SALTO CUÁNTICO: Luisito y los empresarios (PARTE 2)

“Llega un momento en el que ya no se sabe qué pensar, en el que ya no se puede más.”

Frase de «Teatro completo», Max Aub.

Luisito observa cada acción tomada y discutida desde que su director, ahora Secretario de Educación, le dijo que le iba dar una beca alimentaria. Luisito acude a diario a su escuela y va a la cafetería para pedir sus alimentos, un burrito y un jugo. Claro que ambos víveres no son suficientes para calmar el hambre acumulada, mientras que todos discuten la mejor manera de alimentar a Luisito. Él no alcanza a ver el día que abran una cafetería con un comedor enorme y decente como lo propuso su ex director.

Foto: Impacto.mx

José Luis Treviño Flores / 4 Vientos / Foto principal: Polemón.

Las elecciones aun no son, faltan 5 años y para entonces ya habrá terminado la secundaria y la prepa, entonces no ve posibilidades de lo prometido. Todas las escuelas del país están en las mismas condiciones, solo muy pocas tienen algún que otro comedor decente, pero no como en los países ricos, donde se sirve de todo y balanceado, los estudiantes no se tienen que preocupar por el estómago, Luisito se enteró que, en algunos pueblos del mundo, incluso las universidades son gratis y con comida también, dormitorios y muchas cosas gratis para que se preparen sin problema, y así hacer sus países más grandes y productivos.

Luisito sigue y sigue observando debates, discusiones, juntas, propuestas, peleas y nada pasa, no parece haber solución a nada, los empresarios y políticos contrarios a su ex director ponen trabas monumentales a cada solución efectiva que éste propone, agregando la difusión maliciosa de los medios de comunicación, que se encargan de vituperar al Secretario de Educación.

Los jovencitos igual a Luisito, comienzan a darse cuenta del problema en que viven, llegaron a la conclusión de que en realidad no tienen garantizado casi nada para su futuro, aparte de que no comen bien, una, porque en casa no alcanza, dos, porque en la escuela no se les ayuda.

Luisito está cansado de caminar todos los días a la escuela con el estómago vacío, a diario, las pandillas que se encuentra en el camino le roban los 10 pesos que en ocasiones le da su mamá, a la que casi no ve porque trabaja doble turno en la maquiladora.

Está harto de ser golpeado por su padrastro, está cansado de que lo golpeen los otros Luisitos que se encuentra y le exigen que se vaya con ellos. La gota que derramó el vaso de su ya gastada paciencia, fue que el responsable de atender la cafetería, le dijo que ya no iba a recibir el burrito y el jugo, porque recortaron todas las becas el concesionario.

También ese día no llevó ninguna tarea, le dieron un recado para que fuera su madre a ver qué pasaba; Luisito sabía que ni su mamá ni su hermana mayor iban a ir, trabajaban todo el día.

Foto: Internet

A la mañana siguiente decidió no entrar a la escuela y se fue con los otros Luisitos, le dieron un cigarro y lo retaron a fumarlo todo, pese a toser mucho lo hizo, luego le dijeron que se tenía que pelear con otro, pero no, entre 5 Luisitos, lo patearon hasta dejarlo casi inconsciente. Fue su iniciación, después de esa tarde ya no entró más a la escuela, se iba directo con los demás Luisitos.

A la semana se acercó una camioneta negra con un tipo muy intimidante, le dijo que era bienvenido y que se iba aparar en una esquina, con un celular que le dieron, que estuviera atento a todo movimiento, que avisará cuando pasara la policía y le dieron también una foto de alguien, si lo veía, avisara pronto.

Luisito recibía quinientos pesos a la semana por estar parado 10 horas diarias en una esquina, aunque debía moverse de vez en cuando a la tiendita, o a la vuelta para no verse sospechoso, le dijeron. Fumaba y compraba burritos, ahora sí, chucherías, refrescos y una que otra cerveza que le llevaban por cincuenta pesos. Ya no tenía hambre y dejaba doscientos pesos en la mesa para su madre que no preguntaba mucho, Luisito le decía que ayudaba en las segundas a un señor antes de ir a la escuela. Era muy importante que usara el uniforme para no parecer pandillero.

En una ocasión vio al tipo de la fotografía, llamó por teléfono y avisó de inmediato. A los pocos minutos la camioneta negra se hizo presente, desde dentro dispararon al de la fotografía, lo mataron, Luisito se quedó inmóvil, aterrorizado. El hombre de la camioneta le hizo una seña tipo militar y le cerró un ojo. Sin moverse, estático, como ido, estuvo así no supo cuánto tiempo. Escuchó a lo lejos, que en realidad era muy cerca, a uno de los otros Luisitos que le decía debía irse rápido porque iba llegar la policía.

No supo cómo llegó a su casa, se acostó y soñó toda la noche con sangre. Por la mañana la televisión estaba encendida, escuchó que el secretario de educación, había sido removido de su cargo, los concesionarios habían ganado. Tocaron la puerta, un Luisito le dio un sobre, dentro había dos mil pesos y un recado que decía: «te los ganaste.»

Luisito supo que no había salida, que nadie le iba a ayudar nunca, su padrastro no lo iba dejar de golpear, su madre y su hermana trabajaban demasiado y no iba a darles más problemas, mejor iba a estar fuera todo el día. Cuando su madre se dio cuenta que había sido dado de baja en la escuela y que nunca pudo atender llamadas de teléfono, porque, o no traía saldo, o estaba trabajando.

Foto: El País

Su hermana y su mamá le dijeron que siguiera en las segundas, como él les dijo, sacas más ahí que en la escuela que ni le interesaba. Así pasaron los meses y los años, Luisito paso de vigilar a matar. Un día, mientras caminaba, le dispararon. Todos los Luisitos fueron a su funeral, Antes de morir,se enteró que uno de los de la camioneta era un empresario que tenía muchos negocios y cafeterías, le dolió mucho saber que nunca estuvo a salvo de nada. Pensó, ¿y si su ex director hubiese logrado ganar la batalla? No tuvo más tiempo, murió. Su madre y su hermana realizaron una colecta para pagar el funeral, en la esquina está un nuevo Luisito.

Piensa que existen personas, personas que tienen sueños de transformar, de cambiar las cosas. Piensa, escucha las voces de los soñadores, los que quieren terminar con la avaricia y el dolor.

Ahora piensa que Luisito es tu hijo.

“Únete a nosotros con tu voz imposible, ¡Tu voz!, único adulador de esta vil desesperanza.”

Frase de «Iluminaciones» Arthur Rimbaud