APARADOR: Fin de año, recordatorio de nuestra agonía

Fin de año siempre es una etapa del año en la cual reflexionamos sobre lo vivido en los 11 meses previos, hacemos balances de nuestras experiencias, logros alcanzados y aspiraciones de años por venir. Este año es especial, no solo se acaba el 2019, sino que concluye una década, cuestión que puede impactar más en esta idea de cierre de ciclos y periodos de vida. Como sea, este año empieza a concluir, está agonizando.

Alfonso Jiménez / A los 4 Vientos

La agonía no es más que el proceso de muerte de algo. Fin de año es, de cierta forma simbólica, una agonía universal de este ciclo que llamamos “año”. En la agonía de este ciclo empezamos a reflexionar sobre nuestras acciones, nos enfrentamos a nuestros encuentros y desencuentros, pensamos en lo que hemos sido y lo que deseamos ser. Ni bajamos de peso, ni dejamos de fumar, o tal vez sí, pero, aunque hayamos alcanzado algunas metas, nos planteamos la posibilidad de ser nuevas personas en el siguiente año. Esperamos que en el siguiente ciclo se abran nuevas oportunidades, nuevas relaciones y otros logros. Deseamos que una vez que el reciente año termine su agonía y muera, los bríos del nacer de un nuevo ciclo traigan consigo otras luces.

Tal vez por eso fin de año sea especial para la gente. Representa experimentar la agonía de una parte de nuestra vida y nos da una ilusión de renacer en un nuevo ciclo. Hay gente que disfruta esa sensación y hay otra que la desprecia, pero es un evento que rara vez pasa desapercibido. La cosa es que esto no solo nos sucede en fin de año, sino que experimentamos la agonía de forma constante. Me permitiré explicar este punto.

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Basándome en el libro “La agonía de Proteo” de Nicol, el ser humano es agónico. Es decir, ontológicamente hablando, algo que caracteriza al ser humano es que vive y muere más allá de lo físico. Diario nos renovamos como personas, experimentamos relaciones y vivencias que nos permiten replantearnos la manera en que vemos la vida; vamos cambiando formas de personalidad, esquemas de pensamiento, gustos, miedos y hasta de estilo de vida. Este tipo de transiciones de vida son mediadas por la agonía. Vaya, vamos dejando que ciertas partes de nuestro ser mueran, con la finalidad de convertirnos en algo nuevo. Somos moldeables, y en esa maleabilidad ciertas partes de nuestro ser fallecen.

Así, la agonía es constante. Diario vamos cambiando, muriendo y viviendo al mismo tiempo. Experimentar esas sensaciones universales que genera el fin de año pudieran ser solo una manifestación colectiva de estos procesos agonizantes que nos caracterizan. A diario dejamos cosas de lado, nos esperanzamos de nuevas y mejores formas de vivir, nos arrepentimos de nuestras metidas de pata y nos acogemos con fe en Dios, en el futuro o el destino.

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Algo así es el fin de año. Vamos sintiendo cómo estos ciclos anuales nos recuerdan nuestra condición agonizante que nos caracteriza. Nos hace darnos cuenta que a diario vamos muriendo, y generamos ilusiones que algo mejor va a venir. No me mal interprete, puede ser que cosas mejores vengan día con día y año con año, eso no es el punto, la cosa que discuto es que la ilusión de que eso suceda reafirma nuestra condición agonizante; si no nos supiéramos moribundos, no nos plantearíamos deseos para el año que viene.

A mi juicio, lo que nos resta es asumir nuestra agonía. No solo el año está culminando, sino que nuestro ser también lo hace a diario. Disfrutemos nuestra condición cambiante, así como lo es cada año y el devenir de las décadas. Lo que está por venir son ilusiones que reafirman nuestra agonía humana, solo eso. Se cierra un ciclo, es tiempo de reflexionar, parte de ello es asumirnos como cambiantes y agonizantes. ¿Usted qué opina? Mientras tanto, pase usted un feliz fin de año y mis mejores deseos en lo que sea que esté por venir.