REDES DE PODER: A la vuelta joven

México está obsesionado con el aumento de penas de prisión. Propensos como somos al drama penal, la primera cuestión a dilucidar es qué hacer con un sistema que enfermó de años de prisión.

Alfonso Torres Chávez / 4Vientos

El derecho penal mexicano está sentado sobre el paradigma del aumento de penas de prisión.

Si fijamos el objetivo del estado en el castigo corporal nos encontraremos con un escenario de cárceles hasta el tope en cuanto a su capacidad física.

El Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia  (PRONAPED) ha mostrado su ineficacia, porque, aunque los municipios de todo el país han recibido apoyo económico, el programa no ha demostrado ser eficaz para la prevención del delito.

Todo el sistema penitenciario está asentado en México, en simples recetas mágicas.

Al momento de escribir nuestra obra Propuesta para mejorar la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes y su aplicación (2017-2018), la situación indicaba de acuerdo con diversos documentos consultados a una crisis grave de todo el sistema de prisiones mexicano.

No hay posibilidad de arreglar la situación si no nos ponemos en el momento de aplicar los programas para mantener las cárceles en un estado óptimo.

Los programas destinados al mejoramiento de las prisiones no tienen fondos.

Sin dinero ningún programa puede funcionar.

Pero en México hacemos las cosas al revés: el programa no desparece de la ley, pero tampoco tiene dinero para funcionar.

Sin fondos no podemos hacer nada, pero el asunto aquí es con o sin dinero el programa sigue funcionando, aunque no tengamos fondos para sostenerlos.

Aunque los programas no funcionen en México aplicamos soluciones mágicas: el programa se prueba, si no funciona lo dejamos legislado, pero eso sí: le quitamos los fondos de funcionamiento.

Cárceles mexicanas sobrepobladas

¿Cómo es posible entonces de cualquier programa funcione sin fondos económicos? Eso ya se verá, el asunto es que como hay que ahorrar miles de millones de pesos, la solución del programa es quitarle los fondos y allí si ni qué hacer.

El pronóstico no es nada halagüeño, pero de todos modos, sin dinero no podemos hacer nada.

La estadística seria ha demostrado que, desde luego, la delincuencia no ha descendido, aunque el programa tenia fondos y se aplicaba.

En conclusión, estamos como al principio.

Los programas como el PRONAPRED están diseñados para hacer que descienda la incidencia delictiva.

Al vuelo.