REDES DE PODER: El feminismo a ultranza

La muerte de una mujer debería ser asunto de estado desde hace tiempo.  La existencia de normas que protegen a las mujeres, debería también ser asunto de estado.

Alfonso Torres Chávez/ 4 Vientos

El tema del feminicidio es tan importante como la conservación de las ballenas.  Las campañas de prevención son también tarea del estado.

No se necesita que existan normas de protección. Las normas que tutelan los derechos existen porque hay una necesidad social.

La protección de las mujeres debería ser política de estado, y no estamos hablando de un feminismo a ultranza como el que presumió hace unos días el presidente López Obrador, al decir que las marchas de las mujeres que están convocadas para el 8 de marzo  son una provocación de la derecha al gobierno.

Este no es el tema. El tema, es que el estado tiene un imperioso vale madrismo por la protección de las féminas.

La constitución preconiza la igualdad de hombres y mujeres, por lo tanto  ambos géneros están constitucionalmente protegidos.

Sí, la Constitución nos tutela, pero con un estado que presume las marchas de mujeres como un asunto político en contra del mismo estado, ya estamos en problemas.

Los problemas en este país, muchas veces se resuelven a fuerza de reformas constitucionales o a la expedición de normas como si una ley fuera un toque mágico de soluciones.

No se trata de emitir leyes a diestra y siniestra, sino a aplicar las que ya tenemos y que son poco más de 3000 (aproximadamente). Si no podemos aplicar una política de estado, de nada van a servir las normas.

Una ley que se emite es para ser aplicada, y cuando se trata de temas sensibles como el de las mujeres esto ya no es un asunto de género.

Los asuntos de género, no son tema de formar feminazis, sino de trazar una política de estado que nos tutele a todos por igual.

Sin prejuzgar, no se trata de oportunismos baratos.

La política del estado no puede estar a merced de grupos de intereses creados, asunto que en México es el pan nuestro de cada día.

Si seguimos en este camino terminaremos por construir una sociedad que excluya  a sus  propios miembros.

No se puede definir el destino de la mayoría excluyendo a los demás.