La 4T en la geopolítica del imperialismo*

El triunfo popular en las elecciones de julio de 2018 ha abierto una amplia vía por la que el pueblo de México puede transitar hacia la conquista de sus anhelos históricos: una patria libre y soberana, gobernada por el pueblo, con justicia y bienestar. Este proceso de cambio ha sido nombrado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como la 4ª. Transformación (4T), en referencia a tres transformaciones progresistas previas acaecidas en nuestra historia nacional: La Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana.

 Armando Duarte Moller/ 4Vientos

En este artículo quiero discutir el complejo escenario internacional en el cual se desarrolla esta 4T y que influye de manera determinante en el ritmo y la profundidad de los cambios en el Estado y en la sociedad mexicanos que este proceso implica, dada su naturaleza.

En principio, trataré de responder la pregunta ¿Cuál es la naturaleza de esta transformación? Para ello, parto de que el propio AMLO ha dicho en reiteradas ocasiones, que no se trata de un simple cambio de gobierno sino de un cambio de régimen, lo que define que estamos frente a una transformación profunda en todos los ámbitos de la vida nacional.

En el campo de la política, se busca construir una verdadera democracia en la que el pueblo ejerza su soberanía y en el que el poder político se ejerza de manera obedencial, sin fetichizarlo según la expresión de Dussel[2], es decir, entendiendo que el poder tiene sentido como instrumento para servir al pueblo y no como objetivo en sí mismo, ni mucho menos para ponerlo al servicio de una minoría.

En el campo de la economía, se trata de construir nuevas relaciones, contrarias a las impuestas por el modelo imperante desde hace casi 4 décadas y conocido como el modelo neoliberal, ya que éste no puede desarrollar una economía con desarrollo y bienestar; antes al contrario, propicia la concentración de la riqueza en cada vez menos manos acrecentando la desigualdad social, la pobreza, la exclusión social, la discriminación por razones de clase, de género y de raza, destruye el tejido social y genera un ambiente propicio para el desarrollo de la corrupción y el crimen organizado.

En el campo social, la 4T busca lograr una revolución de las conciencias como base para el desarrollo de relaciones sociales basadas en sólidos valores morales, en la honestidad, la solidaridad, la generosidad, el amor al prójimo y a la patria.

En este punto quiero traer a colación un pensamiento de Carlos Marx:

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre albedrío, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y que les han sido legadas por el pasado[3]

En este pensamiento Marx llama la atención acerca de la importancia fundamental del contexto en el que los hombres actúan, ya que dicho contexto influye inevitablemente en las acciones humanas, y es ineludible tomarlo en cuenta si se quiere tener éxito en sus propósitos.

De ahí que el análisis del contexto tanto nacional como internacional resulta vital para el éxito de la 4T. Como ya lo he dicho, en esta ponencia voy a enfocarme en el contexto internacional.

En relación con éste, habría que señalar en primer lugar que un rasgo que lo caracteriza es la rapidez y profundidad con que se producen los cambios en el mundo tanto en el ámbito económico como en el político y el militar desde el colapso de la Unión Soviética y del bloque socialista. Éste, el más trascendental acontecimiento del fin del siglo XX, alentó en los centros de poder del capitalismo mundial y en particular del imperialismo norteamericano, la idea de que el siglo XXI sería “su siglo”, el siglo en el que, ya sin el obstáculo que representaba el desafío del bloque socialista y con la conversión al capitalismo de las economías de los países que lo integraban, nada parecía oponerse a la hegemonía del capitalismo neoliberal y con ella, a la hegemonía de la principal y mayor de sus potencias, los Estados Unidos.

Sin embargo, en poco más tres décadas la situación del mundo ha transitado a velocidad de vértigo, en términos históricos, de un mundo bipolar a un mundo unipolar con un centro hegemónico indiscutible y, finalmente a un mundo multipolar caracterizado por la declinación de dicho centro antes hegemónico, esto es, por la declinación del imperialismo norteamericano.[4]

En efecto, hoy por hoy el centro de la economía mundial se desplaza inexorablemente de occidente a oriente. El peso de la economía norteamericana, que al término de la Segunda Guerra Mundial llegó a significar el 50 % del PIB mundial, ahora ronda alrededor de la mitad de eso mientras que la economía de China la ha superado ya como motor del crecimiento económico mundial.

Por otra parte, la economía estadounidense se ve amenazada constantemente por la enorme dimensión de su déficit fiscal y el de su balanza comercial. Su moneda, el otrora todopoderoso dólar, es un gigante con pies de barro, cuya fortaleza se ha visto muy menguada por estos factores. Hoy Estados Unidos es el país más endeudado del planeta.

En contraparte, la emergencia de China, de Rusia y de la India como potencias económicas y militares socava el orden mundial que en sueños acariciaba el imperialismo norteamericano al despuntar el siglo XXI.

Estudios prospectivos realizados incluso por agencias gubernamentales norteamericanas y organismos económicos occidentales señalan que para 2030, a apenas un tercio de lo que nuestros vecinos del norte consideraban “el siglo americano”, China podría ser la principal economía del mundo, seguida por Estados Unidos, Rusia, la India, Brasil y Alemania[5].

El otrora orgulloso imperio inglés seria arrojado fuera del top 5 de las potencias mundiales, y al parecer, Alemania podría seguirlo en su suerte. Se especula incluso que hacia la mitad del siglo, el Grupo de los 7 (G7) no contará con ningún país de Europa Occidental. Estados Unidos quedaría en ese grupo sin los aliados que lo han acompañado desde la Segunda Guerra Mundial.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela y líder de la Revolución Bolivariana. (1955-2013)

En nuestra región también la hegemonía imperialista ha sido fuertemente cuestionada. El periodo del progresismo, inaugurado con el triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, abrió la puerta a que los principales países del Cono Sur americano salieran de la órbita imperialista. Esto llevó al fracaso, en 2005, a su más ambicioso programa de dominación: el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), con el que pretendía consolidar el neoliberalismo y su influencia en la región.

¿Y cuál ha sido la reacción de la élite dirigente norteamericana? Trasladar la conducción de la política exterior del Departamento de Estado al Pentágono, fortalecer las posiciones de los sectores duros en el gabinete del gobierno norteamericano e incrementar enormemente el presupuesto militar. Se abandona la diplomacia en aras de la fuerza. Es la salida violenta, la salida fascista a la crisis del modelo de capitalismo neoliberal, como ha quedado de manifiesto en el reciente golpe de estado en Bolivia.

Golpe de estado de Bolivia contra el gobierno de Evo Morales. Un espejo para México, Foto: internet

Es decir, la declinación de la hegemonía de Estados Unidos, lejos de significar su repliegue en América Latina se ha traducido en un incremento de su política injerencista. La razón es que, como afirmó el Che Guevara en alguna ocasión, “América Latina es la reserva estratégica del imperialismo norteamericano”.

En efecto, en un escenario mundial en el que éste se bate en feroz lucha contra las nuevas potencias emergentes por el reparto del mundo, los enormes recursos naturales y la enorme fuerza de trabajo de los pueblos latinoamericanos constituyen un activo al que no puede renunciar si quiere tener alguna posibilidad de detener su declinación como potencia hegemónica y hacer frente a sus adversarios con alguna posibilidad de éxito[6].

Por todo lo anteriormente expuesto, y por la ofensiva de la oligarquía criolla que se manifiesta un día sí y otro también de diversas formas, resulta evidente que la 4T debe mirarse en el espejo de Bolivia si no quiere pecar de ingenuidad. La naturaleza de los cambios que éste proceso implica marchan en sentido contrario a los intereses geopolíticos de la aún principal potencia económica y militar del mundo y es previsible que ésta tome las medidas necesarias para recuperar su dominio sobre nuestro país y sus recursos naturales. Esta situación determina que la 4T no puede circunscribirse a las acciones del gobierno mexicano, sino que necesita del apoyo y la movilización del pueblo para garantizar el impulso y realización de las transformaciones en curso.

El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha ganado ha pulso el apoyo y cariño del pueblo mexicano. Foto: internet

El éxito de la 4T depende de la acción conjunta de pueblo y gobierno. Es un programa de cambios para salir del neoliberalismo y para construir un futuro de justicia y bienestar que exige de la fusión de pueblo y gobierno en su ejecución. No puede haber 4T sin el concurso decidido y firme del pueblo.

*Este artículo está basado en la ponencia que con el mismo título inscribí para participar en el III Encuentro Nacional por la Unidad de las Izquierdas, a celebrarse el 15 de diciembre de 2019 en la ciudad de México.

[2] “La fetichización del poder (…)  consiste en una voluntad de poder como dominio sobre el pueblo, sobre los más, sobre los débiles, sobre los pobres”  Dussel Enrique. 20 tesis de Política. Segunda reimpresión 2008. Siglo XXI Editores. México, p. 44

[3] 2 Carlos Marx. El 18 Brumario de Luis Bonaparte

[4] La revista Foreign Policy, asumiendo este hecho, ha elaborado lo que llama “el declinómetro”, para medir en qué situación se encuentra Estados unidos.

[5][6] La principal reserva de petróleo del mundo se encuentra en Venezuela. En otros países como Argentina, Brasil, México, Ecuador, Perú y Bolivia existen también grandes reservas de hidrocarburos que resultan vitales para sostener la voraz demanda de energía de la industria norteamericana. Bolivia posee además las más grandes reservas de litio, material estratégico para las nuevas tecnologías. Siete de los 10 minerales estratégicos para la industria militar norteamericana pueden encontrarse en las minas de América del Sur. En ellas, además abundan aún el oro y la plata, que resultan estratégicos para apuntalar al dólar. La región posee además casi la mitad del agua dulce y la mitad de su biodiversidad del planeta. Y por si ello no bastara, los pueblos latinoamericanos se caracterizan por estar constituidos en su mayoría por jóvenes, es decir, por fuerza de trabajo en plenitud que es una fuente formidable de plusvalía para ser extraída en beneficio del capital.

Armando Duarte Moller. Doctor en Estudios de Desarrollo Global por la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California, (UABC); docente en la misma universidad, en el Instituto McClaren de Pedagogía Crítica, y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde imparte las materias de Sociología de la Educación y de Políticas Pública.