Lady Bomba o los odiantes de las masas

No. Ximena García no tenía el franco deseo de que alguien dejara caer una bomba en la plaza abarrotada. Las expresiones grandilocuentes abundan en nuestros usos y costumbres cotidianos: “Si llega tarde lo voy a matar”,Que me parta un rayo”, “Ya mejor suicídate”. Son figuras retóricas que agregan floritura a nuestra expresividad, aun cuando se trate de frases propias de matones o tiranos históricos quienes sí solían hablar en forma literal.

Alfredo García Galindo/ 4 Vientos

Pero en Ximena García parece que lo que sí está ahí es la profunda animadversión propia de una personalidad tan poco proclive a la sensibilidad humanista, que su desprecio por otros es suficiente como para no medir lo ofensivo que puede ser un mensaje “en broma”, mensaje que, desde luego, no dedicaría a sus seres queridos; claro, más allá de la torpeza gratuita de no recordar que era empleada de una aerolínea y que en estos tiempos extramediatizados la guadaña de la crítica está lista desde distintos frentes tal como muy tarde ella comprobó.

Lo que lleva el asunto a un punto trágico es ese tufo de odio de clase tan generalizado en ciertas huestes y de las que Lady Bomba se erige como representante estándar. No es muy difícil encontrar la confirmación correspondiente, como se vio con la etiqueta en Twitter que invitaba a respaldar el dicho: cientos de internautas afirmando el deseo de que el mandatario sea asesinado o incluso hablando de las formas varias para hacer más efectivo el imaginado genocidio. Así se las gastan estos odiantes de las masas.

Violencia normalizada en este país de muerte y tan paradójicamente entregado a la religiosidad de sus mayorías.  Mexicanos –muchos de ellos autoafirmados como defensores de la vida, la familia y la decencia– cuya activismo consiste en despreciar a pobres, prietos y chairos; en asignar la peor naturaleza a esa chusma que el naco presidente encarna y a los que les parece justo aborrecer.

Situados en el extremo contrario de esos simpatizantes inflexibles del tabasqueño que todo le celebran, estos odiantes de las masas no soportan que un sujeto del populacho los gobierne. No hay posibilidad de abrir un debate cuidadoso que en efecto exprese con rigor y seriedad las fallas de su gobierno (más allá de las impertinencias evidentes como la de llamar “fifís” a sus detractores), pues para ellos no hay medias tintas posibles; todo es despreciable en bloque, porque en el imaginario de estos odiantes de las masas no hay perdón para quien se atreva a ocupar la silla en la que ellos sólo aceptan a la gente bien.

El mensaje de Pau Peña, la hija del entonces presidente Enrique Peña Nieto, en contra de «La prole», es decir, de los trabajadores asalariados.

Todo esto es lo que está detrás de ese puñado de palabras de Lady Bomba. Un México dividido a fuerza de menosprecios estamentales que parecen heredados del virreinato. El boato de clase –real o imaginado– que se manifiesta en las conductas tamizadas en las redes sociales. Selfies y memes plenos de aporofobia (odio al pobre, según Adela Cortina) que acreditan a quienes tienen el derecho en la punta de esa pirámide cuya base le corresponde a los plebeyos y a las castas contemporáneas. El vilipendio a un político como si se tratara de un advenedizo que se casó con la rica república y que ocupó la casa con todos sus vulgares prosélitos.

En fin, que mal escenario es ver que casos como este –sumados al hecho irrebatible de la popularidad del presidente– pueden hacer que el rencor de los odiantes de las masas siga creciendo, tal como lo muestran los autonombrados Chalecos México o el empresario Gilberto Lozano; personas cuyo estilo crítico del presidente es tan excedido y fanatizado que refuerza en su trinchera a quienes no reparan en desprecios, pero que termina por ahuyentar a muchos otros ciudadanos cuya sincera preocupación frente a este régimen no se origina en reparos de clase.

Habrá que desear mejor que de esto surja una ganancia en objetividad por muy marginal que sea. Que haya al menos una breve oportunidad para una mínima pedagogía ciudadana acerca de por qué los mensajes de odio no deben ser tolerados por mucho que hayan sido expresados “en broma”. Que la imagen de Lady Bomba pidiendo perdón nos permita reflexionar en torno a que lo preocupante no es tanto lo que haya dicho ella en específico sino el mal del que da cuenta, es decir, de un clasismo que erosiona gravemente la cohesión social y que se encuentra adherido a la noción del mundo de una gran cantidad de mexicanos.

Alfredo García Galindo es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.