APARADOR: El duelo como normalidad.

El duelo que atravesamos, si bien es poco agradable, es necesario. La “nueva normalidad” de la que seremos testigos después de lo que estamos experimentando una vez que volvamos a actividades presenciales implicará, nuevamente, un ajuste.

Alfonso Jiménez / A los 4 Vientos

En el mundo pandémico que ahora nos toca vivir nos encontramos sumidos en un sube y baja, en la búsqueda de nuevos significados de nuestra realidad. Estamos inmersos en el ruido mediático de historias de apocalipsis económico, el temor a la enfermedad y aquellos relatos de esperanza, de “héroes sin capa” tradicionalmente olvidados por la sociedad.

En medio de todo eso el periodo de cuarentena de la sociedad ha sido y seguirá siendo un duelo. Un momento de procesamiento por la pérdida de lo que era la vida anteriormente, de los planes y sueños por cumplir durante el 2020, y, por supuesto, de las muertes asociadas a la enfermedad.

Fantasiosamente se habla de un regreso a la “nueva normalidad”. Frase falaz de una vuelta a algo que nunca ha existido, pero que representa muy bien el imaginario social que impera actualmente; en el que buscamos volver a lo que se tenía, pero renovado.

Siempre hemos vivido en la nueva normalidad, y aunque el presente ha sido novedoso, tiene el olor de algo ya conocido. Incluso antes de la pandemia, lo normal no era más que el presente vivido. En estos días de cuarentena le llamamos “nueva” para manifestar de manera positiva el deseo de salir del proceso de duelo que experimentamos y al que solemos llamar cuarentena.

Buscamos llegar a una especie de normalidad fresca una vez que las autoridades sanitarias nos indiquen que salir es más seguro de lo que puede ser ahora; incluso ya López-Gatell hablaba en una entrevista de la posibilidad que la vida nunca vuelva a ser como antes. Pero esa añoranza de una normalidad fresca es una ilusión, una especie de manifestación de la esperanza.

Ya en otra reflexión he discutido la posibilidad de que la esperanza no sea más que un reflejo de vivir en un estado constante de incomodidad con la propia vida (link). Ahora, esa intención de trascender el bache que la pandemia representa en la vida humana se manifiesta en los discursos de la “nueva normalidad” con sensación esperanzadora, y charlas sobre cuándo será el momento en que volvamos a actividades, a salir a tomar un café o una cerveza, o que nos abracemos al vernos. Estos ideales son manifestación de la inconformidad frente a que la vida no volverá a ser lo que era; pero, además, esa sensación de hastío cuarentenoso que posibilita que se manifieste la esperanza es justamente la nueva normalidad.

Lo “normal” ahora es el duelo, que surge al saber que el tipo de vida que se tenía tendrá que cambiar en todo sentido. Eso es una pérdida, y no es menor. En tiempos pre-pandémicos no estábamos acostumbrados a lidiar con la nada y el hastío, por lo que ahora no podemos soportar un periodo de aislamiento que nos orille a estar con nosotros mismos. Para los antiguos griegos este periodo sería maravilloso, ya que por fin tendríamos tiempo de dedicarnos a la vida contemplativa. Aceptémoslo, lo normal ahora es la pérdida, ya tendremos tiempo de replantearnos la vida (o no, en medio del barullo que siempre es).

La vida es reconfiguración, es ponerse a prueba, es voluntad. Eso no se ha perdido. Lo que hemos perdido son bienes de otro tipo, particularmente los simbólicos. El duelo que atravesamos, si bien es poco agradable, es necesario. La “nueva normalidad” de la que seremos testigos después de lo que estamos experimentando una vez que volvamos a actividades presenciales implicará, nuevamente, un ajuste.

Tengamos paciencia. Dejemos que el aburrimiento fluya, al igual que las frustraciones y tristezas. En un periodo de duelo de lo más natural. Aprendamos a lidiar con el hastío, que es el motor mismo de la voluntad. Por supuesto, para eso se requiere la aceptación de que lo normal es la pérdida, y no la esperanza que nos funciona como aliciente y fuga de la reflexión.

Seguramente pensemos que las cosas han cambiado y jamás volverán a su estado original, pero en realidad, la vida y sus circunstancias han sido siempre constantes reconfiguraciones y duelos. La única diferencia es que ahora la vida nos está forzando a vernos en el espejo. La “nueva normalidad” es el duelo de la vida pre-cuarentena, pero ese duelo también es suyo, como lo ha sido su historia y será su futuro.

Lo invito a adoptar esta nueva normalidad, yo también haré lo propio.