REDES DE PODER: Los locos Adams y otros entuertos legislativos

En México la iglesia siempre ha sido una institución polémica. Desde la separación de la iglesia del Estado hecha por el presidente Benito Juárez, las aguas convulsionadas de la república se calmaron después de años de intromisión eclesiástica en las estructuras del estado.

Alfonso Torres Chavez / 4 Vientos / Imagen principal: Damivago en Crónica de Sonora.

Hace unos días hubo una controversia resulta por la Suprema Corte sobre el tema del aborto en el estado de Veracruz que declaro inconstitucionales algunos artículos del código penal de esa entidad federativa.

Como en la época de las catacumbas la iglesia rápidamente condenó la conducta de las mujeres que deciden abortar, pero resulta que los prelados no tienen hijos, ni educan menores, ni están casados, ni tienen relaciones de pareja porque la iglesia les pide que no contraigan matrimonio.

Ello aunque sabemos que en México la iglesia no se ha distinguido precisamente por transmitir mensajes acordes con su estructura, aunque existen sacerdotes realmente comprometidos con su misión pastoral.

Pero aquí estamos hablando de un tema que polemiza a la sociedad: la iglesia condena a las mujeres que abortan, pero no se cuestiona el fondo del asunto.

No se trata de cánones morales, sino de un asunto que compete a otro ámbito: LA VIDA PRIVADA DE LAS PERSONAS.

Mafalda, de Quino.

Solo las parejas, casadas o no, son libres de decidir si tienen hijos, si adoptan, si se casan o si viven juntos por el resto de su vida, aunque en esa relación no haya hijos de por medio.

México es un estado LAICO, aunque esto la iglesia parece no recordarlo, justificando desde luego que gozamos constitucionalmente de la libertad religiosa y que es una garantía constitucionalizada profesar la religión que más nos agrade.

No imagino a Dios en el banquillo de un legislador porque el estado es un mecanismo garante de derechos.

No estamos juzgando aquí la autonomía de las mujeres para decidir sobre su cuerpo. Esto desde luego lo vemos desde la óptica del estado que garantiza el acceso a la salud reproductiva de las personas, desde nuestro texto constitucional.

No se le puede pedir a la iglesia que deje de opinar sobre los temas que atañen a la sociedad, ya que seguramente nos seguirán dictando de manera decimonónica cómo debemos conducirnos hasta en aspectos que solo atañen a nuestra propia intimidad.

Jesucristo dijo a los fariseos: ««Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.» (Foto: Infovaticana).

Pero no debemos olvidar que el Estado tiene la obligación de dar protección a nuestros derechos, y eso incluye nuestra vida íntima y el desarrollo de la misma: desde la capacidad que tenemos para decidir si tenemos o no hijos, y con qué valores debemos educarlos.

Desde luego la iglesia siempre tendrá opiniones sobre estos temas, que siguen estando ligados a la intimidad de las personas.

Esto priva desde la misma época del imperio romano cuando se le pregunto a Jesucristo su opinión sobre el Estado, a lo que respondió simplemente: “A Dios lo que es de dios, al César lo que es del César”.

En los estados constitucionales siempre ha existido la división entre la iglesia y el Estado, y la obligación de este último es garantizar el respeto y la garantía de que las personas profesen la creencia espiritual que más les agrade.

El Estado desde luego no dejará de garantizarlo, pero los ciudadanos tampoco dejarán de exigir al Estado que garantice el respeto a sus derechos fundamentales.