“Hoy va a ser el día»/ El AntiJoker

Al “Bambino” que como muchos niños aun corre por la vida sabiéndose amado.

 «Hoy va a ser día». Así con esa triste y cruel expresión un pequeño de apenas  11 años invitó a la Tragedia a su escuela,  en Torreón, Coahuila a las 8.20 horas del pasado viernes 10 de enero

G. Arturo Limón D./ 4 Vientos

Ante el hecho, siento un enorme deber de  preguntarme y preguntarle a usted amable lector:  ¿hasta cuándo y hasta dónde dejaremos que un infante reviente a tiros los muros de soledad en que él habita, con la tragedia doble del homicidio y el suicidio, para llamarnos la atención tardíamente de su ya malograda existencia? Esta es una nueva realidad a la que jamás hemos de acostumbrarnos.

Es una tragedia,  es cierto,  pero una tragedia que como muchas pudo haber sido prevenida y lo mejor evitada; coincido en eso con mi ex compañera Feggy Ostrosky de la UNAM, quien así lo dijo:  “Alertas fueron ignoradas”

Ningún caso de violencia se presenta sin que existan previos signos de alerta, nos recuerda Ostrosky, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiológica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

«No pasa que un día alguien se despierte y de repente se le ocurra atentar en contra de sus compañeros o contra él mismo. Lo que sucede es que se prendieron focos que fueron ignorados por su entorno”, dijo.

Entrevistada por Excélsior, luego del ataque en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, donde un alumno de 11 años asesinó a una maestra e hirió a seis personas más y luego se suicidó, Feggy Ostrosky, autora de Mentes asesinas. La violencia en tu cerebro, aseguró que desde las escuelas podrían realizarse estudios de salud mental y aplicar instrumentos con base científica en los que se logre identificar a los menores que estén en riesgo de cometer violencia.

En Estados Unidos y en Europa, en donde se presentan con más frecuencia este tipo de asesinatos en masa, como sucedió en el colegio de Torreón, en los que casi siempre el agresor atenta contra él mismo y su objetivo es disparar contra el mayor número posible de personas, hay diferentes estudios, según Ostrosky, «en los que se demuestra que son personalidades antisociales, maltratadores, que están deprimidos y tienen trastornos emocionales. Son personalidades hostiles, poco empáticos con sus compañeros y muy resentidos. Son rasgos de personalidad que sí se pueden detectar si se estudia a tiempo”

Aquí es donde está la clave de prevención para evitar que estas tragedias sigan ocurriendo: su oportuna detección. Muchos se han apresurado a lanzar la culpa a los videojuegos, a la marginación, y al resentimiento que se genera por cualquier causa o razón que por desgracia desconocemos y jamás sabremos bulleron en el insondable mar de la mente de ese pequeño previo a esta tragedia.

EL ANTÍDOTO

Hace apenas unos meses conocimos una película magistral El Joker,  misma que nos ha mostrado cómo es la transmutación de un niño a un psicópata, la cual se da con la gradualidad de una metamorfosis que un día colapsa, como lo ocurrido en Torreón el viernes pasado.

Pues bien, centrémonos entonces en el modelo para crear un antídoto…

EL ANTI JOKER

Boris Cyrulnik, es un neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés. Nació en Burdeos, en julio de 1937

Boris Cyrulnik, el prestigiado siquiatra francés, es un sobreviente descrito así por el periodista Javier Pérez de Albéniz, en la revista MUY Interesante (edición 252 de mayo de 2002):

“Su vida es la historia de una redención: nació en Burdeos en el seno de una familia judía emigrada de Ucrania, y con sólo cinco años contempló cómo sus padres eran deportados y asesinados en un campo de concentración. ‘No es fácil para un niño saber que le han condenado a muerte‘, recuerda ahora sin aparente amargura. Él logró escapar y comenzar una vida nómada que le arrastró por orfelinatos y centros de acogida. Era el típico caso perdido, un patito feo condenado a llegar a la edad adulta convertido en un maltratador, un delincuente o un tarado».

Pero no fue así. Cyrulnik conoció a unos vecinos que le descubrieron el lado afable de la vida, le trataron como a una persona y le animaron a estudiar psiquiatría. Hoy es feliz, adora a la familia que ha formado y se ha convertido en uno de los analistas del comportamiento humano más importantes del mundo. Él mismo encarna un ejemplo perfecto del tipo de lucha que defiende en su libro «Los patitos feos» , bajo el término de resiliencia. El Diccionario de la Real Academia Española define este término de origen latino como «la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe», pero para Cyrulnik significa mucho más: «la capacidad del ser humano para reponerse de un trauma y, sin quedar marcado de por vida, ser feliz».

He aquí un fragmento de la entrevista:

–Hay un mensaje de esperanza: un niño herido puede recuperarse y evitar ser un marginado.

Es un mensaje de esperanza porque en psicología nos habían enseñado que las personas quedaban formadas a partir de los cinco años. Los niños mayores de esa edad que tenían problemas eran abandonados a su suerte, se les desahuciaba y, efectivamente, estaban perdidos. Ahora las cosas han cambiado: sabemos que un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza y se le presta apoyo.

— Se ha levantado una cadena perpetua…

Exacto. Y se lo debemos a la resiliencia, a la resistencia a la adversidad. A la capacidad que tenemos los humanos para resistir a las adversidades, un mecanismo de autoprotección creado en primer lugar por los lazos afectivos y, posteriormente, por la posibilidad de expresar las emociones. No debemos confundirlo con la resistencia. Resistencia es cuando recibes un golpe y te enfrentas a él, mientras que la resiliencia es volver a recuperar el desarrollo que teníamos antes del golpe. Podemos sufrir un trauma, pero lo importante es que tenemos que ser capaces de reconstruir nuestra vida con este trauma.

–Para que una persona tenga un trauma tiene que ser golpeada en dos ocasiones.

Sí, pero no lo he dicho yo, lo dice Anna Freud. El primer golpe es algo real, físico: nos han humillado, tenemos hambre, nos han herido, tenemos frío… Pero eso no es el trauma, eso es una forma de sufrimiento. Para que haya trauma es necesario que haya un segundo golpe en la representación de lo real. Imagínese que un niño ha tenido un problema, que ha recibido un golpe, y cuando le cuenta el problema a sus padres, a éstos se les escapa un gesto de disgusto, un reproche. En ese momento han transformado su sufrimiento en un trauma.

–Lo que antes era esperanzador ahora se vuelve preocupante. Los niños son seres muy complejos, y atenderles y educarles como se merecen parece difícil…

–Antes he citado a Anna Freud y ahora voy a citar a su padre, Sigmund Freud. Él dijo una vez que, hagamos lo que hagamos con nuestros hijos, siempre fracasaremos. Pero no debemos olvidar que si no hacemos nada es peor, así que criamos a nuestros hijos como lo que somos en el fondo de nosotros mismos y no con recetas. Y si realmente queremos que se críen de la mejor manera posible tenemos que comenzar por trabajar sobre nosotros (la pareja), y sobre nuestra cultura y nuestra sociedad. En muchos países del llamado Tercer Mundo se piensa que los niños con problemas son monstruos, y lo cierto es que como no se les dedica ningún esfuerzo acaban volviéndose monstruos. Lo sorprendente es que cuando uno cree en la resiliencia y pone sobre estos niños a unos tutores afectivos, muchos recuperan un cierto tipo de desarrollo. Como han sido heridos no alcanzan su desarrollo natural, pero sí pueden sanar, dejar de estar sometidos, llevar una vida normal.

–¿Hay una edad límite para la creación de estos mecanismos de resiliencia en el niño? ¿Y hasta qué edad resulta efectiva?

La resiliencia depende del desarrollo afectivo del niño, y éste a su vez del cariño que recibe. La primera etapa de formación tiene lugar antes de los tres años, cuando aún no domina la palabra, y la segunda cuando alcanza la capacidad de racionalizar y de crear una representación del mundo que le rodea. En cuanto a su efectividad, es más fácil que la resiliencia funcione mejor cuanto más pequeño es el niño, pero es posible que sea aplicable durante toda la vida. En Marsella tenemos un grupo que está trabajando con ancianos y con enfermos de Alzheimer, y podemos comprobar que se producen grandes avances incluso con aquéllos que han perdido el lenguaje.

Usted le da mucha importancia a lo que llama «el triángulo familiar»: Hijo, madre y padre como estructura ideal para el desarrollo resiliente del niño.

Efectivamente. El psicoanálisis ha triunfado por poner algo de luz en la relación entre madre e hijo. Las madres son muy importantes, pero no están solas. Ahora sabemos que los padres también desempeñan un papel fundamental en el desarrollo del niño.

–¿Y qué pasa cuando falla una de esas partes?

Entonces el niño se formará en un mundo únicamente femenino, y tendrá un desarrollo muy distinto al que hubiera tenido en un mundo únicamente masculino. O viceversa. Y los que peor se desarrollan son los criados por madres aisladas o padres aislados. Estos últimos tienen retrasos en el lenguaje, temen a la otra parte, padecen fobias sociales… Ahora sabemos que la función materna es dar seguridad a un niño, y la función paterna dinamizarlo…” (1)

COROLARIO

Niño de la calle sobreviviendo como payasito. Foto: internet

Está en nuestras manos siempre ser parte de la mejoría de vida de cualquier niño, aun de los que llamamos inadecuadamente de la “calle” ellos son de todos, amarlos y servirles ya sea en el hogar o la escuela es nuestro compromiso, y privilegio; recordemos que ellos son la semilla de los frutos que nos traerá la cosecha de la vida.

(1)  Nota. 18 años después de  realizada la entrevista  la realidad de las familias mono parentales se  acentúa y muchos cambios se aceleran y viven.

Recomiendo ver: http://www.psicosocialyemergencias.com/educacion-para-la-vida/

Imagen de portada: Joker niño. Foto: wired.com /internet

Gerardo Arturo Limón Domínguez, profesor, psicólogo y ecologista chihuahuense.