PLUMA DE NEÓFITO: Narcomenudeo, un negocio redondo (3ª y última)

Pensar que las instituciones encargadas de combatir al narcotráfico no están directa-mente involucradas en el desarrollo del «Crimen Organizado Mexicano» es como acep-tar el hecho de que «Juan Camaney» era un santo

Antes de comenzar esta entrega, deseo comentarles lo que siempre digo: durante mi vida he aprendido diferentes lenguajes y diferentes tipos de lecturas de tal suerte que, tras años de observación, análisis, interpretación y reinterpretación de la información, los hechos y las acciones torno a «El Crimen Organizado Mexicano» hoy puedo leer y entender lo siguiente: Pensar de que las instituciones encargadas de combatir al narcotráfico no están directamente involucradas en el desarrollo del «Crimen Organizado Mexicano» es como aceptar el hecho de que «Juan Camaney» era un santo.

Ricardo Jiménez Reyna / 4 Vientos

Antes de comenzar esta entrega, deseo comentarles lo que siempre digo: durante mi vida he aprendido diferentes lenguajes y diferentes tipos de lecturas de tal suerte que, tras años de observación, análisis, interpretación y reinterpretación de la información, los hechos y las acciones torno a «El Crimen Organizado Mexicano» hoy puedo leer y entender lo siguiente: Pensar de que las instituciones encargadas de combatir al narcotráfico no están directamente involucradas en el desarrollo del «Crimen Organizado Mexicano» es como aceptar el hecho de que «Juan Camaney» era un santo.

Guillermo Valdez Castellano, exdirector del desaparecido Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), en el capítulo titulado «El Estado Mexicano y El Narcotráfico: Débil Desde El Principio» en el párrafo segundo de la página 182 de su libro «Historia del Narcotráfico en México» en su versión PDF explica lo siguiente:

«Es claro que ante un problema de la complejidad del narcotráfico, el Estado puede y debe instrumentar estrategias de acción con diferentes objetivos y prioridades (por ejemplo, minimizar la violencia, la impunidad o debilitar las estructuras operativas y financie-ras) que en determinados momentos pudieran ser interpretados como una “negociación” con algún grupo de la delincuencia organizada. Por ejemplo, si se decide no atacar al narcomenudeo o si la estrategia en algún momento implica no detener líderes para evitar un conflicto interno violento en alguna organización. Hay dos diferencias importantes entre ese tipo de estrategia gubernamental y el pacto tácito que se aplicaba en décadas pasadas. Primera, en el caso del pacto “tácito”, se permitió a las agencias de seguridad operar junto y para el crimen organizado como la manera de controlar los efectos no deseados (la violencia, por ejemplo), con el riesgo de que las policías dejaran de actuar con el Estado y comenzaran a operar en su beneficio y en el de las organizaciones criminales, sin control de las autoridades superiores. La segunda diferencia es que, en el caso de tratarse de una estrategia del Estado, siempre está puesta la mira si no en la desaparición sí en el debilitamiento al máximo posible de la delincuencia organizada; mientras que en el segundo nunca se planteaba acabar con el narcotráfico sino sólo lograr una convivencia “civiliza-da”.

En esta opción las dependencias de seguridad del Estado no “pactan” con los criminales y siempre trabajan para el Estado, no para los narcos. ¿Cuáles eran esas disfuncionalidades que se hicieron evidentes con el caso Camarena? La creciente autonomía de la DFS y de la Policía Judicial Federal con su participación en el mercado ilegal de las drogas, y en las acciones que tenían que realizar para encubrirlas, por ejemplo el asesinato del periodista Manuel Buendía en mayo de 1994 por dos agentes de la DFS y ordenado

por su director, con el consiguiente descrédito de esa corporación, o la complicidad del comandante Pavón Reyes en la fuga de Caro Quintero. Por tanto, la corrupción producto del pacto tuvo el efecto de debilitar a la DFS, a la PJF y al propio Estado, y fortalecer a los criminales. Mantener “controlado y civilizado” al narcotráfico era una ilusión de ese pacto. En realidad se convirtió en una rendición del Estado frente a la delincuencia organizada que se fortalecía continuamente.

¿Podía existir alguna distorsión o disfuncionalidad mayor que ésa? Así, el caso Camarena puso en evidencia un arreglo que día a día era más oneroso e insostenible para cualquier gobierno que quisiera ostentarse ante los ciudadanos como garante de la legalidad. Por tanto, el gobierno de Miguel de la Madrid decidió, gracias a una especie de reserva de racionalidad de Estado (que aparece cuando siente amenazado su monopolio de poder o esencia) o de reserva moral del mismo presidente y de algunos de sus funcionarios, la desaparición de la DFS. Pero no hay que invalidar la presión de Estados Unidos. La DEA también podría llevarse parte del crédito».

El agente Camarena y Rafael Caro Quintero (Internet)

Considero que con esta cita directa, publicada por un exfuncionario federal, podría dar por concluido este artículo y solo decir: ¡Se los dije!, pero a decir verdad creo que el tema no estaría bien abordado ya que quedarían muchas preguntas sin responder, como sé que van a quedar, porque ningún funcionario público, de ningún nivel de gobierno, saldrá ante los medios de comunicación y dirá: «Sí, efectivamente estamos colaborando con los cár-teles que integran a «El Crimen Organizado Mexicano» para tenerlos bajo control y poder así evitar actividades que afecten directamente la vida de los ciudadanos».

Sinceramente no creo que ocurra así, tal vez porque los mismos mexicanos no estamos preparados para esta verdad: La mejor manera de evitar homicidios y también adicciones, es pactando con «El Crimen Organizado Mexicano» porque «El Estado Mexicano» como sistema de gobierno, es inepto, incompetente, inútil y corrupto porque el pueblo mexicano es inepto, incompetente, inútil y corrupto por más que intenten demostrarnos todo lo contario con argumentos y discursos políticos motivacionales.

Hasta aquí solo tengo una duda la cual plantearé en este momento: Si ya está dicho de manera pública que existen pactos entre las autoridades de los tres niveles de gobierno y «El Crimen Organizado Mexicano» para que este actúe y trabaje libre e impunemente no solo en territorio nacional, sino también más allá de nuestras fronteras y, como ha queda-do comprobado desde colaboraciones anteriores, que no solo «El Estado Mexicano» es quien apoya a estos grupos criminales sino también «El Estado Gringo» y tal vez otros «Estados» como el Canadiense, el Británico, El Español y más; en verdad no entiendo por qué no se hacen las cosas correctamente, esto es, de forma socialmente responsable, aunque no sea legal ya que, si esta relación de «Estado» y «Crimen Organizado» es evidente, debería existir un mayor control y una mayor colaboración más estrecha entre ambas organizaciones y, de esa forma, evitar el incremento de diversos actos criminales como homicidios, secuestros y demás.

Todo parece indicar que esta relación entre las instituciones gubernamentales, encargadas de combatir el narcotráfico y en particular el narcomenudeo, y los cárteles de la droga en México es muy estrecha y permanente ya que existen evidencias históricas y periodísticas de que instituciones como el CISEN, la Procuraduría General de la República (PGR), la Policía Federal Preventiva (PFP) y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) continuaron relacionándose con «El Crimen Organizado Mexicano»; por lo tanto puedo especular que, a lo mejor, y este «a lo mejor» es más bien retórico e irónico más que una duda, esta relación continúa hoy día debido, básicamente, al incremento del narcomenudeo en territorio nacional.

Ahora bien, es muy interesante observar que tanto autoridades como periodistas hacen referencia al narcomenudeo como una actividad independiente a las actividades de «El Crimen Organizado Mexicano» y de los diferentes cárteles de la droga, es más, antigua-mente se decía que en entidades como Ciudad de México no estaban posicionados los cárteles sino que solo existía el narcomenudeo, sin embargo, esto es completamente falso ya que esta actividad delictiva (El Narcomenudeo) no es ajena a un cártel sino más bien, esta actividad es la que más disputan los cárteles en una ciudad o en un estado debido a los ingresos que representa ya que, en las décadas de los ochentas y los noventas el narcomenudeo representaba la fuente de mayor ingreso para los cárteles de «El Golfo», «Los Beltrán Leyva» y también para «Los Z» y, esta actividad, hoy día es una de las más rentables para «El Cártel Jalisco Nueva Generación» así que, hablar de narcomenudeo es ya también hablar de «El Crimen Organizado Mexicano».

Ahora bien, deseo preguntar lo siguiente: ¿Por qué «El Estado Mexicano» ha permitido que el narcomenudeo en México creciera como ha crecido en las últimas décadas? La respuesta es sencilla, por los ingresos que esta actividad criminal representa ya que, pensar que el no frenar el crecimiento de la venta ilícita de drogas en territorio nacional fue una estrategia gubernamental para controlar a «El Crimen Organizado Mexicano» y no un acto de corrupción y avaricia es como aceptar el hecho de que los millares de víctimas de la guerra contra el narcotráfico fueron voluntarias.

Foto: El Siglo de Torreón

Si el narcomenudeo en México actualmente es un problema social que ha causado severos estragos en la sociedad mexicana, es porque el mismo gobierno mexicano ha fomentado esta actividad desde sus orígenes. Basta con echar un vistazo a los archivos de la información policial en diversos medios de comunicación impresa de años anteriores para percatarnos de que, debido al incremento del narcomenudeo en territorio nacional, también se han incrementado otras actividades ilícitas como son: robos, robos de vehículos, homicidios, secuestros, trata de personas, tráfico de personas, tráfico de órganos y otros más relacionados con esta actividad comercial y, digo actividad comercial porque desgraciadamente así debe ser considerada y estoy en la obligación de decir que, así como antiguamente se comentaba en los pasillos de la rumorología que si México traficaba droga hacia Estados Unidos era porque en aquel país el mercado era basto porque «los gringos» eran una sociedad de adictos, hoy día deberé decir: Si en México el narcomenudeo ha crecido es porque nuestra sociedad es una sociedad adicta y, además, porque nuestro sistema gubernamental es un sistema corrupto, decadente y deshonesto a pesar de los esfuerzos de las autoridades y, también, pese a las buenas intenciones que tengan nuestros gobernantes porque, si existe oferta, es porque existe demanda y si en nuestro país el narcomenudeo es un negocio redondo para los cárteles de la droga, es porque existen las condiciones propicias para que esto ocurra y esto se puede traducir así: Relación estrecha entre autoridades de los tres niveles de gobierno, cárteles de la droga, narcomenudeístas y consumidores.

Pero aquí la pregunta multimillonaria: ¿Cómo solucionar el problema?, considero que la respuesta es muy sencilla y muy simple. Si la relación entre «El Estado Mexicano» y «El Crimen Organizado Mexicano» ya es evidente, porque lo es y aunque lo nieguen existe, ¿por qué no establecer reglas que se cumplan al pie de la letra? Sonará chistoso, tal vez a broma, pero solo observemos lo siguiente:

Así como «El Cártel de Sinaloa» colaboró con «El Estado Mexicano» para desmantelar a «El Cartel del Golfo» y a «El Cártel de los Z» y otros cárteles ¿por qué no volver a utilizar la misma estrategia contra «El Cártel Jalisco Nueva Generación»?, ahora, si lo que el gobierno federal pretende es colaborar con esta última organización, ¿por qué no exigirle reducir la violencia en territorio nacional, abrir más y mejores centros de rehabilitación por el uso de drogas y generar más y mejor infraestructura tanto urbana como carretera? Bueno, pero aquí un problema: La DEA, La CIA y otros agencias estadounidense siempre han apoyado y colaborado al «El Cártel de Sinaloa» y ahora, los nuevos malos, los nuevos enemigos son «El CJNG» y si se quieren los dólares que representa la relación USA y «El Cártel de Sinaloa», entonces se deberá continuar apoyando a esta última agrupación criminal, a no ser que el Gobierno Estadounidense les dé la espalda a los de Sinaloa.

Pero sigue el problema, el narcomenudeo sigue creciendo, pues bien, este fenómeno le conviene en gran medida a los Estados Unidos de América porque, de esa forma, mantiene a un pueblo que podría ser ejemplar y maravilloso, completamente idiotizado y así, aunque usted no lo quiera creer, mantiene también un mayor control y dominio sobre el estado mexicano.

Bien, con esto concluyo esta última entrega sobre el tema de El Narcomenudeo, un negocio redondo y solo me resta decir: La única forma de restarle poder y minimizar las acciones y la influencia de «El Crimen Organizado Mexicano» y todo lo que este representa, es acabando con el narcomenudeo y, la única manera de acabar con el narcomenudeo en México es acabando, arrasando y desbastando las tiendas y los centros de venta de drogas ilícitas y encerrando en centro de rehabilitación por dos o más años a los vendedores y a los consumidores de drogas.

Centros de rehabilitación que deberán estar bajo el control total y la administración absoluta del gobierno federal, de ahí que debería ser una prioridad de gobierno porque, acabando con el mercado, esto es, con la demanda, también se acabará con la oferta de ahí, que para lograr esta obra suprema, deberá legislarse a favor de que los adictos y también los vendedores de drogas en lugar de ser recluidos o liberados, sean internados en centros de rehabilitación por el uso y abuso de drogas y, si se otorga esta facultad al estado mexicano, entonces podrá haber una verdadera recuperación de la dignidad. Hasta aquí el tema.

 

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.