¿Es realmente culpable el neoliberalismo del alto índice de feminicidios en el país?

Recientemente el Presidente de la República culpó al neoliberalismo de los altos índices de inseguridad que se viven en el país y que, a poco más de un año de iniciado el gobierno de la 4ª. Transformación (4T), no parecen ceder a pesar de los cambios y esfuerzos realizados por éste en la estrategia de seguridad pública (1).

Armando Duarte Moller  / 4 Vientos / Imagen: Revista Arcadia

Esta sentencia la hizo en el marco de los cuestionamientos hechos en una de sus ya acostumbradas conferencias de prensa mañaneras por parte de una periodista que reclamaba por los asesinatos de mujeres, los llamados feminicidios, y que en esos días habían arrebatado brutalmente la vida de una joven mujer, Ingrid, y de una niña de apenas 7 años, Fátima. (2)

Esta declaración del Presidente de la República desató de inmediato la reacción de no pocos comentaristas de los medios de comunicación y agitó las redes sociales con señalamientos tanto críticos como en defensa del Presidente. Sin embargo, dichas reacciones, en mi opinión, han carecido de una reflexión mesurada acerca de lo dicho por López Obrador.

En el campo de quienes lo critican se ha esgrimido el argumento de que dicha declaración constituye una acción evasiva, que no asume la responsabilidad propia al echar la culpa a los gobiernos anteriores, y que esto ya se ha convertido en un lugar común: todos los problemas que enfrentamos como país son herencia del pasado.

En el campo de los defensores del Presidente, en su mayoría se concretan a descalificar a sus críticos señalándolos de conservadores, de que sólo buscan minar el respaldo mayoritario que a aquél atribuyen las encuestas, como parte de un plan para derrocarlo,

La simplificación en el análisis, tanto de unos como de otros, consiste en que no se considera con seriedad lo dicho por el presidente de la República lo que contribuye a que permanezca oculta la causa de fondo del problema. ¿Es realmente el neoliberalismo esa causa? Veamos.

En primer lugar habría que establecer que la violencia en contra de la mujer tiene causas estructurales, es decir, las raíces del problema se encuentran más allá de la coyuntura. No es pues, un problema que derive tan solo ni principalmente de una falla en la política de seguridad, como los críticos al gobierno de la 4T afirman de manera tan tajante como superficial.

Foto: La Prensa

Ciertamente una mala política de seguridad puede avivar el problema, pero la solución de fondo del mismo no se encuentra en mejorar dicha política, sino en atacarlo de raíz, en sus causas profundas, esto es, estructurales.

Ahora bien, para descubrir las causas profundas del feminicidio en particular y de la violencia hacia las mujeres en general, esto es, de la violencia por razón de género, hay que echar un vistazo al origen de las relaciones sociales modernas y, en particular, de las relaciones familiares y sociales en general, y del lugar en ellas asignado a la mujer; en efecto, asignado, ¿por quién? por el hombre.

Las sociedades humanas no siempre fueron patriarcales. Las sociedades llamadas primitivas se caracterizaban por el hecho de que la mujer ocupaba una posición preponderante, al nivel de la de los hombres y en el caso de las relaciones familiares, incluso por encima de éste.

Engels señala en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el estado que en las sociedades primitivas “la mujer no sólo es libre, sino que es muy considerada”.

Basado en los estudios antropológicos sobre la familia realizados por Lewis H. Morgan y publicados en 1877, Engels sostiene que el patriarcalismo surge y se consolida con la propiedad privada, cuando los seres humanos dominan el arte de la cría de ganado y la agricultura y como consecuencia de ello, su actividad productiva genera excedentes económicos que son la base de la riqueza, riqueza que exige la transformación de la familia primitiva en familia monogámica, forma de organización social basada en el predominio del hombre y cuyo propósito era otorgar certeza de la descendencia a la que, a la hora de la muerte del padre (o patriarca), habría que heredar las riquezas acumuladas durante la vida.

Así, la monogamia, que se aplicaba en el caso de la mujer pero no en el del hombre, se constituye en una institución fundamental de la sociedad a partir del surgimiento de la propiedad privada y que fue legitimada tanto por los mitos religiosos como por el derecho (3).

La sociedad patriarcal es hija legítima de la propiedad privada. Con su advenimiento la mujer es degradada y comienza su viacrucis en la historia. Engels, en la obra citada, lo refiere de la siguiente manera:

El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos abolida.” (Engels, 2002, p. 56)

Esta es la raíz estructural de la violencia de género. Como bien afirma Engels, en las sociedades actuales, es decir, en las sociedades capitalista basadas en relaciones de propiedad, esta causa estructural ha sido “revestida de formas más suaves” como consecuencia de las luchas por los derechos civiles, entre ellos el movimiento feminista, pero no ha sido abolida. El germen del patriarcalismo y de la violencia de género no ha sido tocado.

Ante este razonamiento se podría argumentar que el capitalismo tiene más de 500 años, y en el caso de nuestro país se instauró por lo menos desde el siglo XIX.

Luego entonces ¿por qué la violencia de género y su correlato, el feminicidio, se han agudizado en las últimas décadas? Esto tiene que ver con el tipo de capitalismo que ha predominado en esta etapa histórica, el capitalismo en su versión neoliberal, el cual ha sido llamado con razón capitalismo salvaje por su vocación depredadora que se manifiesta no sólo en el ámbito económico, sino también en el ámbito social.

Durante la vigencia de este tipo de capitalismo han crecido la concentración de la riqueza en pocas manos, la desigualdad social, la pobreza, la exclusión, la discriminación, la corrupción y la impunidad con el consecuente deterioro del tejido social y la degradación moral de la sociedad. Esto vale no sólo para los países victimas del despojo, sino incluso para los países despojadores. (4)

En la Edad Media, la mujer de alta sociedad estaba dedicada por completo al culto sumiso a la religión. Las pobres, además de eso, vivían en condiciones de esclavitud y opresión total (Imagen: Internet)

Las sociedades azotadas por el neoliberalismo han sido campo fértil para el desarrollo de los prejuicios racistas, clasistas y, desde luego patriarcales. En otras palabras, si el surgimiento del patriarcado y como consecuencia de él, de la violencia de género, están asociados como hemos visto con la institución de la propiedad privada como base de las relaciones sociales, luego entonces el capitalismo, que es el modo de producción que ha elevado a su máximo nivel a la propiedad privada como pilar de la sociedad a la que da origen, es sin duda responsable de la violencia de género, pero además hay que decirlo, es incapaz de acabar con esta calamidad porque ella es intrínseca a su naturaleza de sociedad explotadora y patriarcal. Y si la violencia de género se ha incrementado en las últimas décadas, esto se explica por el carácter salvaje del capitalismo de esta época, es decir del capitalismo neoliberal.

Luego entonces ¿Es o no es el neoliberalismo, el culpable del crecimiento del feminicidio en México, tal como sostiene López Obrador?

Por último habría que señalar que resulta por lo menos incongruente, si no es que hipócrita y desvergonzada, la actitud de aquellos que impulsaron con todo el modelo neoliberal en nuestro país y que ahora se desgarran las vestiduras en defensa de los derechos de la mujer.

No puede entenderse dicha actitud sino como un acto del mayor oportunismo al quererse montar en la ola del justo reclamo por parte de las mujeres de nuestro país ante la crítica situación de inseguridad que las aqueja de manera particular como género por las causas ya comentadas. Ahora resulta que los campeones del neoliberalismo, el PAN y el PRI pretenden levantar la bandera del feminismo.

Evidentemente esta actitud obedece al papel que se les ha asignado en la estrategia de desgaste que los poderes fácticos y la oligarquía nacional e internacional llevan a cabo en nuestro país y en Latinoamérica, donde los pueblos de los países despojados en los que la tormenta neoliberal ha producido sus mayores estragos, han comenzado a reaccionar desde hace tiempo buscando alternativas.

La 4T es precisamente eso, la búsqueda de una alternativa al capitalismo salvaje que representa el neoliberalismo y en consecuencia, es la esperanza de atacar de raíz los problemas sociales que aún nos aquejan, entre ellos, la violencia de género.

NOTAS:

1 El propio Presidente de la República ha reconocido que el problema de la inseguridad ha sido un hueso duro de roer. En su más reciente libro que lleva por título Hacia una economía moral aporta datos estadísticos que muestran la tendencia creciente en la cantidad de homicidios dolosos, la cual tan sólo hasta el año de 2019 muestra un punto de inflexión, donde la tendencia se detiene.

2 De acuerdo con el INEGI, en 2018 se registraron 3 752 defunciones de mujeres por homicidio, un promedio de 10 mujeres asesinadas por día, el índice más alto desde 1990. Esta tendencia continuó en 2019. Comunicado de prensa del INEGI del 21 de noviembre de 2019.

3 En la tradición judeo-cristiana, que subyace a la civilización occidental, Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Y posteriormente, a partir de una parte de su cuerpo (una costilla), crea a la mujer para que le sirva de compañía. Esto tiene dos implicaciones fundamentales: Primera, Dios, el ser perfecto, es hombre. Segunda, la mujer, es parte del hombre y se debe a él. En el derecho romano, la fidelidad de la mujer estaba garantizada por el derecho de vida y muerte que el hombre tenía sobre la mujer. Si el hombre quitaba la vida a la mujer, estaba ejerciendo su derecho.

4 De acuerdo al Banco Mundial, en el mundo hay 1,400 millones de seres humanos en la pobreza y casi 900 millones sufren de hambre. La organización no gubernamental OXFAM señala como la primera causa de la pobreza al modelo económico en vigor, es decir, el neoliberalismo. En Inglaterra, antes del gobierno de M. Tatcher (1989) que impuso el neoliberalismo en ese país, 1 de cada 10 ciudadanos ingleses se encontraban condición de pobreza; después de su gobierno, la cantidad ascendió a 4 de cada 10.