SUAVE MATRIA: La codicia que hay que desterrar de la clase política

Para Aristóteles, la acumulación de dinero es una actividad contra natura

Auris sacra fames (maldita sed de oro)

Virgilio, La Eneida

El avión presidencial es el símbolo. Quien ve sólo cifras, números, operaciones aritméticas, que sí son relevantes, no comprende el porqué de la insistencia, la casi obsesión por el armatoste.

Beatriz Aldaco/ 4Vientos

El avión es una proyección material de aquello que se pretende desterrar: el robo del dinero público para satisfacer la vanidad de la cúpula gubernamental, el dispendio, el contraste dramático entre los recursos de los que se allegaba la clase política y los escasos de que pueden hacer uso los más necesitados.

El lujosísimo comedor del Avión Presidencial, utilizado por el entonces presidente Enrique Peña Nieto, sus familiares, algunos funcionarios de su gabinete, sus amigos e invitados especiales. Foto: internet

El abismo entre ambas posibilidades era inmenso, cada vez se hacía más profundo, había que aflojar esa cuerda progresivamente tirante para que no reventara de manera violenta.

Los filósofos griegos y la acumulación material

Los filósofos griegos abordaron el tema de la acumulación de dinero. Antes, en el siglo VIII a. C., Hesíodo expresó que «el deseo de lucro hace perder la cabeza a los hombres y esa falta de escrúpulos oprime la honradez».

Platón y Aristóteles sostenían que ese apetito por parte de los gobernantes debería ser controlado ya que podría tener consecuencias nefastas en la vida de la polis (ciudad-Estado). Platón entendía la codicia como una enfermedad del alma, terrible por ser capaz de corromperlo todo; la corrupción de un hombre con poder, decía, afecta a toda la ciudad y la sume en la desgracia.

Para Aristóteles, la acumulación de dinero es una actividad contra natura que se convierte en un fin en sí misma y deshumaniza a las personas. Siguiendo a Platón, descalificaba las actividades cuyo objetivo fuera exclusivamente la ganancia.

La avaricia para Tomás de Aquino

Tomas de Aquino define la avaricia no como un simple deseo de obtener riqueza, sino como un deseo inmoderado de acumularla.

Sobre Aristóteles, escribe:

“La primera especie de cambio -la que se centra en el sustento- es laudable porque responde a la necesidad natural; mas la segunda es con justicia vituperada, ya que por su misma naturaleza fomenta el afán de lucro, que no conoce límites, sino que tiende al infinito”.

De Aquino considera que la acumulación no representa nada contrario a la virtud, siempre y cuando el capital que se obtenga se utilice en fines virtuosos:

“Así ocurre cuando un hombre destina el moderado lucro que adquiere mediante el comercio al sustento de la familia o también a socorrer a los necesitados, o cuando alguien se dedica al comercio para servir al interés público para que no falten en la vida de la patria las cosas necesarias, pues entonces no busca el lucro como un fin…”.

Carencia de conciencia, principios y valores de los políticos que están en proceso de destierro.

Dudo que los políticos acusados de corrupción en México hayan leído a los griegos, pero no necesitarían haberlo hecho para conocer esos conceptos. Pudieron haberlos aprendido en casa, en la escuela o en el transcurso de la vida, por lo menos alguien debió haberles impartido alguna enseñanza en ese terreno. Y es que no se trata tanto de conocimientos sino de conciencia, de voluntad, de ideales, de principios y valores de los que ellos desafortunadamente carecen.

Y sí, el avión presidencial es un símbolo de todo lo que es necesario desterrar, venga de quien venga, en esta Cuarta Transformación.

Imagen de portada: Parte del interior del lujoso Avión Presidencial que ya se encuentra de regreso en México y será vendido por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Foto: Cortesía 

Beatriz Aldaco. Escritora, profesora de literatura y editora. Originaria de Baja California, radica actualmente en Sonora. Es autora de la columna periodística «Suave Matria».