Los dueños del olvido

Las llamadas personas en situación de calle deambulan persistentemente en todas partes del país. Para muchos, entre ellos yo, recogemos de este fenómeno el dolor y la deshumanización que esto significa. El hambre, la desintegración familiar, las drogas y la conducta de la sociedad no pueden convertirse en una forma en la que el olvido y el desprecio, se conviertan en un paradigma clasista con el que se regodean los que todo lo tienen mientras otros seres humanos son víctimas del olvido de una sociedad que pierde paso a paso su humanismo con respecto de los pobres y de los miserables que han sido echados a las calles.

Jesús Sosa Castro/ 4 Vientos

En la alcaldía de Gustavo A. Madero este fenómeno está alcanzando niveles preocupantes. La falta de atención por parte de las autoridades ha convertido esta realidad en una situación que lacera y dibuja el nivel que ha alcanzado la deshumanización que vivimos respecto de estas personas. En los alrededores y calles adyacentes cercanas a las estaciones del metro, en espacios de la Av. Reforma, Calzada de los Misterios, de Guadalupe y en el perímetro que rodea a la Basílica, los desposeídos de todo, empiezan a ser vistos como un estorbo o como sujetos que afean y generan suciedad en las calles y espacios donde camina y vive la gente bonita, la perfumada, la que huele a limpio.

Un hombre en situación de calle camina sobre avenida Izazaga, casi esquina con Pino Suárez.
Foto: Diego Simón Sánchez/ Cuartoscuro.

Comisiones de vecinos de esta demarcación hemos acudido con el alcalde Francisco Chíguil en busca de ayuda para estas personas. La indolencia y la incapacidad de este funcionario y/o de sus representantes es verdaderamente patética. ¡No resuelven nada, de nada! Sabemos que este no es un problema local, es de todo el país y las causas son económicas, sociales, educativas, familiares y culturales. Bien haría el gobierno federal y los gobiernos locales en buscar la forma de atender este creciente problema que se vive en el país. Por lo menos esto debería impulsarse.

No podemos hacernos de la vista gorda o perseguir a estas personas como si se tratara de objetos que estorban la felicidad y los derechos humanos de la otra parte de la sociedad. No son los NADIES de los que habla Eduardo Galeano en El libro de los abrazos. Tampoco podemos dejar de oír el grito del niño que en un día de noche buena en un hospital, corría atrás del doctor que se iba a celebrar la fiesta con su familia para pedirle casi llorando “decile a alguien que yo estoy aquí” No podemos permitir tanto olvido y tal desapego a la vida y al sufrimiento de esos seres humanos que han hecho de las calle su hogar porque el resto de la gente y /o de su familia, simplemente se han olvidado de su existencia. A ellos, mis humildes palabras de aliento y mis deseos de que algún día podamos verlos en otra mejor situación.