Un brinco inesperado: Del caso Fátima al caso Irma Reyes

El país se estremece al saberse que el día 11 de febrero una niña desapareció después de que una mujer se la llevara de la escuela y fue encontrada muerta días más tarde; un caso sobre el que da pena decir que es “uno más” por sumarse a los miles de casos que ocurren a lo largo y ancho del país, contrastando con el clamor nacional de “ni una más”.

Osvaldo Medina Olvera* / 4 Vientos / Foto principal: Youtube.

Es este un caso que debe, verdaderamente, importar a la criminología científica y particularmente a la victimología.

Porque la víctima es una mujer; Porque la víctima es una niña; Porque la víctima es hija; Porque la víctima tiene padres quienes son con los que nos identificamos los padres; Porque la víctima es parte de la niñez mexicana; Y porque la víctima no sólo es víctima, sino que tiene un rostro y un nombre que no debe ser olvidado por sumarse a una lista interminable: Porque su nombre es Fátima Cecilia Aldrighett.

Pero este caso, en “El Caso de Fatima” ha tenido un giro inesperado. Algo que no ha sucedido en ningún otro caso y que implicó la participación para esclarecer la desaparición y la muerte de Fátima.

Esa historia fue capturada vía telefónica por la periodista mexicana Carmen Aristegui y contada por su protagonista. Una historia que no debería ser replicada por nadie más, ni vuelta a contar por terceras personas por la simple razón de que su protagonista, Irma Reyes, se permitió contar a detalle la parte de la historia que le tocó vivir; contar a detalle sus emociones y entre éstas últimas, su indignación y su sed de justicia.

Es por esa razón que en lugar de reproducir fragmentos de la historia, sugiero para éste espacio abrir el siguiente hipervínculo, invitando a la escucha atenta y luego continuar con lo que escribe. (“Hasta aquí llegaron” palabras de Irma Reyes para los homicidas de Fátima Cecilia). 1

Es cierto que la historia de Fátima Cecilia, “El Caso Fátima”, no debe ser olvidada por las razones que expuse en un principio; sin embargo, de la misma historia se deriva ahora “El Caso Irma Reyes”, y de ahí mi razón para el encabezado de ésta líneas “EL SALTO DEL CASO FÁTIMA AL CASO IRMA REYES”

Así, la historia contada por Irma Reyes, yo la denomino como “El Caso Irma Reyes” porque así se dará a conocer no sólo por la sociedad mexicana, sino porque grabada así quedará también en los anales de la Criminología Nacional; de la Victimología Mexicana y otras ciencias penales de nuestro país y allende sus fronteras hacia Latinoamérica.

La pequeña Fátima, Doña Irma y los presuntos asesinos (Youtube)

Y es que Irma Reyes obtuvo un resultado que ni las policías preventivas, los policías de interrogatorio de las fiscalías han logrado en algún otro caso: la confesión por parte de los autores de violación y homicidio (feminicidio) obtenida con la mayor de las sutilezas que jamás haya prodigado una policía investigadora.

Tampoco la Fiscal de la ciudad de México, Ernestina Godoy podría dar tal dramatismo a la triste historia de la niña Fátima Cecilia Aldrighett por una sencilla razón: A Ernestina Godoy la mueve y siempre la moverá la vocación burócrata de resolver “un caso más” y llevarlo a los tribunales en busca de venganza de Estado, venganza institucionalizada; mientras que a Irma Reyes le ha movido la indignación (esa indignación que se ha colectivizado en nuestro país), y movida también por el hambre y sed de justicia.

Y al final de la historia que ella cuenta, se percata y nos percatamos con ella todos; que es más el burocratismo lo que mueven a las instancias de prevención de delitos como de las que corresponden a la procuración de justicia, dejando de lado la esencia de las instituciones que es el espíritu de justicia.

Sorprende esa capacidad de Irma Reyes quien, como ciudadana, demostró capacidad para diseñar el operativo de captura de los asesinos de Fátima Cecilia Aldrighett, movida por una confianza en las instituciones relacionadas con los procesos de justicia. No tuvo duda de que obtendría la reacción esperada de esas instancias.

Sin embargo, ella imaginó que a esos agentes les movía también el ánimo de justicia para percatarse sólo al final que las instituciones se quedan siempre cortas contra las pretensiones de la misma ciudadanía. ¿Cómo ejecutar el aseguramiento de los homicidas (feminicidas) y olvidarse de las obligaciones a otras víctimas como lo son los hijos de la propia pareja y desde luego, la propia denunciante Irma Reyes?

La razón de lo anterior es que lo más importante para las instancias de policía lo era la captura y la exhibición en medios televisivos de esa tarea (que al final debe entenderse que les era cien por ciento ajena); dejando de lado las obligaciones legales de atención a las víctimas.

Para todas las autoridades, hasta la fecha, la víctima es difícil de identificar a pesar de que sea la propia sacrificada, la que así se autodetermine ante ellos.

La inseguridad en México, el mal de todos los días (Foto: Armando Monroy / Cuartoscuro)

La falacia de la seguridad

¿Es que el país se encuentra afectado por la inseguridad o estamos afectados todos por la falta de protección al ciudadana?

Es en realidad que el concepto seguridad está tan gastado que su verdadero significado deja de tener sentido si lo llevamos al plano de la realidad que ahora se vive en el país.

Está tan gastado éste término, que cada vez que miramos a un agente de policía con la leyenda a espaldas “seguridad pública”; lo que pasa por nuestra mente es la idea de una falacia, de hipocresía institucional; y ello se traduce en falta de credibilidad y también, de falta de esperanza para recuperar ésta última.

Y es que lo que en verdad se aprecia es la falta de seguridad.

Para el ciudadano de calle, el término es: falta de seguridad y así lo expresa ante las sus representantes populares o ante las distintas autoridades. “Hace falta más seguridad” –claman los ciudadanos-; “hace falta más vigilancia”, “hace falta más presencia de la autoridad”.

Para la autoridad, es inseguridad de la ciudadanía y ésta debe paliarse mejorando la imagen y presencia de las agencias de policía, con mejor equipamiento de los cuerpos policiacos, con capacitación técnica o científica en artes o conocimientos forenses para atender a los ciudadanos y, desde luego, con la solidificación de la escala de valores.

La criminología crítica para los gobiernos de los países de Latinoamérica nos permite apreciar que entre lo que la ciudadanía demanda y lo que cada Estado ofrece a sus ciudadanos, hay falta de correspondencia.

Si los ciudadanos demandan mayor presencia policiaca en una zona, el estado demanda la compra de mayor número de patrullas.

Si una zona se encuentra ahora bajo el dominio de la delincuencia organizada, lo que se demandará es la adquisición de armamento de mayor calibre o al menos a la misma altura de la que poseen los grupos criminales.

Es curioso que por cada nueva etiqueta para una modalidad de la delincuencia, los legisladores (persecutores de delitos que buscan investigar, perseguir y castigar mediante fórmulas legislativas cual receta farmacéutica) y otros actores políticos; exigen que las leyes se modifiquen (en aparente mejoría procesal) para un seguimiento de delitos etiquetados a placer de un legislador que se siente criminólogo de tribuna por inventarse una formula criminológica con la que sólo gana los aplausos de sus pares en su respectiva cámara.2

La Cámara de Diputados y sus leyes (Cortesía)

El caso Irma Reyes nos ha demostrado que es suficiente la noción de justicia para –sin etiquetamiento alguno- comprender que en un hecho ha habido una infamia y que ésta debe ser combatida por ser injusta.

Y es que no hay mejor aplicación de ese vocablo (como lo refería en su testimonio Irma Reyes) en la ejecución de cada delito, ya que lo que significa es “la maldad materializada en contra de una persona que no la merecía”.

El estado de derecho3 en México (un estado de derecho no debe ser considerado como herencia sexenal porque un estado de derecho o situación de latente búsqueda de justicia debe construirse día con día), se encuentra en “estado de latente falla” al no lograr satisfacer las necesidades de protección de sus ciudadanía.

Irma Reyes solicitó la atención para los hijos de los victimarios y cuando ella recibió la negativa a su petición, se encontró con que el estado de derecho le estaba fallando a las víctimas. Las instituciones presentes dejaron de realizar tareas de protección y atención a víctimas, para limitarse a dar atención a los aprehendidos y buscar una burda justificación jurídica para la detención.

Al no encontrar la justificación para la detención se inventó la comisión de un delito; el cohecho. Y es tan burdo porque dogmáticamente, no es suficiente la mera expresión de ofrecimiento de dinero a cambio de una liberación; sino que la figura delictiva demanda además la exhibición y entrega del dinero y no una mera promesa de entregarlo.

El caso Irma Reyes es la crónica de una infamia. Una infamia cometida por los asesinos de Fátima Cecilia Aldrighett, pero también contiene una infamia cometida por las agencias de seguridad encargadas de dar atención a las víctimas; esas otras víctimas como lo son los hijos de los mismos presuntos delincuentes, e incluyendo a la propia denunciante Irma Reyes; y a quienes se les negó el otorgamiento inmediato de medidas de protección.4

Esa es la falta de empatía de la autoridad con el ciudadano, es una enorme falta de compasión5.

En cambio, en el caso Irma Reyes puede apreciarse el correcto encauzamiento de la compasión pues ella no lo dirigió para auxiliar a los victimarios (quienes reflejaron de algún modo el pesar por enfrentar a las autoridades al responder por sus actos); sino que su sentido de justicia le permitió realizar ejercicio de ponderación que le llevó a comprender que quien merecía compasión era precisamente Fátima Cecilia Aldrighett, víctima de ese horrendo crimen.

Cabe el espacio para recordar que en muchas ocasiones se ha hablado genéricamente de la falta de valores en la sociedad, algo que es absolutamente cierto.

Ambos casos aquí analizados, nos evidencia que lo que afecta a la sociedad mexicana es la suma de factores. Es la falta de compasión de los ciudadanos quienes llegan a conocer a los autores de los crímenes que nos aquejan. La mayoría de los homicidios cometidos en nuestro país tiene un autor conocido por personas cercanas a las víctimas. La falta de compasión ciudadana nos hace guardar silencio y a la vez ser cómplices de la impunidad. La paranoia colectiva que crea la criminología mediática6, nos convierte en víctimas de los miedos de los que no atinamos a precisar si son falsos o reales.

Pero lo anterior no es gratuito, pues como se ha visto, la autoridad tampoco tiene compasión con la víctima o con aquellas personas que, sin ser víctimas del delito, se ven expuestas por el sólo hecho de denunciar a los autores del crimen.

Un círculo vicioso que la autoridad debe encargarse de atender sin necesidad de tanto protocolo escrito generado en espacios legislativos, pues es suficiente el simple dictado de la razón orientado a la búsqueda de justicia.

Irma Reyes nos da una lección a toda la nación con mayor impacto que un discurso leído (jamás redactado por sí mismo) de un mal actor político.7 El mensaje consiste en no perder la fe, la confianza en las instituciones y agencias encargadas de hacer valer la ley. La sociedad es también una responsable de velar por que se haga valer la ley.

Pero la fe es nada sin la acción. Sin acción, la fe solo tiene una representación mental difusa. La confianza acompañada de acción, como en el caso Irma Reyes, nos demuestra que el resultado fue el servicio a la justicia. Pero su contrapartida es que la fe, la confianza en las instituciones del estado, en que las agencias encargadas de hacer valer la ley, nutran esa confianza ciudadana. De nada sirve si la ciudadanía hace el esfuerzo por denunciar, por cooperar con la autoridad, si esta no demuestra su compasión.

Y es que la compasión, como la definimos acá, implica empatarse con la ciudadanía, sentir su dolor y acompañarla siempre en su pasión y en cada caso. Si no alimentamos ése binomio, esos valores, seguiremos dejando que la justicia sea tan sólo un accidente en cualquier drama penal que en nuestro país ocurre a cada momento.

El Estado Mexicano, esto es la estructura estatal, también debe comprender que el vocablo a atender no es el de inseguridad simple y llanamente, sino atender un concepto que aún le resulta difícil de asimilar: La Seguridad Humana, que en éste caso se enfoca en las vertientes de seguridad personal y seguridad comunitaria.

Así se comprende que lo que la sociedad necesita no es necesariamente el aumento de armamento, sino las medidas de protección para todos y cada uno de los ciudadanos que así lo demanden8.

A éste país le urge nutrir ese binomio de sociedad y autoridades, para la búsqueda de la justicia.

NOTAS

1 https://youtu.be/lUMtN_J_FKw

2 Nota del autor: El poder legislativo, en su afán de controlar el actuar de las agencias de seguridad pública y las encargadas de procurar y administrar justicia, con enorme desdén a las ciencias jurídico penales y desde sus curules no sólo han abusado en la invención de tipos penales complejos, sino que además pretenden acotar las tareas de las agencias antes mencionadas, dictando o demandando que observen protocolos de actuación “ad hoc” en cada caso. Las teorías que se aplican en procesos penales, con orientación a la justicia, han sido gravemente trastocadas que sólo ha permitido el aumento de índices de impunidad.

3 Nota del autor: El vocablo estado de derecho se comprende mejor si la palabra estado se sustituye por el de situación. No debe confundirse el vocablo como cuando se invoca como forma de gobierno, o como la estructura estatal. El estado de derecho es una situación que se mantiene en una organización estatal, cuando sus instituciones se encuentran latentemente orientadas a la consecución o el logro de la justicia. Una pregunta que nos ayuda a mejor comprensión sería: ¿en qué estado (situación o condición) se encuentra el derecho en nuestro país?

4 Nota del autor : se recomienda dar lectura a La ley General de Víctimas vigente desde 2013, contemplándose en el artículo 5 una serie de principios que en el caso Irma Reyes fueron inobservados en perjuicio de ella y los menores hijos de los victimarios. El artículo 7 de la misma ley describe los principales derechos de las víctimas que en el mismo caso debieron respetarse de manera inmediata.

5 Nota del autor El término compasión etimológicamente significa “sufrir juntos”, y en el caso concreto lo aplico en el siguiente contexto: “acompañándolos en su pasión, en su angustia, en su sufrimiento”.

6 La criminología mediática (provocada a través de medios de comunicación) crea una paranoia social cuando maneja como nota de interés la multiplicación de noticias catastróficas, reales o no. Es una criminología con una dosis de crueldad porque explota a placer la imagen de la víctima (la expone a una doble victimización) para luego abandonarla, olvidarla cuando deja de serle útil. Un peor caso de incremento de la crueldad de los medios se aprecia cuando una desafortunada víctima llega a traicionar los intereses de los mediático y cuando eso llega a suceder, éstos se vuelcan en revancha para satanizar a la víctima, exhibiéndola sin compasión. Recordar la exhibición que sufrió la chica que denunció un servicio Uber y permaneció en el bar, engañando sólo a su madre, pero en el que tomaron partido no sólo medios de comunicación, sino también algunos grupos pro derechos de las mujeres. La decepción de los medios provocó una vendetta en contra de esa chica.

7 Honestamente, un político nunca redacta sus discursos y debe apoyarse para ello en asesores. Un auténtico político es un verdaderamente un orador al que le es suficiente tener en mente palabras claves que le permitan articular un mensaje. De ahí la referencia al mensaje de Irma Reyes movido por la compasión, entre cualquier discurso de un mal actor político. Sólo compare escogiendo el discurso de quien mejor le agrade.

8 A la vez que el Estado evidencia la adquisición de armamento, equipo y tecnología, éste sólo envía el mensaje a la ciudadanía de que su capacidad de respuesta a la delincuencia está siempre rebasada. De igual manera envía el mensaje de que son los cuerpos de seguridad o el propio estado los que están necesitados de protección mediante las armas o aumento de lote vehicular frente a cualquier tipo de delincuencia, soslayando que son los ciudadanos los demandantes y necesitados de protección, una protección que va más allá del simple término seguridad.

*Analista jurídico y abogado por la Universidad Autónoma de Baja California. Magister en Seguridad Humana y Derechos Humanos por la Universidad Milano Bicocca, de Milán, Italia. Desde enero de 2020, el autor es miembro adherente de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología (ALPEC).