MUSA VERDE: La vida con Covid-19

Para los que vivimos la segunda mitad del siglo XX, el mundo ideal era la promesa del siglo XXI. Un mundo igualitario, con mejor distribución de la riqueza, sin ataques a los derechos humanos y, por ende, paz mundial. Sin olvidar una vida en armonía con la naturaleza. La realidad es diferente.

Horacio de la Cueva / 4 Vientos / Foto principal: Amnistía Internacional.

Como dijera Marx, hay un fantasma que amenaza a todo el mundo. Pero no es un fantasma, es una realidad del siglo XXI: Covid-19. Me equivoqué en una columna anterior, diciendo que en el lenguaje de la Organización Mundial de la Salud no existía el término pandemia. Quedo desmentido.

Los virus no son, ni fueron castigos divinos o consecuencias del karma. No se les considera vivos pues no pueden reproducirse por sí mismos. Invaden las células para secuestrar su aparato reproductor y así multiplicarse y encontrar otras células donde continuarán el ciclo. Son ubicuos, pero, en general, la higiene simple previene su propagación. Por eso la insistencia en las medidas de limpieza de manos y objetos. Sus métodos de transmisión son limitados, aunque efectivos. Razones para seguir las sugerencias de distanciamiento social.

Como biólogo que se sorprende por la evolución y sus productos, la variedad de seres vivos y sus formas de manifestarse, la fuente más importante de la evolución es la variabilidad. El surgimiento de Covid-19 es una expresión más, y muy efectiva.

Una mutación de este virus tuvo dos características que lo convirtieron en pandemia. La primera es la mutación que le permitiera entrar en las células humanas, la segunda su características de transmisión, su periodo de incubación es largo y aparentemente asintomático y viaja fácilmente en el aire.

Así, es fácil que se transmita entre humanos, pero la pandemia no la creó el virus. Somos el factor principal de dispersión. Nuestra capacidad de movernos en aviones a grande distancias y en tiempos cortos nos ha permitido cargar y dispersar el virus a todo el planeta. Somos portadores y víctimas. Es nuestra responsabilidad solidaria resolver el problema.

Foto: Infofueguina

Mi punto de vista solidario y humanista queda sorprendido ante la facilidad y velocidad con la que se transmite el Covid-19. Cada vez sabemos mejor que parece no discriminar por sexo o grupo de edad. Personas de los grupos de edad considerados no susceptibles, como los milenials, han sido hospitalizadas.

Desafortunadamente sólo conociendo un mayor número de casos conoceremos más sobre su patogenicidad y sabremos si es estacional. Podemos esperar que con el tiempo el virus atacará principalmente a los más vulnerables ya sea por su edad o status social. Hablar del número de infectados por país o región es ocioso, los números cambian cada hora. Sigue habiendo más infectados nuevos que aquellos que han sido dados de alta.

Cada una de las posibles víctimas del Covid-19 sufre de lo mismo. “A mí no me pasará” y por lo tanto no se cuidan. Comportamiento perfecto para transmitir un virus que ha probado ser tan eficiente en su transmisión por cercanía o por tocar superficies. Podemos sacrificar hasta un mes sin socializar con tal de que el virus no ande a salto de mata, o de pulmón en este caso.

Mientras tanto se desarrollan vacunas a tiempos acelerados. Dos meses después de que se describe el genoma del virus en China, ésta quiere empezar con las pruebas en humanos. Los hospitales y los países se preocupan por que no tienen suficientes camas y respiradores. La solución, inteligente, es disminuir la tasa de encuentro. La propuesta, casi universal de todos los gobiernos, de confinar a los ciudadanos a sus casas es lo mejor.

Los gobiernos han mostrado su verdadera ideología. España e Italia creen que regresar al totalitarismo es la única forma de controlar a los ciudadanos, tal y como lo hizo China. Estados Unidos e Inglaterra prometen aventar mucho dinero, primero a la industria dejando por último a una clase trabajadora que carece de protección alguna. Canadá hace lo mismo. Muchos países cierran sus fronteras. Trump, racista, cerrará nuestra frontera, no la del Canadá.

Me queda por ver una acción concreta y bien encaminada por el gobierno de México.

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdéz y el secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa. ¡Viva la Comisión de la Verdad! Que beba Mexicali, dejemos a Constellation sin agua. Sólo dos años de Gobierno en BC. Apoyo a G Sheridan y H de Mauleón.

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