PLUMA DE NEÓFITO: Atentado contra el federalismo (1)

Este artículo tiene como principal objetivo el denunciar públicamente a lo que yo llamo un atentado orquestado por el crimen organizado contra el federalismo para retomar el control de los tres poderes que gobiernan en la República Mexicana, creando un bloque de estados bajo su dominio y así ejercer presión sobre las autoridades federales ante una inminente separación de la Unión.

Ricardo Jiménez Reyna / 4 Vientos / Foto principal: Infobae

Esta corriente ideológica comenzó a gestarse allá por el inicio de la década de los setentas, básicamente durante el gobierno de José López Portillo y Pacheco, como una respuesta a la llamada «Operación Cóndor», nombre con que se conocía al plan de coordinación de acciones y mutuo apoyo entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América del Sur —Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela—1 con los Estados Unidos,2 siendo el jefe del Departamento de Estado estadounidense Henry Kissinger señalado como su ideólogo.

Este mismo plan del Gobierno Estadounidense se ejecutó en México, de hecho esto no es un secreto ya que fue el 11 de septiembre de 1969 bajo el mandato de Gustavo Díaz Ordaz cuando se dio a conocer el inicio de este operativo que, en su momento, sí cumplió con su objetivo inicial: «identificar y aniquilar a grupos comunistas en el país», pero en el gobierno de José López Portillo, en lugar de que la autoridad estuviera enfocada a identificar grupos subversivos de tendencia izquierdista en territorio nacional, el «Plan Cóndor» fue dirigido específicamente contra los grupos criminales dedicados al tráfico de drogas hacia la Unión Americana y su plan era erradicar el ingreso de drogas a la Unión Americana.

Antes de continuar con mi argumentación, deseo especificar, como un breviario histórico que el primer jefe del narcotráfico en México, como una organización criminal y también como un grupo armado antigubernamental, fue Pedro Avilés Pérez, mejor conocido como «El León de la Sierra» y cuya mano derecha era el policía judicial a cargo de la ayudantía del gobernador de Sinaloa Leopoldo Sánchez Celis, hablo del no menos conocido Miguel Ángel Félix Gallardo. El imperio de «El León de la Sierra» comenzó sus operaciones allá por la década de los 40´s y terminó 15 de septiembre de 1978, en el rumbo conocido como la «Y» griega, con dirección al poblado de Tepuche, en donde sería asesinado. Durante muchos años, en los pasillos del bajo mundo, se comentaba que aquel operativo fue una trampa del Ejército Mexicano, puesto que Avilés tenía un pacto con las autoridades del estado de Sinaloa, pacto que fundamentaba bajo dos puntos:

1º. Mantener la paz en las zonas de operación.

2º. Hacer circular el dinero en beneficio de la economía local.

Después de la muerte de «El León de la Sierra» (sobrenombre que se ganó gracias al control de la sierra que integra el famoso «Triángulo Dorado» Chihuahua-Durango-Sinaloa), según expertos, como líder de esta organización quedó Miguel Ángel Félix Gallardo «El Jefe de Jefes»; el organigrama del grupo criminal que en aquel entonces se le conociera como Organización de Sinaloa estaba conformado por: Ernesto Fonseca Carrillo «Don Neto», Manuel Salcido Uzueta «El Cochiloco», Juan José Quintero Payán, Pablo Acosta Villarreal, Juan José Esparragoza Moreno «El Azul»; y debajo de estos se encontraban: Amado Carrillo, Rafael Caro Quintero, Ismael «El Mayo» Zambada; y hasta el final de la cadena: Héctor Palma Salazar «El Güero Palma», Joaquín Guzmán Loera «El Chapo Guzmán, y los hermanos Arellano Félix y los hermanos Beltrán Leyva.

En los tiempos de López Portillo existían tres grupos de narcotraficantes perfectamente identificados:

1º. El Grupo Oaxaca comandado por Pedro Díaz Parada «El Capo del Itsmo».

2º. El Grupo Sinaloa comandado por Miguel Ángel Félix Gallardo «El Jefe de Jefes» y Ernesto Fonseca Carrillo «Don Neto».

Carrusel de grupos narcos en México:

3º. El Grupo de El Golfo, comandado por Juan Nepomuceno Guerra «El Padrino de Matamoros».

En aquel entonces y antes de la llegada de López Portillo al poder, estos grupos criminales continuaban con su visión y misión que pudiera reducirse a tres puntos:

1º. Mantener el control del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos en sus respectivas regiones, siendo las áreas de operaciones las siguientes: El Grupo Sinaloa controlaría la introducción de drogas por los estados de Baja California, Sonora y Chihuahua hacia los estados de California, Arizona y Nuevo México, El Grupo de Oaxaca abastecer de droga importada de Colombia y producida en el Itsmo a los grupos Sinaloa y El Golfo, mientras que este también sería el responsable de introducir la droga por Coahuila y Tamaulipas al estado de Texas, Luiciana, Misisipi y Florida.

2º. Mantener la paz en sus zonas de operación.

3º. Generar riqueza para la región y un aparente bienestar social entre la población.

Por toso es conocido que, durante la famosa «Operación Cóndor» la actividad delictiva de estos tres grupos en lugar de disminuir, creció y esto gracias a que la Dirección Federal de Seguridad servía como trampolín entre el Gobierno Federal en Turno, La CIA y Las Organizaciones de narcotraficantes, tanto así que, según se rumora, en la nómina del Grupo de Sinaloa estaban los nombres de los siguientes directores de dicha dirección: Coronel. Manuel Rangel Escamilla (1959-1964), Capitán. Fernando Gutiérrez Barrios (1965-1970), Capitán Luis de la Barreda Moreno (1970-1977), Javier García Paniagua (1977-1978), Teniente Coronel Miguel Nazar Haro (1978-1982) y el licenciado José Antonio Zorrilla Pérez (1982-1985). Lo cual demuestra que, los grupos criminales, hoy llamados Cárteles, desde sus inicios no solo han tenido el control de las autoridades locales sino también han podido infiltrarse en las más altas esferas del gobierno federal y eso, es evidente hoy día.

Desde que inició la llamada «Operación Cóndor», como un plan del gobierno federal contra el narcotráfico y que después fue recibiendo otros nombres, hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto, en lugar de disminuir esta actividad criminal, ha crecido y además se ha simplificado a tal suerte de que, hasta el momento, pueden identificarse dos grupos criminales con mayor influencia en todo el país y son:

1º. El Cártel de Sinaloa.

2º. El Cártel «Jalisco Nueva Generación».

Tal vez pudiera parecer ridículo que solo esté nombrando dos organizaciones criminales, pero a decir verdad, estas se dividen y subdividen en otras más que van adquiriendo poder en las zonas de influencia ya que hacen alianzas estratégicas para mantener sus operaciones; a estas divisiones y subdivisiones se les conoce como «fracciones» o «células», estructura que siempre han existido en el Crimen Organizado e incluso en movimientos guerrilleros y subversivos en México, ejemplo de ello era y seguirá siendo la Liga Comunista 23 de Septiembre que tenía presencia en veintidós estados de la República Mexicana.

Foto: El Confidencial

Ahora, volviendo con el tema de los dos cárteles, es importante destacar que «Jalisco Nueva Generación» en su momento perteneció a «El Cártel de Sinaloa», bajo el nombre de «Los Mata Zetas» separándose este grupo allá por el 31 de agosto del 2011, dos años antes que fuera liberado Rafael Caro Quintero quien, en su momento, fuera líder del Cártel de Guadalajara.

Quizás usted se pregunte mi estimado lector: ¿Para qué toda esta historia? Sencillo, porque estas organizaciones criminales no han perdido su visión inicial: Mantener un control del tráfico de drogas hacia Estados Unidos pero, y este pero es amplio, generoso y alarmante, a esta visión también se le han agregado dos apartados más:

1ª. Introducción ilegal de armas cortas, de alto calibre y armamento pesado hacia el interior del país, armas que, como ya dije en artículos anteriores, también van a parar a manos de grupos armados clandestinos.

2ª. Mantener el control del mercado interno, ya que el narcomenudeo ahora es ya, un problema delictivo y criminal.

Para lograr estos objetivos, dichos cárteles ocupan de por lo menos cuatro cosas:

1ª. Control político, económico y social en las entidades federativas donde está el grueso de sus operaciones.

2ª. Contactos internacionales, principalmente en Estados Unidos.

3ª. Control de las aduanas y de la franja fronteriza con Estados Unidos y Guatemala.

4ª. Control político del Gobierno Federal.

La pregunta aquí es: ¿Cómo pretenden los cárteles apropiarse del control de México? Bien, esta pregunta quedará contestada en las siguientes entregas de este artículo, pero solo deseo dejar dos preguntas para su análisis: ¿Qué se puede esperar cuando 16 estados de la República Mexicana, de 32, están en manos del Crimen Organizado? Y ¿qué se puede esperar cuando 19 de las 50 ciudades más violentas del mundo están en México y de estas, 17 están en los estados controlados por el narcotráfico?

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.