LA TRAMONTANA POR NORTE: De remesas y cazadores de lluvia.

Hablando de remesas enviadas por los emigrantes mexicanos que van a USA a buscarse la vida, les cuento, aunque ya lo saben. Yo nací en un lugar desértico de Chihuahua, un lugar donde el agua es un bien escaso y por ello precioso, eso es cierto ahora y lo era más cuando era un niño y la agricultura que se practicaba era solo de temporal y si las ganancias en la agricultura de riego eran entonces -y ahora también- un volado que casi siempre perdías, la de temporal era y es como esperar que la moneda caiga y se quede de canto, cosa que como todos saben tiene probabilidad muy cercana a cero.

Manuel Figueroa/ 4 Vientos

Así que crecí oteando el horizonte en busca del relámpago lejano que alumbrara la esperanza, volteando hacia todos lados en busca de la nube viajera -entre más gorda y negra mejor- que anunciase que tal vez durante la noche vendría la lluvia bienhechora a salvar el maíz que plantó tu padre, ese que a fuerza de rascarle a la tierra para conservar la humedad has logrado que crezca un metro pero que por falta de agua parece ya una plantación de cebollas o de ajos.

El Programa Bracero fue un acuerdo binacional que abasteció de jornaleros agrícolas mexicanos a los campos de cultivo y granjas estadunidenses. Foto: Getty Images/ BBC/ Internet

El Programa Bracero fue un acuerdo binacional que abasteció de jornaleros agrícolas mexicanos a los campos de cultivo y granjas estadunidenses. Foto: Getty Images/ BBC/ Internet

Cazar la lluvia es oficio de temporaleros, y la cacería incluye oraciones y paseos del santo por entre los sembradíos, entre el frijolar que ya asoma sus dos hojas iniciales que -como orejas de conejo verde- asoma ya entre el surco que dejaste abierto para capturar las tres gotas que pudieran caer, después lo taparás con una raspilla tirada por una mula más vieja que las esperanzas de que llueva. ¿Y tu padre? tu padre se ha ido a a trabajar con los gringos, a desahijar algodón en Yuma, a empacar forrajes en Tucson, a marcar becerros en Pecos, a pizcar sandías en Albuquerque, a arriar vacas en Denver, a cortar naranjas en Fresno y si más no hay a lavar platos en Doñana. Volverá en cuanto mi madre le diga que ya ha llovido cinco veces y que la esperanza crecerá con las lluvias; volverá y además de haber enviado un poco de dinero para vivir, traerá un poco más porque a eso fue: a partirse el alma por nosotros; además habrá ahorrado un poco en un fondo que implementaron los gringos para que «los mojados» se hagan de algún capital; pero ese fondo no lo verá jamás, se lo robó el Gobierno Mexicano, un robo en despoblado para sangrar más a quienes desde siempre han contribuido a que este país no se muera de hambre.

Imagen de portada: indocumentados trabajando en la cosecha de espárragos en el Valle de California. Foto:  Matt Black/ The New York Times (internet)

*Manuel Figueroa, Campesino chihuahuense de nacimiento, normalista rural, oceanólogo, maestro en ciencias en oceanografía física y doctor en física del medio ambiente.