, un desodorante, un pantalón, una pica diente… lo que sea, permite que el mundo de la sociedad de consumo persista y subsista.

Los intermediarios, aquellos empresarios voraces que compran al mayoreo y venden en cien pesos los que les costó cinco pesos, son los que tienen a los otros al borde de la banca rota. No pueden vivir unos sin los otros, pero los que estamos al final de la cadena, curiosamente sí podemos vivir sin los unos y sin los otros. Pongámoslo así, al no haber recursos suficientes para comprar necesidades creadas, por ejemplo, se puede vivir sin una pizza, se puede vivir sin un refresco, sin un pastelito, sin chocolates, sin ropa de marca, sin autos, sin comidas procesadas, sin adornos, gadgets, arrimadijos innecesarios. Pensemos por un momento, que, en realidad, no necesitamos nada superfluo, solo aquello que necesario: comida hecha en casa, agua, vestimenta sencilla pero decente, atención médica. Tenemos la internet para estar conectados con el mundo social, político y económico, aún podemos recibir educación a distancia. No digo que la falta de movilidad no sea frustrante, que no podamos salir con la misma confianza a cubrir las necesidades, a trabajar. Los empleos perdidos generan delincuencia, saqueo y otras prácticas antisociales, pero ¿de quién es la culpa? Sí, hay culpables. Dependiendo del país, los culpables se cuentan por pocos o por muchos. Hay países que tenían ya un avance social envidiable, un sistema de salud universal, educación de calidad, investigación científica y nivel de vida óptimo. En esos países, los empresarios y los políticos, trabajaron juntos para crear una armonía socioeconómica y cultural que no solo permitió ciudadanos decentes y preparados, también disciplinados, por supuesto que pudieron y pueden lidiar con la pandemia del COVID-19 y con la crisis económica que esta arrastró. En esos países de los que escuchamos hablar, no existe un solo ciudadano, que realice el trabajo que sea, obrero, mesero, maestro, electricista, que no tenga acceso a los beneficios humanos básicos y avanzados. ¿Son comunistas? No, viven en socialdemocracias.

Ahora volvamos a nuestra realidad, ¿Por qué en nuestro país no hemos podido llegar a tal grado de evolución? Sencillo, hay culpables. ¿Quiénes? Los empresarios y políticos voraces que aún piensan que la riqueza de un país es solo suya. Esos absurdos saqueadores, son los que están pugnando por declarar semáforos verdes donde no los hay, ¿para qué?, para continuar acumulando ganancias a costa de la muerte y el dolor. Les urge la movilidad porque nunca planificaron un país de todos con todos, por eso están desesperados, porque nunca hubo un proyecto integrador, porque jamás proyectaron justicia social, porque la gente no importa en su ambición desmedida. Están perdiendo horrores de dinero, y aquellas personas, a las que explotaron por décadas, no están en la ecuación, no importaron nunca, así que tampoco importa que mueran en el proceso de reactivación económica, ya han muerto antes de hambre, de otras enfermedades, de tristeza, de abandono, qué importa que mueran de coronavirus si en el proceso van a seguir ganando.

¿Invertir en la mejora social? ¡nunca! Nacer, consumir y morir, lo es todo.

Banca extranjerizada: entre la inutilidad y la voracidad. Imagen: Manuel Galindo / VoltaireNet.org

Ahora que el gobierno federal asumió la imposibilidad de regresar a los estudiantes a las aulas, por el enorme y latente riesgo de crear una movilidad innecesaria e incrementar los contagios, algunos gobiernos estatales en manos de políticos lacayos de los intereses económicos, están planeando abrir las escuelas para que, de una vez por todas, salgan los consumidores. Claro que en una semana o dos, habrá la reactivación anhelada, pero las consecuencias serán devastadoras. Así de asesinos son, y saben que mucha población desesperada va a tomar las calles, los comercios, los restaurantes, los bares. Una vez los estudiantes afuera, habrá que vender lo que se pueda, mientras dure. 

Nadie quiere escuchar a la Organización Mundial de la Salud. Nadie quiere escuchar que no hay inmunidad de rebaño. Nadie quiere escuchar que la creación de una vacuna es difícil y compleja y que va a tardar. Nadie quiere escuchar tampoco que los portadores sanos del virus existen y que lo propagan con ignorada crueldad. Nadie quiere ver la cantidad de muertos en los hospitales, algunos sólo quieren ver sus bolsillos llenos y no compartir nada. Aunque en ello les vaya la quiebra total.

Dividamos las urgencias, los grandes consorcios, son los menos desesperados, ellos siguen produciendo, tienen recursos suficientes para almacenar productos y esperar pacientemente a que pase la pandemia, su urgencia es la misma de todos, pero con la capacidad de soportar el tiempo que sea necesario. Pueden observar con total tranquilidad la lucha por sobrevivir de las empresas intermediarias de sus productos. De no lograrlo, muchas de ellas, serán absorbidas por las que tuvieron mayor aguante, así, unas perecen y otras se alimentan de los restos. Es el tiempo propicio para comprar barato y vender caro. Mientras tanto, las pequeñas empresas se irán perdiendo, de pronto, al pasar la emergencia sanitaria, saldrán de lugares insospechados los nuevos dueños que monopolizarán cada activo económico por pequeño que éste sea. Los antiguos pequeños propietarios se convierten en asalariados de los que pudieron comprar sus negocios en quiebra. La oferta y la demanda del más puro y terrible capitalismo en toda su expresión. Y los consumidores que lograron sobrevivir al COVID-19 seguirán haciendo lo que mejor saben hacer, comprar. 

Entonces, volver o no a las aulas, es determinante para la movilidad económica: Los gobernadores y empresarios lo saben, depende de los padres de familia el permitir o no una mayor mortandad, de propios y extraños.

El regreso a las aulas tras la pandemia (ATV Perú)

También es el momento de recapacitar y poner bajo la lupa a quienes nos representan en el gobierno, quienes están haciendo lo correcto y quienes se están aprovechando de la pandemia para sacar ganancia política y económica. Es sencillo, son transparentes, nada más ver como atacan cada acción encaminada al beneficio social. Son patéticos, absurdos.

México se encuentra en un parteaguas histórico sin precedentes, o caminamos hacia adelante hasta ver completamente desterrado al PRIANISMO, o volvemos a sus ardientes brazos sepulcrales. Cada atraso social y económico se los debemos a ellos y por más que existan buenas intenciones, de no sacudirnos esa plaga, jamás veremos el país que anhelamos.

La libertad es la posesión segura de aquellos que tienen el coraje de defenderla.

Pericles.