SALTO CUÁNTICO: Todos estamos conmovidos (Videos de asesinatos de Floyd y de Giovanni)

“Para luchar por la libertad no hacen falta odios; sin odios se abren túneles, sin odios se ponen diques a los ríos, sin odio se hiere a la tierra para sembrar el grano, sin odio pueden aniquilarse a los despotismos, puede llegarse a la acción más violenta cuando sea necesaria para la emancipación humana”

Práxedis G. Guerrero

¿Acaso la policía estadounidense es diferente a la policía mexicana?  ¿Acaso ya se les olvidó la saña y abusos con la que miles de ciudadanos en nuestro país, vive a diario la barbarie de policías ineptos y corruptos? Sí, lo que sucedió al joven George Floyd en Estados Unidos es trágico, es terrible y es absolutamente reproblable, también lo que hicieron a nuestro compatriota Giovanni López.

José Luis Treviño Fores/ 4 Vientos

El miedo es la principal arma de las corporaciones policiacas y en México, el miedo es el que cada ciudadano tiene metido hasta la médula cuando debe tratar con policías de cualquier nivel y rango.

En México, con tan solo ver que se te acerca un policía sientes que te asfixias. Nunca sabes qué va a pasar, qué te va a sembrar o con quién te confundió. Se piensa automáticamente en la tortura física mucho antes de que esta ocurra. La policía estadounidense dispara a la primer provocación o señal de provocación, o porque se siente en riesgo, o simplemente por traer un bulto bajo la camisa y puede ser un arma.  En México, la policía no tiene permiso de disparar a menos que sea en defensa propia, de hecho, los disparos a ciudadanos con arma letal en nuestro país son pocos, en público. El ciudadano mexicano sabe que la policía no le va a disparar, no, si no trae un arma visible y la usa en su contra. No por ello, la policía deja de ser menos represiva que en el vecino país.

Las policías mexicanas en su gran mayoría, no tienen preparación profesional, no tienen elementos suficientes, ganan bajos salarios y reciben poca atención psicológica; no están empoderados como corporación, durante muchos años han sido orillados a tratar con grupos criminales, recibir sobornos y formar parte activa de los cárteles de la droga. La corrupción de los altos mandos, hace que los subordinados cumplan ordenes sin protestar, amenazados también. Todo ello desencadena una red inacabable de chivos expiatorios, desapariciones forzadas y miles de inocentes en las cárceles para justificar crímenes jamás resueltos.

 

Miles de Floyds han sucumbido en México, bajo la bota de la autoridad policiaca nacional. Muchos estudiantes, obreros, indigentes, personas con problemas de adicciones, purgan condenas por “equivocaciones.”

Nótese en el video de sometimiento al ciudadano afroamericano, los policías no ocultan su proceder, no hacen por bajar el nivel de uso de fuerza, no se inmutan, ni siquiera tratan de justificar sus acciones ¿por qué? Ellos creen que tienen razón, saben que, con cualquier argucia legal, serán absueltos y el joven Floyd terminaría con cargos de toda índole, como muchas otras veces. ¿Qué pasó esta vez? Esa nación está pasando por una crisis racista como nunca; el presidente Trump, internalizó con su discurso, una especie de intocabilidad a grupos de supremacía blanca: los cuerpos policiacos, que ya antes gozaban de impunidad en sus prácticas brutales, ahora lo hacen con justificación política.

En el sexenio de Felipe Calderón fueron asesinados miles de ciudadanos por elementos policiacos y militares, las víctimas fueron en su mayoría los jóvenes. Foto: internet

Entonces, si de policía se trata, debemos ponderar siempre, la permisividad otorgada por las autoridades en turno. En México, durante el gobierno de Felipe Calderón, la policía tuvo licencia para matar, violar, desaparecer y torturar, no solo con la impunidad de toda la vida, sino con total, absoluta y terrible impunidad. En ese periodo, sabían que hicieran lo que hicieran nada ni nadie les iba a fincar responsabilidad jurídica alguna. Todo continuó igual con el gobierno de Peña Nieto, solo que, con el estilo de antes, que nada se vea, que nada trascienda a la opinión pública, la prensa chayotera supo muy bien ocultar todo, la finura de dandy del presidente, relamido y pulcro, contra la mano dura del entonces comandante supremo de caricatura. Las víctimas colaterales, las victimas silenciadas, las víctimas olvidadas, las no encontradas, las que jamás serán veladas. 

El joven albañil Giovanni, asesinado por las fuerzas policiacas del estado de Jalisco, también por policías azuzados a partir de un discurso de intolerancia y odio del gobernador Enrique Alfaro. Cada acción, hasta la fecha, proclamada por el mandatario, ha sido respaldada por las huestes derechistas. La principal llamada de atención, es, que la ciudadanía ya no está dispuesta a continuar bajo regímenes autoritarios. La obtusa percepción que la ultraderecha tiene del pueblo mexicano, hace más rápida la extinción del neoliberalismo. No entienden, no saben y no pueden lidiar con la transición política. Las protestas violentas, pese a que se invita a no realizarlas, son reflejo de un hartazgo que no se detuvo en los estados donde gobierna el prianismo. En la memoria colectiva, prevalece el por qué la votación se inclinó hacia la izquierda.  Ahora que el presidente de la república, no ha actuado en contra de la población, pese a provocaciones terribles, esas sí, promovidas por los ultraconservadores, principalmente en la Ciudad de México, la desesperación por ir perdiendo toda credibilidad con un discurso de doble moral, los ha llevado a la debacle política.

Manifestantes cargan pancartas en Guadalajara, Jalisco exigiendo justicia para el joven albañil de 30 años, asesinado por policías toturadores. En las calles gritan: ¡Giovanni no murió, la policía lo mató! ¡Alfaro, gobernador asesino! Foto: Fernando Carranza/ Cuartoscuro.

Enrique Alfaro, y el resto de los gobernadores, diputados y senadores de extracción prianista, están al borde de desaparecer en las elecciones del 2021, lo saben, y eso incrementa no solo la violencia y la paranoia, también la desesperación.

Ahora, en el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no es factible que las viejas prácticas terminen de la noche a la mañana, pese al respeto irrestricto a los derechos humanos proclamado por la 4T, las huestes corrompidas han sabido muy bien adoptar el discurso, pero en la práctica, continúan las vejaciones.

Las policías no pueden ser metidas en panoramas románticos de ninguna índole, en los regímenes capitalistas neoliberales, están para reprimir cualquier acción que atente contra su estructura de explotación. Proteger y servir a la comunidad, no tiene mayor trascendencia.

 

En nuestro país, cotidianamente, personas detenidas mueren a manos de las policías por exceso de fuerza, principalmente, ciudadanos de muy bajos recursos, gente que aún es vista como si fuese ínfima. Los más pobres, los más necesitados, los que acaban de entrar en el panorama de las políticas públicas de AMLO, pero que nos son tolerados por la ultraderecha, la oligarquía ancestral quisiera seguir observando a los más vulnerables como piezas desechables, como humanos de tercera categoría.

Entonces, lo que acaba de pasar en Estados Unidos, es recurrente también contra toda diversidad étnica, la hipocresía y la doble moral, los amigos del “mundo libre” proclamado en cada discurso, no es más que la artimaña del colonialismo. En medio de la pandemia, la gente de raza negra y latina, no tuvo miedo de salir a reclamar su justa posición como ciudadanos estadunidenses.

Trastocar una forma de vida y organización social, fundada en la desigualdad, no es tarea sencilla, lograr que la raza humana viva en plenitud sus garantías individuales, es aún un sueño lejano, pero no imposible. Tener derecho a la educación y a la salud, tan solo por ser ciudadano de un país, donde no se tenga miedo de transitar, donde no exista la posibilidad de criminalidad por tener resueltas las necesidades básicas, donde se viva en armonía con el medio ambiente, donde no se tenga miedo, donde se tenga la certeza de ser respetado, seas del color que seas. Luther King tuvo un sueño, Zapata un ideal, Benito Juárez también, Sandino una meta, Bolívar otro sueño; Che Guevara, Nelson Mandela Mahatma Ghandi y muchos otros humanos superiores en espíritu y bondad, han dejado sembrada una estela de esperanza, pero acompañada de asesinatos por sus detractores, por aquellos que se encargan de sepultar todo sueño de emancipación. Hoy, el mundo entero está de pie por el asesinato de un solo hombre inocente. George Floyd es estadounidense, el joven albañil Giovanni López es mexicano, ambos llevados a la tumba por un discurso de intolerancia y odio. El mundo debe finiquitar el odio, México debe culminar su cuarta transformación, Latinoamérica debe emanciparse del vecino del norte. 

La extinción de la humanidad no es tal, pese a la difusión apocalíptica a propósito, el planeta está en la posibilidad de renacer o retroceder, México es claro ejemplo, caldo de cultivo, termómetro de muchos factores socioculturales para el resto latinoamericano. Creer, en “la posibilidad positiva de la emancipación humana”, como Carlos Marx lo vislumbró en su filosofía dialéctica, es posible, siempre y cuando no demos marcha atrás en los cambios sustanciales hacia una libertad soñada por siglos. El oscurantismo mediático en el que vivimos, pareciera haber trastocado todo ideal y sueño, pero cada vez que observamos grupos enormes de personas, levantadas contra toda injusticia, no fundada en intereses políticos, abre la senda de los cambios profundos. El control global, a manos de unos cuantos, debe ser erradicada, comencemos en nuestra patria, quitando todo poder de decisión de nuestro futuro a los conservadores.

“la emancipación humana exige ante todo que se transforme el medio social que habita el individuo, y para ello hay que suprimir el beneficio y que el trabajador recupere y consuma su propio producto”

Felipe González

Imagen de portada: Los 8 minutos y 46 segundos de agonia de George Flyd: Foto: The New York Times/ internet

Los 8 minutos y 46 segundos de agonía de George Floyd