APARADOR: 1984 en el 2019

En su libro 1984, George Orwell nos mostraba un mundo antiutópico, en el cual el big brother tenía la capacidad de ver todo a través de una especie de monitores y otros artilugios para tener un control absoluto de la vida pública y privada de la sociedad. Esta maravillosa obra transmite angustia y preocupación, al ver cómo los humanos construimos nuestra propia perdición, haciendo uso del poder como eje nuclear de las mayores tristezas humanas; a principios de los años 2000 la idea del poder absoluto se redujo a un simplista reality show, pero eso es otra historia que no debe distraernos en este momento.

José Alfonso Jiménez Moreno / A los 4 Vientos

Ahora, en 2019, y sin pretensión de parecer alarmista, la pesadilla orwelliana es más que visible en lo cotidiano. Estamos carentes de privacidad, en aras de algunos likes, que simulan a la perfección una posible relación entre entes extraños y distantes entre sí: subimos a la red nuestras ideas, fotos, música, memes y cualquier otra cosa que nos represente. A través de Facebook, Instagram o la red que usted prefiera, compartimos destellos de nuestra vida y personalidad. Subir la foto de un hijo o amigos, imágenes de nuestro pasado, las canciones que disfrutamos, las iconografías que nos parecen graciosas, la comida que comemos o las noticias que nos preocupan, son algunos ejemplos de nuestras ideas y vida, que son lo más privado que tenemos.

No solo con lo que compartimos, sino también con nuestros likes, etiquetando a nuestros amigos o haciendo check de donde, estamos alimentamos la red de datos sobre nosotros mismos. Ayudamos a que las empresas de redes –como Facebook o Google– nos conozcan; nuestras vidas, gustos, ideas y comida es de conocimiento de estos sistemas. Nuestra vida, que se reduce a datos, se convierte en poder para estos consorcios. Ahora estamos rodeados de big brothers, que, como ya lo comenta el filósofo Byung-Chul Han, a través de un poder amable (basado en los gustos, en los likes) tiene dominio sobre nosotros.

Resultado de imagen para facebook big brother

Estos big brothers saben todo de usted y de mí, siempre nos observan, o, mejor dicho, les damos nuestra privacidad; no tenemos coerción para mostrar una foto de nosotros posando en el baño para una selfie, basta un par de Me gusta. Google sabe a dónde vamos a diario, los lugares que visitamos, lo que comemos, lo que nos gusta, lo que no nos gusta y hasta sabe en qué banco tenemos nuestras cuentas. Usted y yo no solo cedemos nuestras vidas a empresas que tienen la capacidad de observar todo lo que esté conectado a Internet, sino que lo aceptamos e, incluso, lo disfrutamos.

En la obra 1984, el big brother era coercitivo, había castigos si alguien osaba ir en contra del poder hegemónico. Esta coerción violenta generaba resistencia (como suele suceder en cualquier aspecto de la vida en la que hay un intento de coerción), implicaba que hubiera disgusto entre algunos de los sometidos y el big brother todo poderoso. Ahora, en los tiempos del like, nadie lo obliga a ceder sus fotos y la de sus hijos en la red, nadie le pide que nos muestre lo que va a desayunar, cuántos kilómetros recorrió corriendo en los grandes maratones, en qué aeropuerto está, de qué sabor pidió su café o que canción está usted escuchando. Ahora usted y yo lo hacemos voluntariamente, lo hacemos porque nos gusta, cedemos nuestro ser al big brother y nos afanamos del número de likes que generamos. El poder del big brother actual es absoluto, es disfrutable.

En lo personal me parece que no es necesario preocuparse por el big brother, ya que éste no hace nada si usted no se lo permite, si no acepta sus “Términos y condiciones”. Lo preocupante, me parece, es que voluntariamente buscamos ceder nuestra vida por un par de likes. Me llama la atención que quienes tienen muchos seguidores se llamen a sí mismos influencers, que más que influir, significa estar más sumido en el sistema de poder del big brother contemporáneo. Lo preocupante es, tal vez, que no hay espacio para la discrepancia, la resistencia y, a su vez, para el pensamiento. Hemos reducido el poder de la expresión y de construcción de ideas al like. Esto es peor que el big brother orwelliano. Ese era un enemigo ajeno al lector; ahora, el enemigo está en nosotros, quienes hemos incorporado tanto el poder que hasta lo disfrutamos. Nuevamente, la realidad supera a la ficción: eso es lo preocupante.