REDES DE PODER: De los delitos y de las penas

César Bonesa Marqués de Beccaria nació en Milán en 1738, Beccaria es un contractualista convencido, de que el estado tiene la obligación de  proporcionar toda una serie de satisfactores a los ciudadanos. Cuando Beccaria escribió el Tratado de los Delitos y de las Penas en 1764, hizo un recorrido por las prisiones de Italia para constatar las condiciones en las que vivían los presos.

Alfonso Torres Chávez/  4 Vientos

Con 21 años de edad y una mente preclara Beccaria describió a detalle las penurias del sistema. Las cárceles que fueron objeto de su estudio, se distribuían por diversos espacios geográficos de Italia.

Beccaria habla de la dulzura de las penas de prisión. Aquí, la primera pregunta es: ¿Cómo se pueden dulcificar las penas de prisión? Evidentemente esto se refiere al hecho de que las cárceles deben ser sitios donde se rehabilite al sujeto y que además cuente con instalaciones óptimas que se complemente con servicios religiosos.

Por su condición acomodada Beccaria tuvo los recursos económicos para recorrer todo el país, e internarse en las prisiones.

Al observar el estado que guardaban estas, se cuestionó respecto a la utilidad de la pena de prisión.

La humanización de las penas –en lo referente a su dulcificación- es lo que las hace funcionales. La pena de prisión, que es dulce, es aquella que lleva al sujeto a una feliz reinserción social.

Para Beccaria un sistema penitenciario que cumple con esos objetivos es un sistema útil. Desde luego, las condiciones de la cárcel deberían ser de una mayor optimización, pero al no ser así, la prisión se convierte en una lucha constante por sobrevivir.

Las condiciones de dulzura a que se refiere Beccaria tratan de reflejar desde luego a un sistema penitenciario que lo primero que debe hacer es cumplir con su obligación constitucional de rehabilitar a los presos.

Se sabe desde hace tiempo que la prisión no rehabilita, pero la obra de Beccaria, «Tratado de los delitos y de las penas», que fue escrito y publicado en 1764,  es un libro fundamental para comprender la función básica de la prisión.

Con Beccaria es la primera vez que un autor habla de la división de los presos, de que se les realice entrevista criminológica con objeto de medir su peligrosidad.

Es así, como establece a razón de propuesta, que las prisiones se dividan en departamentos especializados de tal forma que los presos pasen por toda una batería de exámenes para su clasificación.

Una vez clasificados es más sencillo establecer un tratamiento con base en resultados perfectamente medibles.

Así, las condiciones de la prisión deben darse para que el sujeto entre en proceso de rehabilitación.

Imagen de portada: César Bonesa Marqués de Beccaria. Foto: inernet