PLUMA DE NEÓFITO: Narco-Neoliberalismo (3ª y última)

Creer y aceptar que «El Crimen Organizado Mexicano» es una agrupación sin ideología, sin principios básicos, sin una visión política y social, es como aceptar y reconocer que Santa Claus no es un producto mercadotécnico.

Por ideología entiendo: Al conjunto de ideas primordiales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época y también, al conjunto de ideas fundamentales de un movimiento cultural, religioso, económico, político, social o armado.

Ricardo Jiménez Reyna* / 4 Vientos / Foto principal; Proceso

Asimismo, comprendo por neoliberalismo: al conjunto de doctrinas elementales de carácter económico, político y social que no solo buscan, esencialmente, la práctica del libre mercado sino también la realización plena de la doctrina: laissez-faire o conocida en español como «dejar hacer y dejar pasar».

De igual manera, concibo por narco-neoliberalismo: al conjunto de ideas y doctrinas sustanciales basadas en el «dejar hacer y dejar pasar» por parte de «El Crimen Organizado Mexicano» y, cuyos fines son, entre otros, es el enriquecimiento por el enriquecimiento, el poder por el poder y el terror y la violencia como único medio de control y dominio del sistema político nacional y de la sociedad mexicana en su conjunto.

Desde la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado a la presidencia de la República Mexicana, allá por 1988, se supo que no solo los tecnócratas tendrían el poder político y económico del país, sino también los grupos de poder político y económico nacionales y extranjeros, y, sobre todo, que la relación entre «Crimen Organizado» y gobierno cambiaría radicalmente pues, «El Cártel de Colima» tendría por fin un representante en «Los Pinos».

Con el presidente colimense se da inicio a un cambio de ideología no solo en las esferas políticas y económicas mexicanas, sino también en los grupos criminales que, aún, no eran identificados como una sola organización o como lo que yo llamo hoy «Crimen Organizado Mexicano».

Esto lo puedo afirmar porque, durante las décadas anteriores, desde el mandato de Lázaro Cárdenas del Río y continuando con los de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdez, es sabido que Pedro Avilés Pérez, alias «El León de la Sierra» era quien controlaba todas las operaciones relacionadas con la siembra y el cultivo de Amapola en México y también con el procesamiento y elaboración de heroína todo con el fin de transportarla y comercializarla en Estados Unidos.

Existen diversas versiones de que este líder de lo que antiguamente se conocía como «El Narcotráfico» tenía una visión más tendiente a la ideología socialista y agrarista, pues fue él quien organizó a los productores de Amapola y Mariguana y los motivó a unírsele en su empresa, empresa que contaba con el apoyo de « Max Cossman El Rey del Opio» al parecer miembro de la «Mafia Italo-Americana» y contaba con la bendición de Benjamín «Bugsy» Siegel, miembro del clan dirigido por Charles «Lucky»» Luciano; por supuesto, «El León de la Sierra» también tenía la venia del gobierno de los Estados Unidos ya que, al parecer, fue el presidente Franklin D. Roosevelt quien abrió la frontera de aquel país al narcotráfico e incluso se rumora que este presidente norteamericano estaba a cargo del financiamiento y de la supervisión de los cultivos de amapola y marihuana en México.

Sin embargo, al llegar Richard Nixon al poder, todo cambió y también cambió la actividad del narcotráfico pero, para ese entonces, esto es allá por los años de 1969 a 1974, sin embargo, el problema radicaba en que «El Narcotráfico Mexicano» ya era un monstruo incontrolable, tan incontrolable que ni el llamado «Plan Cóndor» logró doblegarlo.

Roosevelt (Internet)

Como dijo Mercedes Sosa en una de sus canciones: «Cambia, todo cambia» y si todo cambia, la pregunta es: ¿Por qué el «Crimen Organizado Mexicano» no puede cambiar?, esto porque creo que aún existe la idea romántica de que esta agrupación delictiva tenía una visión y una misión social, esto es: generar tranquilidad y bienestar en las comunidades donde ejerce su control, pero no, esto es ya solo un sueño, una idea utópica que tal vez, y digo tal vez con mucho recelo, algún día algunos narcotraficantes tuvieron, pero actualmente, los hechos demuestran otra cosa.

Si tan solo observáramos más de cerca el fenómeno de «El Crimen Organizado Mexicano» y lo viéramos como un todo, como una gran esfera de actividades entrelazadas, podríamos entender que la esclavitud y la explotación son los elementos fundamentales para el desarrollo de todas las actividades relacionadas con lo que muchos conocen como «El Narco-Estado Mexicano».

Esto es: Para que el COM pueda mantener una producción de amapola y marihuana que satisfaga la demanda del mercado internacional, esta organización ocupa forzosamente la mano de obra de agricultores, campesinos y jornaleros, a quienes no solo explota sino que también los mantiene bajo una constante amenaza; de igual forma, para procesar, elaborar, empacar y todo lo relacionado con la producción de drogas sintéticas como Heroína, Cocaína, Cristal y otras, es indispensable la mano de obra especializada, principalmente la que está relacionada con la maquila, y esto ocurre en México, ya que el «Crimen Organizado Mexicano» también tiene retenidas a personas contra su voluntad para realizar dicha labor. Por cualquier lado que veamos al COM nos podremos dar cuenta que actúa como un patrón voraz, como un esclavista, como un explotador, como un estado neoliberal, incluso se ha observado que esto mismo opera con la selección, reclutamiento y supuesta contratación de personal para sus brazos armados.

Pero esto no es nada, basta con realizar una búsqueda en Google Educativo sobre los siguientes temas: «Crimen Organizado y Neoliberalismo en México», «Crimen Organizado en México» «Neoliberalismo, Guerrillas y Crimen Organizado» y otros más, para percatarse que este fenómeno ha sido ampliamente estudiado por los científicos encargados de las investigaciones en Ciencias Sociales y así, entender que este fenómeno no es el resultado de unos cuantos años, sino de décadas y también, es la consecuencia lógica de una relación muy importante: la aplicación de las políticas neoliberales, tanto económicas, políticas, sociales, laborales, agropecuarias, pesqueras, industriales y educativas en la República Mexicana y el incremento de las actividades de «El Crimen Organizado Mexicano».

Asimismo, en estas publicaciones puede observarse un tema común, el problema económico que enfrenta nuestro país, el cual, de forma simultánea, también trae problemas económicos y políticos en México.

Tal es el caso de los investigadores Alejandro Ortega Hernández, quien realiza estancia posdoctoral en el Colegio de Tlaxcala; Marilú León Andrade, alumna del doctorado en Estrategias Para el Desarrollo Agrícola Regional, en el Colegio de Postgraduados, Campus Puebla y Benito Ramírez Valverde, profesor-investigador del Colegio de Postgraduados, Campus Puebla, quienes enfatizan en el artículo titulado: AGRICULTURA Y CRISIS EN MÉXICO: TREINTA AÑOS DE POLÍTICAS ECONÓMICAS NEOLIBERALES, lo siguiente:

Sembradío de marihuana en México (Milenio)

«¿Cuál es el principal problema de nuestro país? A lo cual, seguramente las respuestas son diversas, y con matices diferentes. Sin embargo, la realidad es una sola, sólo divisible para fines analíticos, e independiente de los caprichos e ideología de los individuos; por ello, ante el cuestionamiento que inquiere sobre el sino de nuestra sociedad, y de las personas que la conforman, se erigen diversas voces que señalan como temas primordiales el asunto de las drogas y el crimen organizado, la corrupción, gobiernos y políticos ineficientes, y al lado de estos vicios, el desempleo, la falta de oportunidades, inflación, etc. Esta visión resulta incompleta si sólo atendemos a lo que perciben nuestros sentidos, y no reparamos en las causas de los fenómenos. Es así, que en medio de este marasmo uno de los principales problemas que enfrenta nuestra nación, al menos en el terreno económico, es de una marcada falta de crecimiento en los niveles de producción, lo que a su vez se ha reflejado en el resto de los principales indicadores que miden el desempeño económico, como son el empleo, salario real, inversión, ahorro, principalmente, y de los diferentes sectores que conforman la economía. Pero si uno de los principales problemas que aquejan a nuestra nación es la falta de crecimiento, este fenómeno se ha visto mucho más acentuado en el sector agrícola».

Asimismo, los investigadores aseguran: «…Aunque en la revisión de estas variables no se agotan los efectos que han acarreado las políticas neoliberales, esto ha permitido evidenciar otros fenómenos producto de esta política económica, como la migración y la pobreza en el medio rural; hoy como nunca el país ha acumulado un continente de fuerza de trabajo que actualmente se extiende más allá de los lugares tradicionales de recepción de migrantes; los saldos son muchos, pero estos son algunos de los más evidentes y de dominio público. Además de la incidencia en estas variables, han aparecido otras como el aumento de la violencia y narcotráfico, entre otros fenómenos».

Por su parte, Guillermo Pereyra, Doctor en Investigación en Ciencias Sociales, con mención en Ciencia Política, por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México y del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, cuyos temas de especialización son: teoría política, problemas políticos de América Latina, violencia contemporánea, especifica en su artículo titulado México: violencia criminal y “guerra contra el narcotráfico” hace un análisis profundo sobre el neoliberalismo y su estrecha relación con la violencia generada por «El Crimen Organizado Mexicano» y establece lo siguiente:

«La violencia criminal no es fruto de un instinto de agresión inevitable de los grupos de la droga, ni la violencia militar es la forma invariable que el Estado utilizó para imponerse a las redes de narcotráfico. La violencia se exacerba sólo bajo ciertas condiciones sociales y políticas, o bajo una configuración particular de las relaciones de poder, cuyo devenir y cuya configuración actual deben ser cartografiados.

En este trabajo sostenemos que el incremento de la violencia que padecen algunas regiones del país obedece a relaciones específicas entre soberanía y gubernamentalidad, que configuran el mercado de drogas en general, las guerras entre cárteles y el combate del gobierno de Calderón contra el narcotráfico. Además, mostramos que la “guerra contra el narcotráfico” asumida por el actual gobierno debe entenderse en el marco de una compleja trama de indiferenciaciones miméticas entre grupos de la droga e instituciones estatales. En otros términos, el choque entre el gobierno federal y los distintos grupos de la droga supone el combate entre dos lógicas férreas que, no obstante, se mimetizan.

El trabajo se basa en el modo en que Michel Foucault entiende los conceptos de soberanía y gubernamentalidad. Según este autor, el poder soberano se ejerce sobre sujetos afincados en un territorio y su finalidad es lograr el respeto al orden establecido. Soberano es quien se reserva el derecho de matar a quienes alteran un orden para asegurar la continuidad del cuerpo político. Por lo tanto, la función del poder soberano no es vincular sino sojuzgar y, en este sentido, no responde a ninguna ley establecida. Se funda “en el gasto absoluto del poder” y no calcula “el poder con el mínimo de gastos y el máximo de eficacia”. A diferencia de la soberanía, la gubernamentalidad gestiona recursos y controla personas, es difusa y multivalente en sus operaciones, y su función principal es mejorar el destino de las poblaciones. Hay gubernamentalidad cuando el poder no depende de una sola fuente de validación (por ejemplo, la ley) y cuando el poder se vitaliza a través de tácticas polivalentes y articulaciones microsociales y locales. Foucault sostiene que a partir del siglo xviii la soberanía se vuelve inoperante para gobernar el cuerpo político y económico de las sociedades industriales sujetas a la explosión demográfica. En ese momento la gubernamentalidad se convierte en el principal recurso para reforzar el poder del Estado. Soberanía y gubernamentalidad son formas históricas de poder que responden a una determinada época, pero también pueden entenderse como lógicas que pueden aparecer en diferentes momentos de acuerdo con la dinámica particular de las relaciones políticas, sociales y económicas. Esto tiene dos consecuencias importantes para nuestro trabajo.

Michel Foucault (Imagen: Cultura Filosófica)

En primer lugar, el reemplazo de la sociedad de soberanía por la sociedad de gobierno a partir del siglo xviii no fue absoluto. El mismo Foucault reconoce que ambas formas del poder pueden convivir y que las relaciones de soberanía pueden reemerger dentro de las sociedades de gobierno. Nuestro trabajo apunta precisamente a analizar la coexistencia de soberanía y gubernamentalidad en el conflicto enmarcado bajo la “guerra contra el narcotráfico” del presidente Calderón. En segundo lugar, la gubernamentalidad no se ejerce sólo en el Estado policial del siglo XVIII o en el Estado de bienestar del siglo XX, dos formas históricas en las que Foucault localiza este tipo de poder. Hay una gubernamentalidad específica de los Estados neoliberales, de la cual México no es la excepción. Esta forma de gubernamentalidad se basa en el desmantelamiento de los aparatos políticos y de economía con los que se ejercía el control bajo el esquema keynesiano.1 La gubernamentalidad neoliberal se ha caracterizado por no mejorar el bienestar de la ciudadanía y, en muchos casos, ha suscitado el control ilegal de las poblaciones y la aplicación de políticas de seguridad que ponen en riesgo la vida de las personas.

Otro aspecto que debe subrayarse es que el poder gubernamental no lo ejercen únicamente los Estados. Cualquier sujeto político, social o económico puede ejercer funciones de gobierno en la medida que asume la gestión eficaz de recursos o la administración de personas o poblaciones. El poder de gobierno se extiende a las relaciones religiosas, familiares, médicas, comerciales, etcétera. Por ello se puede hablar de un gobierno de las almas, la familia, los niños, el cuerpo, las relaciones económicas, etcétera. Lo mismo puede decirse del poder de soberanía: éste puede ser disputado, e incluso apropiado, por otros sujetos que no sean estatales, y el Estado puede perder el monopolio de la violencia, el control del territorio y la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte.

A partir de estas coordenadas teóricas, es posible sostener que en las últimas décadas el Estado mexicano ha asumido una gubernamentalidad neoliberal que entiende que la sociedad debe estructurarse como lo hacen las empresas privadas regidas por los valores de iniciativa, flexibilidad, innovación, descentralización, diversificación, competitividad y polivalencia. Los diversos gobiernos neoliberales de los últimos años no controlaron los riesgos derivados de la circulación irrestricta de mercancías y la imbricación cada vez más fuerte entre mundo legal e ilegal. La solución gubernamental a este problema sostiene que el narcotráfico es un problema de seguridad que requiere una pronunciada intervención militar. En el marco de esta sociedad gubernamental de seguridad, el Estado neoliberal mexicano no abandona las prerrogativas de soberanía, que suponen prácticas irresponsables de poder, de dudosa legalidad y legitimidad, y el ejercicio de una violencia estatal que pone en peligro la vida de la población.

La militarización de la seguridad convive con el control de territorios y poblaciones y con la intensificación de la violencia que ejercen los diversos grupos de la droga diseminados en el país. En otras palabras, las mafias, los cárteles de la droga y los distintos grupos criminales asumen de facto funciones de soberanía. Además, las organizaciones de la droga integran los mecanismos de gubernamentalidad neoliberal que fomenta el Estado mexicano y han sido beneficiadas por las políticas irrestrictas de libre mercado. Estos grupos criminales han dejado de lado las estructuras rígidas y optado por modos flexibles, innovadores y descentralizados de organización.

Los grupos narcotraficantes ejercen un poder estratégico basado en la administración de recursos, personas y poblaciones, que no tiene un centro definido de comando y control. Es un poder de gobierno que pone a raya la soberanía popular y democrática de los Estados, se beneficia de los acuerdos informales e ilegales, y renueva pragmáticamente sus objetivos y fines para ajustarse a nuevas situaciones.

A partir de la década de los años noventa, el deterioro del modelo de regulación del narcotráfico, propio del viejo régimen autoritario, y la expansión del mercado de drogas aumentaron las tensiones entre los grupos de la droga y, frente a esto, el Estado neoliberal intensificó las intervenciones policiales y militares. Con todo, una relación deteriorada entre Estado y narcotráfico y un mercado de drogas inestable no conducen por sí solos a la violencia extrema».

Por su parte, el doctor José Luis Solís González de la Universidad Autónoma de Coahuila, al hacer un análisis sobre el tema que nos atañe, en su artículo: Neoliberalismo y crimen organizado en México: El surgimiento del Estado narco, advierte lo siguiente:

Imagen: Facebook

«Desde hace algunas décadas, en América Latina, y de manera particular en México, el crimen organizado ligado a las actividades del narcotráfico, así como a la trata de personas, el tráfico de armas, el secuestro y la extorsión, ha experimentado un crecimiento exponencial que lo ha llevado a tener una presencia muy significativa en la vida económica, política, social y hasta cultural en la región.

Este fenómeno, lejos de ser un hecho aislado, obedece a una serie de factores tanto internos como externos. A los factores endógenos de crisis del anterior modelo de acumulación, basado en la sustitución de importaciones, se han sumado los factores derivados de la crisis del capitalismo global y de la aplicación de las políticas neoliberales que la han acompañado. Esto ha conducido a México hacia una profunda crisis orgánica, constituida por un déficit de racionalidad en la intervención económica del Estado (más de tres décadas sin crecimiento económico, con aumento rampante de la pobreza y las desigualdades sociales) y un déficit de legitimidad del Estado y sus instituciones.

Lo anterior ha desembocado en niveles de violencia e inseguridad pública sin precedentes en la historia contemporánea de México, y en una creciente militarización del aparato de Estado. Tanto el modelo económico neoliberal vigente, basado en la apertura externa, como el sistema corporativo autoritario heredado de la época del “nacionalismo revolucionario” (el cual ha permanecido sin cambios mayores a pesar de la supuesta “alternancia en el poder”), han constituido el caldo de cultivo para el surgimiento de una economía, sociedad y gobiernos con una creciente penetración y control por parte del narcotráfico y de las distintas agrupaciones del crimen organizado. Esto ha llevado a que ciertos sectores de la opinión pública estadounidense hayan caracterizado al Estado mexicano como un “Estado fallido”, así como a especular sobre la necesidad de intervenir militarmente en México con el pretexto de salvaguardar su seguridad nacional y sus fronteras.

Se está de hecho ante el surgimiento en México de una nueva forma de Estado capitalista periférico,1 que hemos caracterizado como Estado narco, la cual se ha manifestado externamente (es decir, en tanto que forma fenoménica y, por lo tanto, específica del Estado mexicano) en la instauración de un régimen político neoliberal tecnocrático con una fuerte presencia de representantes del crimen organizado en sus distintos gobiernos, en la economía y las finanzas. Este fenómeno está indisolublemente vinculado con la emergencia, en los años noventa, de un nuevo régimen de acumulación, fuertemente trasnacionalizado y volcado hacia el exterior, con una participación creciente del narcotráfico como una de las fracciones más dinámicas y rentables del capital pero, desde luego, no la más importante.

A nivel del régimen político, esto ha llevado al gobierno en turno a agravar la contradicción entre las exigencias derivadas de la reproducción del capital y las relativas a la legitimidad de las instituciones. Esta contradicción ha conducido a la agudización de las tendencias estancacionistas de la economía y a la militarización del aparato de Estado, cuyo subproducto más visible e inmediato ha sido una guerra fallida contra el narcotráfico y el crimen organizado, emprendida por el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), la cual ha costado al país decenas de miles de muertos y desaparecidos, amén de los cuantiosos recursos presupuestales usados para financiarla y de una creciente inseguridad pública a todo lo largo del territorio nacional.

Dada la gravedad de la situación que vive actualmente México, hemos decidido emprender el análisis de la misma con un enfoque fundamentalmente genético-estructural que rebase los análisis y las explicaciones en boga marcados por su carácter parcial e ideologizado, cuando no francamente anecdótico. En una primera parte se revisará brevemente las consecuencias de la crisis de deuda externa en México, la subsecuente adopción de políticas neoliberales y la emergencia de un modelo de acumulación extrovertido, de enclave secundario-exportador. De la misma manera se analizará los efectos de la crisis internacional en la economía mexicana que ha llevado a la “financiarización” de la misma. En un segundo apartado, se abordará el surgimiento del Estado narco en México, en relación con la irrupción en fuerza de esta no tan “nueva rama de la industria”: el narcotráfico. Así mismo, se abordará la alteración de las relaciones de producción y de dominación política de clase generada como consecuencia de la presencia omnímoda del narcotráfico en la sociedad mexicana».

Bueno, hasta aquí, de manera argumentativa queda demostrado que «El Crimen Organizado Mexicano» está practicando o realizando sus actividades con una visión neoliberal, pero también queda establecido que esta agrupación delictiva no solo la practica y la realiza en la sociedad mexicana, sino que también este cambio de postura obedece a la influencia del mismo sistema que era dominante en el poder político, de tal suerte que puede verse que esta ideología es, como todas las ideologías, manipulable y como tal, también está sujeta a cambios y, nuevamente, como dice Mercedes Sosa, «Cambia el rumbo el caminante. Aunque esto le cause daño. Y así como todo cambia que yo cambie no es extraño…». Entonces a manera de conclusión tengo solamente una pregunta que deberá quedar al aire y que solo el tiempo nos dará la respuesta:

Si todo cambia y la ideología de «El Crimen Organizado Mexicano» cambió de una visión seudosocialista a una visión neoliberal con Miguel de la Madrid Hurtado, el primer neoliberal que gobernó este país, y se adaptó a este sistema político-económico de gobierno; bajo este nuevo régimen de gobierno: ¿El Crimen Organizado Mexicano también cambiará su ideología, su visión, su misión y su sistema para sobrevivir y se adaptará a los nuevos tiempos para continuar ejerciendo su dominio y control en el Estado Mexicano?

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.