CLANDESTINO: La vida en un volado

Este sábado 11 de Abril,  el Consejo de Salubridad, máxima autoridad de Salud en México, publicó en su página de Internet y con acceso público, un documento que será clave para determinar quién vive y quién muere en estos tiempos de COVID-19. Así de plano.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ 4Vientos

El mencionado Consejo en su “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” y que  entrará en operación en el país si la atención hospitalaria de México se “sobrepasa” o “está cerca de ser sobrepasada”, consiste en 11  páginas de terror; algo que todos tenemos miedo y ya hemos visto en otros países… Algo que el mismo presidente teme y yo creo, que  por eso llegó  a un acuerdo sin precedente con hospitales privados que cederán al gobierno  la mitad de sus camas disponibles, unas 3 mil. Fundación Mexicana para la Salud,  ya había dicho que lo harían con un precio “a costo” sin ganar dinero (aunque la atención en un hospital privado vs. el IMSS es 50% más caro).

Informe oficial al 14 de abril de 2020

Esta Guía, establece que en cada Hospital designado para recibir pacientes contagiados con Coronavirus,  deberá tener un «Comité de Triaje», (TRIAJE, es un método que permite organizar la atención de las personas según los recursos existentes y las necesidades de los pacientes) y son quienes decidirán cómo asignar los insumos limitados en caso de que sea necesario. El Comité, tomará en cuenta un sistema de puntaje para decidir qué paciente deberá usar el equipo, por ejemplo, un ventilador. De acuerdo con el sistema, entre más puntos tenga el paciente, menores serán sus posibilidades de acceder al equipo. Al fin de cuentas, resuelven a qué pacientes debería de darse prioridad sobre los que tienen menor posibilidad de sobrevivir; en caso de llegar a esa situación, para lo cual se tomarán en cuenta factores como la edad, sexo y enfermedades asociadas y en caso de empate, incluso el azar.

En dichos comités de Triaje no podrán participar médicos ni personal que atienda directamente a los pacientes. El objetivo es «evitar los conflictos de intereses en la asignación de recursos, mantener la equidad procedimental en la toma decisiones sobre a quién se admite a la Unidad de Cuidados Intensivos y a quién no se admite a estas Unidades y evitar la angustia moral al personal de salud a cargo de pacientes críticamente enfermos, al quitarles la responsabilidad de las decisiones de “Triaje».

«Si recurrir al principio de vida-completa no desempata a los pacientes entonces la decisión sobre quién recibirá acceso a los recursos escasos deberá de tomarse al azar (por ejemplo, lanzando una moneda)», un volado, pues. La cosa no termina ahí. A lo largo del tratamiento el Comité de Triaje,  realizará evaluaciones periódicas del estado de los pacientes para decidir si deben seguir utilizando recursos limitados, como un ventilador.

Médicos y enfermeras del Estado del México se manifiestan en demanda de equipo para atender la epidemia de Covid19. Foto: imagen WhatsApp.

Este es el desgarrador dilema ético que los médicos de cuidados críticos, las enfermeras y los funcionarios de salud pudieran enfrentar a medida que aumentan los casos de coronavirus y los hospitales se vean abrumados. Nuestras autoridades en Salud, se deben estar preparando para una oleada de pacientes críticos que podrían obligarlos a racionar respiradores, camas de cuidados intensivos y medicamentos antivirales. Decisiones dolorosas como estas y que se han tomado en Italia, donde más de 3.400 personas murieron mientras que miles de pacientes críticos se apiñaban en los pasillos de hospitales y los médicos convirtieron  sus quirófanos en salas de terapia intensiva improvisadas.

Sin embargo, esta Guía se basa en dos supuestos dudosos al hacer una distinción entre ética de salud pública y ética clínica y enmarcan estas decisiones en términos de salud pública. Esta diferenciación está destinada a centrarse en el bienestar de la población general en lugar de aquellos pacientes individuales, hacia los cuales los médicos tenemos una responsabilidad moral. Esto justifica la toma de decisiones basadas en “el mayor bienestar para la mayor cantidad posible”, incluso si ciertas personas pueden sufrir a partir de ello. El error  de este tipo de pensamiento,  es que enmarca incorrectamente estas decisiones de Triaje como asuntos de salud pública. Los médicos y enfermeras, cumplimos una función clínica y debemos tomar decisiones clínicas. Las políticas de salud pública tratan sobre la prevención de enfermedades y utilizan estrategias comunitarias generales como “sana distancia ó aislamiento domiciliario”. Los médicos no debemos estar  destinados a ocuparnos de esas políticas de salud pública sino, más bien, de decisiones de tratamiento individual.

Priorizar la “expectativa de vida” con el único fin de dar al joven la oportunidad de envejecer,  es una decisión social, no clínica, tanto como cualquier otra que debamos tratar de evitar. Hoy, que nos vemos aterrados para que no haya una gran masa de personas enfermas al mismo tiempo, sino una propagación más lenta de la enfermedad, lo que evitará el colapso de nuestro sistema sanitario, estas reflexiones son vitales, porque es muy posible que nos veamos enfrentados a tomar este tipo de decisiones morales.

Decisiones difíciles…