PLUMA DE NEÓFITO: La investidura presidencial

En dos mil dieciocho, los mexicanos y las mexicanas salimos a votar para elegir a un candidato que sería nombrado Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, o también conocido como Presidente de la República Mexicana y más comúnmente llamado El Jefe del Ejecutivo Federal. En aquella ocasión el electorado decidió que la mejor opción para ocupar tan honorable cargo fuera el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el licenciado Andrés Manuel López Obrador.

Y así fue (El Heraldo de México)

Ricardo Jiménez Reyna* / 4 Vientos / Imagen principal: Alto Nivel

Después de las elecciones, recibió una constancia de mayoría y obtuvo el título de Presidente Electo de los Estados Unidos Mexicanos. Posterior a esto, en una ceremonia solemne en el Palacio Legislativo, ante el Congreso de la Unión en Pleno, don Manuel López Obrador fue investido como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y, de ahí en adelante y hasta el dos mil veinticuatro, él no solo es el Jefe del Ejecutivo Federal sino también el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Mexicanas.

Solo deseo aclarar que, en aquella ceremonia, el señor López Obrador protestó ante los Diputados y Senadores lo siguiente: «Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande».

Bien, continúo. Al ser investido el señor Andrés Manuel López Obrador como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, asumió también las funciones y obligaciones conferidas por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que expresa el artículo 89 de nuestra Carta Magna, entre estos el siguiente:

«VI. Preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva, y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación».

Aquí surge una duda: ¿Qué se debe entender por seguridad nacional? La respuesta es sencilla- Se entiende por Seguridad Nacional lo expuesto en el artículo tercero de la Ley Federal de Seguridad Nacional el cual afirma y cito textualmente:

«Artículo 3.- Para efectos de esta Ley, por Seguridad Nacional se entienden las acciones destinadas de manera inmediata y directa a mantener la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano, que conlleven a: I. La protección de la nación mexicana frente a las amenazas y riesgos que enfrente nuestro país; II. La preservación de la soberanía e independencia nacionales y la defensa del territorio; III. El mantenimiento del orden constitucional y el fortalecimiento de las instituciones democráticas de gobierno; IV. El mantenimiento de la unidad de las partes integrantes de la Federación señaladas en el artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; V. La defensa legítima del Estado Mexicano respecto de otros Estados o sujetos de derecho internacional, y VI. La preservación de la democracia, fundada en el desarrollo económico social y político del país y sus habitantes».

Tal vez usted tenga una pregunta: ¿Qué relación existe entre el respeto a la investidura presidencial y la Seguridad Nacional? Bueno, antes de responder a esta pregunta quiero esclarecer otra pregunta: ¿Qué es atentar contra la Seguridad Nacional? Bueno, el artículo quinto de la citada ley afirma, y cito textualmente:

Foto: Twitter

«Artículo 5.- Para los efectos de la presente Ley, son amenazas a la Seguridad Nacional: I. Actos tendentes a consumar espionaje, sabotaje, terrorismo, rebelión, traición a la patria, genocidio, en contra de los Estados Unidos Mexicanos dentro del territorio nacional; II. Actos de interferencia extranjera en los asuntos nacionales que puedan implicar una afectación al Estado Mexicano; III. Actos que impidan a las autoridades actuar contra la delincuencia organizada; IV. Actos tendentes a quebrantar la unidad de las partes integrantes de la Federación, señaladas en el artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; V. Actos tendentes a obstaculizar o bloquear operaciones militares o navales contra la delincuencia organizada; VI. Actos en contra de la seguridad de la aviación; VII. Actos que atenten en contra del personal diplomático; VIII. Todo acto tendente a consumar el tráfico ilegal de materiales nucleares, de armas químicas, biológicas y convencionales de destrucción masiva; IX. Actos ilícitos en contra de la navegación marítima; X. Todo acto de financiamiento de acciones y organizaciones terroristas; XI. Actos tendentes a obstaculizar o bloquear actividades de inteligencia o contrainteligencia; Fracción reformada DOF 08-11-2019. XII. Actos tendentes a destruir o inhabilitar la infraestructura de carácter estratégico o indispensable para la provisión de bienes o servicios públicos, y Fracción reformada DOF 08-11-2019 XIII. Actos ilícitos en contra del fisco federal a los que hace referencia el artículo 167 del Código Nacional de Procedimientos Penales. Fracción adicionada DOF 08-11-2019».

Hasta aquí el planteamiento legal del cual soy un verdadero ignorante porque la única experiencia que tengo en materia de interpretación de textos, se reduce a mi participación a una que cursé durante dos años hace mucho tiempo, allá cuando fui estudiante en un Seminario Teológico en Puebla, materia que tenía un nombre muy raro: Hermenéutica, exégesis y crítica textual de la Biblia y por ende mis apreciaciones e interpretaciones de los textos citados pueden ser completamente erróneas, pero -y este pero es muy amplio y debatible- quiero partir del principio que hay certeza en mis puntos de vista.

Sobre la base de todo lo anterior quiero destacar las fracciones I a la V, X y XI del artículo quinto de la Ley de Seguridad Nacional y cito nuevamente:

«I. Actos tendentes a consumar espionaje, sabotaje, terrorismo, rebelión, traición a la patria, genocidio, en contra de los Estados Unidos Mexicanos dentro del territorio nacional; II. Actos de interferencia extranjera en los asuntos nacionales que puedan implicar una afectación al Estado Mexicano; III. Actos que impidan a las autoridades actuar contra la delincuencia organizada; IV. Actos tendentes a quebrantar la unidad de las partes integrantes de la Federación, señaladas en el artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; V. Actos tendentes a obstaculizar o bloquear operaciones militares o navales contra la delincuencia organizada;… X. Todo acto de financiamiento de acciones y organizaciones terroristas; XI. Actos tendentes a obstaculizar o bloquear actividades de inteligencia o contrainteligencia; Fracción reformada DOF 08-11-2019».

Ahora bien mi planteamiento hipotético: Desde mi perspectiva y sobre la base de mi leal saber y entender, siguiendo esta línea de pensamiento considero que los adversarios del señor presidente de los Estados Unidos Mexicanos, ya no pueden seguir siendo considerados como adversarios políticos sino como enemigos, no solo del señor presidente, sino de México porque, en lugar de utilizar argumentos válidos para debatir ideas políticas del primer mandatario de la nación, sus palabras, ideas, decisiones y acciones están enfocadas no solo a desprestigiar la Investidura Presidencial sino también a desestabilizar al país. Y si esto no es un atentado contra la Seguridad Nacional y la Democracia, entonces no sé qué es porque, hasta el momento, los enemigos de López Obrador y de todo el país han dirigido sus acciones a desvirtuar, provocar inconformidad, desinformar, atemorizar, dividir y proteger intereses de particulares.

Y aquí expreso mis razonamientos.

1ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México están empeñados en desvirtuar la imagen y la investidura del señor Andrés Manuel López Obrador como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos- Está clara la falacia llamada «ad hominem» (dirigido contra el hombre, contra la persona): razonamiento que en lugar de presentar razones adecuadas para rebatir una determinada posición o conclusión, se ataca o desacredita la persona que la defiende. Sobre esta base, los adversarios del señor presidente intentan provocar inconformidad y así desestabilizar de tal forma al país para que ellos, en determinado momento, sean los mesías, los redentores del pueblo; pero esto no solo es irracional, también es una amenaza. Lo que no están tomando en cuenta los enemigos del presidente y de la República Mexicana es que, con esto, también están desvirtuando la decisión popular que eligió libremente a la persona que sería el jefe del ejecutivo federal.

2ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México están enfocados en provocar inconformidad, desaliento y desestabilización en las masas populares para generar así división, agitación, contrariedad y agresión no solo contra la persona y la investidura del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, sino también contra sus instituciones, sus leyes y sus representantes. Aquí está clara la falacia llamada «ad populum» (Dirigido al pueblo provocando emociones): razonamiento o discurso en el que se omiten las razones adecuadas y se exponen razones no vinculadas con la conclusión, pero que se sabe serán aceptadas por el auditorio despertando sentimientos y emociones. Es una argumentación demagógica o seductora.

3ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México están obcecados en Generar desinformación en el grueso de la población al manipular, tergiversar, desvirtuar, falsear, viciar y deformar toda la información no solo proveniente del señor presidente, sino también de la mayoría de los miembros del gabinete presidencial encargados de la ejecución de los actos de gobierno que buscan, en esencia, la unidad, el progreso, el desarrollo y la estabilidad nacional. En este punto juegan un papel muy importante no solo los medios de comunicación, sino también los propios comunicadores y oponentes del presidente; aquí se puede observar claramente la falacia llamada «El Hombre de Paja o El Espantapájaros», muy famosa por su estructura entre los medios de debate y análisis de las ideas pues en este razonamiento se caricaturizan los argumentos del oponente, tergiversándolos o exagerándolos y de esa forma se intenta demostrar que, nuestro presidente, no está haciendo lo correcto.

Collage: Ícono

4ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México están aferrados a infundir temor, miedo, intranquilidad, inseguridad y desestabilidad no solo en los ciudadanos mexicanos, sino también en todas las instituciones del Gobierno Federal y sobre todo, enfocar acciones concretas contra la Investidura Presidencial porque de esa forma, al debilitar a la cabeza del Poder Ejecutivo definitivamente también debilitan a las bases; en estas acciones queda clara las falacias «Ad Verecundiam» (dirigido al respeto o a la autoridad) se alude al prestigio de la persona que emite el argumento (en este caso los especialistas que defienden la postura de los opositores del señor presidente) y se critica a quien lo discuta y «Ad baculum» (que apela a la fuerza o al temor). Este razonamiento sostiene la validez de un argumento basándose en la fuerza o en la amenaza, pero sin aportar razones. Y este es que actualmente están utilizando algunas senadoras y senadores contra López Gatel y otros actores de la administración pública federal.

5ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México están dispuestos a motivar la división de las partes que integran la República Mexicana y así alentar acciones contra el propio Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y lograr, en determinado momento, que sea destituido de su cargo; esto lo puedo observar en la reunión que celebraron en Colima los gobernadores Miguel Ángel Riquelme Solís, de Coahuila; Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, de Nuevo León; Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas; Silvano Aureoles Conejo, de Michoacán; José Rosas Aispuro Torres, de Durango; Enrique Alfaro Ramírez, de Jalisco, y José Ignacio Peralta Sánchez, de Colima.

Es alarmante observar que los siete gobernadores son los mandatarios de los estados donde operan algunos de los cárteles más violentos y sanguinarios del país. Por ejemplo: El Cártel del Noreste, El Cartel de Los Metros, El Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Colima, lo cual puede significar que la decisión de boicotear y oponerse al semáforo COVID-19 y anunciar la reactivación económica no fuera solo una decisión gubernamental para fortalecer la economía de sus entidades, sino también para beneficiar a los cárteles en cuestión; entonces sería muy ingenuo creer que los citados dirigentes estatales lo hicieron para apoyar el desarrollo y crecimiento de sus comunidades porque, en definitiva, pienso que aquí, en este punto, hubo mano negra y esa mano negra se llama narcotráfico.

Me atrevo a calificar como «boicot» estas acciones de los mandatarios estatales porque a las cosas debo llamarlas por su nombre y no maquillarlas, ya que si estas acciones no son acciones de boicot, entonces no sé qué son.

Como también debo decir que es por todos conocidos que Durango es el principal productor de Amapola en el país, como Michoacán lo es de Marihuana y que Jalisco es la sede del Cártel Nueva Generación y Colima uno de los principales productores de Metanfetaminas y que Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas son los estados por los cuales los carteles Noreste y Los Metro realizan sus operaciones de envío de droga hacia Estados Unidos e introducción de armas y armamento ilegal al país y que, la mayor parte de dicho armamento es utilizado incluso por los movimientos armados del suroeste de México.

Entonces puedo concluir que esta simple acción no solo es un atentado contra la seguridad nacional, sino también es una acción que violenta las fracciones del capítulo quinto de la Ley de Seguridad Nacional relacionadas con el combate al narcotráfico.

Está por demás decir que tres de los cuatro cárteles arriba citados, durante el mes de marzo pasado estuvieron en la lista de las posibles organizaciones criminales mexicanas que Donald Trump pretendía considerar como organizaciones terroristas.

Aquí está precisamente el problema. Es necesario que, por motivos de Seguridad Nacional, estas agrupaciones delictivas deben ser consideradas o como movimientos armados clandestinos, o como organizaciones terroristas nacionales porque, al final de cuentas, son los cárteles de la droga los que tienen el control de por lo menos más de la cuarta parte de los estados que integran la República Mexicana. Y cito las entidades federativas: Baja California, Sinaloa, Sonora, Jalisco, Michoacán, Durango, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero, Colima y Baja California Sur.

Los siete Gobernadores del PRI, PAN, PRD y MC anti AMLO (Imagen: Polemón)

Estos trece estados son controlados por el crimen organizado y cuentan con el poder económico suficiente como para financiar y organizar acciones armadas contra el Estado Mexicano, como también pueden orquestar atentados contra funcionarios públicos tanto de elección popular como por designación.

También pueden manipular a los medios de comunicación, pueden sobornar y amenazar a miembros de los poderes judiciales de las entidades donde operan, e incluso pueden presionar a miembros del Poder Judicial de la Federación y, por supuesto, pueden apoyar a políticos y políticas mexicanos y extranjeros para que no solo se opongan al señor Presidente de la República, sino también realizar campañas de desprestigio a la Investidura Presidencial y así lograr su objetivo: volver a tener el control total del Gobierno Federal.

En esta ocasión se sumaron siete de los trece estados con dominio de los cárteles. Faltan seis, pero en Baja California -comandada por Jaime Bonilla Valdez- se está orquestando un boicot a la democracia y eso también puede ser considerado como una acción de los grupos criminales para debilitar al federalismo mexicano.

El problema que observo es sencillo: Los cárteles del país están buscando que todos los estados que tienen bajo su control se unan políticamente para, entonces, poder accionar contra el Gobierno Federal.

Existen muchas formas de asesinar a una persona que obstaculiza. No necesariamente con violencia física, sino también con violencia moral y psicológica. Entre estos métodos está el desprestigio: el desprestigio social, el desprestigio moral, el desprestigio económico, el desprestigio político y el desprestigio gubernamental y la herramienta por excelencia para lograr esto es la desinformación, la tergiversación de las palabras y las acciones; pero cuando esta campaña de desprestigio está enfocada a destruir al Primer Mandatario de la Nación, a esto no se le puede llamar de otra forma más que por su nombre: Atentado, y como tal, como un atentado contra el Presidente, se debe considerar como una flagrante violación a la Ley de Seguridad Nacional y es necesario tomar acciones radicales.

6ª. Los enemigos del señor presidente y de todo México, con sus acciones y sus palabras, están dirigidos a defender los intereses no solo de los grupos de poder político y económico en México, sino también de intereses extranjeros porque, con el simple hecho de utilizar sus recursos para desprestigiar y desvirtuar la Investidura Presidencial que ostenta Andrés Manuel López Obrador, por medio de diversos medios de comunicación internacional, el mensaje que se está mandando a otras naciones del mundo es una información errónea de México y eso, aunado a que es muy probable que existan brotes de violencia en el país -y no me refiero a la guerra entre los carteles, sino a las acciones de grupos armados perfectamente organizados que han sido financiados durante décadas por los carteles y otras agrupaciones nacionales y extranjeras, principalmente por la CIA, la DEA y NSA-, pueda provocar un estallido social y así motivar acciones de intervencionismo militar por parte de potencias extranjeras en territorio nacional, sobre todo de Estados Unidos.

Quizás algunos de ustedes mis estimados lectores consideren exageradas mis apreciaciones e incluso me puedan tachar como un fanático de la teoría de la conspiración, pero desde que tengo conciencia y memoria política -desde que Gustavo Díaz Ordaz era presidente-, toda mi vida he escuchado que los grupos de poder político, económico y criminal de México solo trabajan a favor y en pro de los intereses de Estados Unidos.

Conforme pasa el tiempo me he dado cuenta que esto es un hecho, una realidad, una verdad en mi patria. Y también me ha quedado muy claro que estos grupos de poder están dispuestos a no permitir que los mexicanos tengan a un hombre o a una mujer que los guíe por el camino del progreso, del bienestar, del desarrollo, Normalmente lo eliminan. Tal vez no con balas, pero sí con desprestigios, sí con accidentes, sí con violencia.

Imagen: Ellos y Nosotros

Solo me resta decir lo siguiente a manera de conclusión: En México está garantizada la libertad de expresión de las ideas; en México está garantizada la libertad de imprenta y prensa; en México están garantizados los derechos humanos, en México está garantizado el derecho a debatir, disentir y oponerse no solo a la ideología de los gobernantes, sino también a las decisiones de gobierno; pero -y este pero es igualmente tajante y enfático- cuando todos estos derechos son utilizados para desestabilizar a una nación, entonces no sse trata de ejercer derechos. Son acciones que atentan contra la seguridad nacional.

Para finalizar, y a tono con todo lo expuesto, deseo puntualizar lo siguiente: No soy Lopezobradorista ─Dios me libre de semejante herejía—, mucho menos morenista, priista, perredista, panista, petista ni algo parecido.

Tampoco soy chairo, neoliberal, derechairo, comunista, socialista, capitalista, izquierdista, rojillo, derechista. Nada de eso. Pero quiero dejar muy claro lo siguiente: A mi presidente lo respeto y exijo respeto para él. ¡Ya basta de tantas ofensas, de tantas calumnias, de tantas salvajadas! Lo que sí soy: Soy Mexicano y como tal tengo derecho a disentir, pero con respeto.

*Editor, redactor, escritor, columnista, periodista y crítico político independiente.