CLANDESTINO: ¿Sociedad fracturada? El «Zapatagay»

Desde hace unos días, nos hemos estado dando cuenta por las redes sociales y por la tele,  del revuelo que ha causado este asunto  del “Zapatagay”, es decir, la exhibición en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México,  de un cuadro de mi General Zapata a lomo de un brioso corcel, en cueros, con zapatillas de tacón de aguja y un sombrero color de rosa, enmarcado con un diseño más escalofriante que el mismo cuadro.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ 4 Vientos

Hay quienes defienden a ultranza la memoria del héroe revolucionario y hay quienes ven en esto una expresión artística. Lo preocupante no es el mismo cuadro, sino como ya es costumbre desde hace meses, la polarización se hizo presente en las afueras de Bellas Artes, en donde  se  liaron a golpes  campesinos y familiares del General Zapata, con miembros de la comunidad lésbico-gay por la dichosa pintura. Yo no soy chairo ni fifí, pero puedo ver claramente cómo el país se divide una y otra vez,  gracias a este tipo de discusiones estériles.

La Revolución. Autor: Fabián Cháirez

No importa de qué asunto se trate: sí fue el asilo de Evo, sí el “culiacanazo” estuvo bien implementado, sí la tragedia de los LeBaron, sí la elección de la psicóloga y maestra en Psicopedagogía Rosario Ibarra Piedra, cómo nueva comisionada de la CNDH; cualquier controversia entre nuestra sociedad, genera  una sistemática polarización en los más distintos rubros de la vida pública. No se trata de diversidad o pluralidad como elementos estimables de un estado democrático. La polarización recurrente, tiene efectos que impiden el acuerdo en lo fundamental y la diferencia en lo accesorio.

La polarización significa este mal humor público que lastima la sana convivencia porque todos estamos enojados en nuestra trinchera, con nuestra verdad insumisa, en el terreno de las conjeturas, las imposturas ideológicas, el mundo del bueno o malo, el discurso bipolar de izquierdas y ultraderechas.

Este fenómeno produce una fuerte carga emocional, afecta nuestro sentido común, minimizando la tolerancia y el diálogo, provoca la cohesión entre un grupo que comparte los mismos puntos de vista de los que descalifica a los grupos opuestos, llegando a afectar los grupos nucleares de la sociedad: la escuela, la familia, el trabajo donde se extrapola la polarización pública lastimando con ello el tejido social.

Desde hace meses, día tras día la discusión pública se va polarizando cada vez más. No es la discusión democrática, que implica resolución pública y confrontación de ideas, sino el choque de adjetivos.

Existe gente inteligente entre críticos y partidarios, pero también hay irracionalidad en los dos polos. Y, en la polarización y en la búsqueda de apoyos, las ideas pasan a segundo término. Lo importante es ridiculizar, insultar, descalificar. Más allá de los problemas económicos, de la inseguridad y la violencia que padecemos, el problema es que podemos ir perdiendo nuestra capacidad de convivencia en el país.

«El Pirruris», imagen del Fifí

El incremento de la desigualdad, la sensación de injusticia social y el descontento generalizado con la clase política son, sin lugar a dudas, algunas de las causas detrás de esta tendencia. Tal vez, las redes sociales han contribuido a aumentar esta polarización, pues al permitir seleccionar sitios o usuarios afines a nuestras preferencias políticas o ideológicas, acentúan las diferencias y condenan la tolerancia. Todo ello tiene profundas implicaciones en diversos ámbitos. Gobernar un país dividido es altamente complejo. Construir ciudadanía resulta complicado sin una cohesión nacional sólida. A nadie le conviene un país polarizado.

Esta ruta de colisión no es la solución para ver quién gana todo y quien pierde todo. Pero ese camino, que debe transitar por el método de aproximaciones sucesivas, requiere tomar en cuenta a los más distintos actores sociales para mantener la identidad de los mexicanos, un valor que no debe perderse nunca.

El reto que México tiene frente a sí no es fácil de resolver, pero tampoco es imposible de ponerlo en marcha gradualmente sin que nadie ceda en sus legítimas aspiraciones. Ojalá exista eco a esta realidad que a nadie conviene y se privilegie el acuerdo en los puntos esenciales que es necesario atender y detener esta espiral de polarización que no cede, sino crece día con día en perjuicio de la comunidad toda.

Imagen de portada: el pintor Fabián Chairez y su polémica obra «La Revolución». Foto: internet