La fuente de la miseria y la desigualdad

La propiedad privada de los medios de producción permite despojar a los asalariados la mayor parte de lo que produce su trabajo, la riqueza se concentra por grandes capitalistas cada vez más parasitarios y los productores quedan en la pobreza y miseria. El capitalismo es un sistema corruptor que ha generado y nutre el cáncer muy extendido de la corrupción que sufre nuestro país.

Tribuna Comunista*

La corrupción desbocada es expresión del modelo capitalista prevaleciente, una relación económica y social de explotación y dominación de una clase sobre otras. El régimen político autoritario permitió e incluso propició que el poder económico trasminara a las administraciones publicas anteriores, haciendo que los gobernantes actuaran a favor de sus intereses a cambio de participar en el reparto del botín; mientras los capitalistas se enriquecían desmesuradamente abusando del poder y del erario público.

Siendo así, no es correcto el planteamiento del Presidente de la República de que, por lo menos en México, la causa de la desigualdad es la corrupción, y no la explotación de las clases sociales mayoritarias por minorías que prosperan con el trabajo de los explotados como nos enseña la historia. Ésta demuestra que la desigualdad económica y social es producto de la dominación de una clase sobre las otras, situación que a su vez provoca la lucha de clases.

Al capitalista y al que aspira serlo, y hasta el que se conforma con sólo ser su lacayo pero a cambio obtener buenas ganancias, los caracteriza la insana ansiedad ganar y ganar, de tener más y más. El afán de lucro es propio del sistema, está antes que la corrupción. Por eso, los gobernantes del pasado reciente otorgaron todas las facilidades a los dueños del dinero, nacionales y extranjeros, para que pudieran seguir acumulando riquezas a través de medidas como exonerarlos del pago de impuestos, “rescatándolos” de sus pérdidas (Fobaproa no se olvida), aumentar las jornadas de trabajo y disminuir los salarios, pagar aún peor el trabajo femenino e infantil, adecuar las legislaciones, otorgarles grandes concesiones del territorio nacional, encubrir toda clase de fraudes que afectaron el erario y patrimonio nacionales, y mil otras cosas más a cambio, claro, de grandes tajadas en un sucio contubernio que debe ser castigado llegando hasta los más encumbrados personajes y las últimas consecuencias.

 

Así, la corrupción es sin duda un problema grave que debe combatirse, pero va mucho más allá de los anteriores funcionarios y estructuras de gobierno; se extiende hasta aquellos que, no estando ni haber estado nunca en el aparato gubernamental, se han aprovechado del mismo para acrecentar sus fortunas, agregándole un ingrediente más a su permanente práctica de explotación de los trabajadores mexicanos.

Saludamos la lucha contra la corrupción que activamente está desarrollando el Presidente (muy positivas son la extradición de Emilio Lozoya y la detención de César Duarte), pero consideramos que para alcanzar una sociedad más equitativa, un país más justo y democrático, es imprescindible tocar a los detentadores del poder económico, cerrarles la llave a sus canonjías, gravar ganancias al que más tiene, aumentar inversiones productivas del Estado, elevar los salarios y el gasto social, es decir dar pasos para mejorar el reparto de la riqueza entre todos producida. Esto sería un buen primer paso para una verdadera Cuarta Transformación.

Fuente: Editorial de Tribuna Comunista, edición 394 del 17 de julio de 2020