La ira de los gatos pardos

El ardor que hoy los consume es visto por el pueblo con mucha pena ajena.

Jesús Sosa Castro/ 4 Vientos

Ya chole con los pelafustanes de la política. Lo único que aportan al debate nacional son mentiras, odios y bilis. En su existencia como clase social, no han aportado nada positivo a la nación ni a la humanidad. La riqueza material y económica, siempre ha provenido del trabajo y del sacrificio de los obreros, campesinos y empleados. Su dinero no produce dinero, es el trabajador el que les ha llenado los bolsillos. Lo invierten en industrias de muerte, desde comida chatarra hasta en matones profesionales. En palacetes, bienes de lujo o en instrumentos de control político y social.

Los señores del dinero son los capataces, los expropiadores del esfuerzo ajeno. Si habláramos de la Independencia, la Reforma o la Revolución, los ricos se opusieron a las transformaciones. Lloraban por mantener sus privilegios, el gatopardismo. Los de ahora, con menos pudor, quieren derrocar a AMLO para volver al status quo. La oligarquía nunca ha mirado por el pueblo, su fuerte ha sido robarse las riquezas de la nación y la de los pueblos originarios donde está lo mejor de nuestras tradiciones y culturas.

Diego Fernández de Cevallos (PAN) y el exprediente priista Carlos Salinas de Gortari, afinidad. Foto: internet

Durante estas tres grandes transformaciones, la vileza, la ambición y la arrogancia de estos derechosos, sólo fueron derrotadas por un pueblo armado porque ya estaba harto de ellos, de sus políticas corruptas, de su avaricia y de su arrogancia como clase social. Siglos después, los nietos y bisnietos de esa misma derecha, más prepotentes y comprometidos con sus intereses de clase, están haciendo todo lo posible para impedir que el presidente, que llegó con el apoyo del 53 % de los electores, pueda desarrollar un proyecto de gobierno en el cual ya no están los intereses de los camajanes sino los de los grandes sectores populares que estuvieron marginados por los gatos pardos de hoy.

Claudio X. González (junior) poderoso empresario y el expresidente Felipe Calderón, a la vanguardia de la oposición antiAMLO. Foto: internet

En su lógica elemental, pensaron que al presidente podían controlarlo y sujetarlo a sus viejas prácticas políticas para que ellos siguieran haciendo más grandes sus fortunas y su dominio, control y mando sobre el pueblo mexicano. ¡Se equivocaron! Su ignorancia y su clasismo no les permitió tomar la debida temperatura a los sentimientos del pueblo. No solo fue el hambre, el desempleo, la marginación en la que por décadas ultrajaron la dignidad de la gente, ¡NO! Lo que llevó a la derrota electoral a los nostálgicos golpistas, fue el hartazgo, el despertar de la conciencia popular, el espíritu de clase, lo que llevó al pueblo a dar por terminada su arrogancia y su soberbia. Fue el desprecio de los obreros, los campesinos, los indígenas, la clase media y la juventud, lo que cerró el camino a los potentados para impedirles que siguieran con sus políticas corruptas

El ardor que hoy los consume es visto por el pueblo con mucha pena ajena. Su campaña para derrocar al presidente, aduciendo que no está gobernando bien, no solo es una calumnia, es, eso sí, la demostración de que estos golpistas de pacotilla son incapaces de articular una propuesta política coherente que haga contrapeso al proyecto de la cuarta transformación.

La verdad, Sancho, los perros le ladran al presidente porque ven que éste va caminando con la gente y con su proyecto de nación. La conducta y la miseria políticas de la derecha son resultado de la debacle que vive. Si la oposición panista, empresarial y chayotera fuera más inteligente, si tuviera la capacidad para tomarle el pulso a los sentimientos del pueblo, si tuviera el conocimiento que tiene el presidente de sus necesidades y demandas, si la derecha no fuera tan ignorante y mezquina; era para que a estas alturas ya se hubieran dado cuenta que ella no tiene propuesta de gobierno, que se mueve en su propia basura y que esto, la está llevando a otra derrota más ignominiosa. Su pueril demanda de derrocar al gobierno a través de un golpe blando o con la revocación del mandato en 2022, es un sueño guajiro del que se pitorrea la mayoría de la gente.

Lo que debe hacer la oposición es serenarse, amarrar a sus perros o darles sus croquetas. Su empeño de atajar el trabajo del presidente, de desacreditarlo, de ofenderlo y de intentar lincharlo políticamente para recuperar sus espacios y privilegios perdidos no lo van a lograr. El jefe del Estado tomó en sus manos las necesidades de su pueblo y las está atendiendo con oportunidad y eficiencia. Ninguno de los gatos pardos que quieren volver al pasado corrupto, tiene los tamaños, el respeto y el apoyo que López Obrador tiene de su gente. Soñar que lo van a derrocar es solo un chiste grotesco de los que añoran la robadera. ¡Serenense, les puede salir el tiro por la culata!