La dictadura del capital financiero y la 4T.

El domingo 11 de agosto el pueblo argentino manifestó su rechazo al regreso del neoliberalismo al votar en favor, de manera contundente, por los candidatos del llamado “Frente para Todos”, amplia alianza política de corte progresista y de izquierda.

Armando Duarte Moller/ 4 Vientos

Este Frente postuló como sus candidatos a la Presidencia de la República a la fórmula integrada por Alberto Fernández (jefe de gabinete durante el mandato de Néstor Kirchner) y Cristina Fernández de Kirchner (Presidente de la República Argentina entre 2011-2015), el primero para el cargo de Presidente y la segunda para el de Vicepresidente.

La ventaja de los ganadores sobre sus más cercanos contendientes, la alianza oficialista llamada “Juntos por el Cambio” que postula al actual Presidente Mauricio Macri para reelegirse y dar continuidad al modelo neoliberal que impuso desde 2015, fue de más de 15 puntos porcentuales. Una victoria que ha sido considerada como arrolladora.

Esta no fue la elección constitucional que define a quienes ocuparán los cargos en disputa, sino que se trata de una elección primaria que, de acuerdo con el sistema electoral argentino, se realiza para definir partidos y candidaturas que contenderán posteriormente en la elección constitucional, esto es, que tanto los partidos como los aspirantes a cargos de elección popular que pretendan participar en la elección constitucional, la cual se celebrará en octubre próximo, deben antes hacerlo en las elecciones primarias para que el pueblo, ya sea que forme parte o no de los partidos, sea quien decida qué partidos podrán presentarse a la elección constitucional (deberán obtener al menos el 1.5% en las primarias) y con qué candidatos (los que resulten triunfantes de entre las opciones que cada partido presente). En Argentina, en virtud de este procedimiento peculiar, los partidos proponen candidatos pero el pueblo dispone cuáles partidos y cuáles candidatos. La decisión última es de los ciudadanos, no de las burocracias partidarias. A estas elecciones primarias se les conoce como PASO, que son las iniciales de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.

El triunfo del “Frente para todos” provocó una furiosa reacción de “los mercados”, ese genial fetiche con el que el capitalismo neoliberal oculta los verdaderos intereses escondidos detrás de él: el capital financiero monopolista internacional. Al conocerse los resultados, como por arte de magia se desplomó la bolsa de valores de Buenos Aires y el peso argentino sufrió una brutal devaluación. Ni tarde ni perezoso, Macri sale a los medios a declarar que es consecuencia de la desconfianza de los mercados ante el inminente triunfo, de nueva cuenta, de la izquierda progresista y antineoliberal. Evidentemente su declaración tiene el propósito de infundir el miedo en los electores argentinos para que reconsideren el sentido de su voto en octubre y que prefieran que él, Macri, se mantenga en el poder para que el fetiche genial,  es decir, “los mercados”, calmen su ira y todo “regrese a la normalidad”.

Macri, el neoliberal

Lo que Macri parece pasar por alto es que esa normalidad que ofrece y que se refiere a su periodo de gobierno, representó para la mayoría de los argentinos mayor desempleo, mayor pobreza, pérdida de poder adquisitivo de su salario, de prestaciones sociales y de bienestar en general, a la par que pérdida de soberanía y un crecimiento desorbitado de la deuda externa. Lo que los argentinos lograron durante los gobiernos progresistas de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández en términos de bienestar social, de soberanía y de echar al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial de Argentina, Macri lo echó por la borda en apenas 4 años, imponiendo un modelo ferozmente neoliberal que puso de nuevo al Fondo Monetario Internacional en el puente de mando de la economía argentina para favorecer al gran capital a costa del bienestar del pueblo.

Lo que estamos viendo en Argentina es el rostro desnudo de la dictadura del capital transnacional, que castiga al pueblo argentino por ejercer su derecho a decidir, soberanamente, a quienes quiere como sus gobernantes y el rumbo que éstos deben seguir. En efecto, el mensaje del capital financiero internacional es claro: en la democracia neoliberal, o debiéramos decir, en la dictadura del capital financiero, puedes elegir a tu gobierno, pero si escoges al que no me agrada, te castigo propiciando el derrumbe de tu moneda, de la bolsa de valores con la consecuente fuga de capitales y te condeno a la crisis económica. Y en una economía organizada bajo el arreglo neoliberal en donde el estado no tiene poder económico, es claro que quien tiene el sartén por el mango es el capital privado, en particular, el capital financiero internacional. Dicho más claro, en la democracia neoliberal, la soberanía no reside en el pueblo, sino en los dueños del capital. Es por ello que en realidad se trata de una dictadura del capital financiero. Así lo determina la forma como el capitalismo se organizó a escala global al término de la segunda guerra mundial.

Esto que pasa en Argentina pudo y aún puede pasar en nuestro país.

El triunfo de AMLO y de Morena el 1 de julio de 2018 estuvo precedida de las amenazantes advertencias de que la posibilidad de ese triunfo ponía nervioso al genial fetiche neoliberal capitalista, “los mercados”, y que de concretarse éstos reaccionarían desfavorablemente provocando devaluación, caída en la bolsa y crisis económica.

Sin embargo, la inteligente estrategia de AMLO y de Morena de constituir una amplísima alianza, capitalistas incluidos a pesar de las protestas de un izquierdismo infantil, con base en un programa de reformas económicas moderadas en el primer tramo de su gobierno, desactivaron momentáneamente la conspiración del capital financiero.

No obstante, éste ha pasado nuevamente a la ofensiva. El comportamiento de las llamadas calificadoras, auténticos sicarios del capital financiero que un día sí y otro también hacen referencia a la desconfianza de “los mercados” en el programa económico del gobierno federal actual, reduciendo la calificación de la llamada “deuda soberana” del país, presentándolo como peligroso para la inversión, así lo demuestra. La apuesta del capital financiero en México es hacer fracasar el programa de la 4ª. Transformación (4T) provocando la recesión económica para alentar el descontento popular y con ello, minar las bases de la legitimidad del gobierno con la mira puesta en la próxima sucesión presidencial, para tratar de colocar en el poder a alguno de sus achichincles y restablecer el modelo neoliberal que tantas utilidades le ha proporcionado.

En pocas palabras, para evitar la recesión y la crisis posterior, lo que el gobierno de la 4T debe hacer es olvidarse de sus pretensiones antineoliberales y “regresar al camino correcto”, es decir, al neoliberalismo, para congraciarse con el genial fetiche y que éste lo premie regresándole las buenas calificaciones que impulsarán la inversión privada y con ello, el crecimiento económico.

En la dictadura del capital financiero, como lo dijo Margaret Tatcher hace ya unos 40 años, “no hay alternativa”: o te sometes o te sometes. Esa es la “democracia neoliberal”, una auténtica dictadura del capital financiero.

Es tan clara esta estrategia que apenas se puede entender que existan algunos sectores, minoritarios por cierto, de la izquierda mexicana que alzan la voz en cuello sumándose sin pudor alguno al coro de críticos de la derecha para señalar las fallas, que sin duda existen,  en el gobierno de la 4T. El papel de la izquierda y el del pueblo, no es quedarse callados ante estas fallas, pero su crítica debe ser de naturaleza distinta a la de la derecha. Nuestra crítica debe ir orientada a corregir los errores y mantener el rumbo hacia el cambio verdadero, no de criticar sin proponer, pues ello contribuye efectivamente al objetivo de la derecha: confundir al pueblo y voltearlo en contra de su gobierno.

enemigo, que no adversario de la 4T y del pueblo de México, es muy poderoso y demanda de éstos el talento y la firme decisión de avanzar para hacer realidad la posibilidad de cambio verdadero que se abrió el 1 de julio de 2018, para que el pueblo de México recupere su dignidad y derecho a decidir su propio destino sin los chantajes del “genial fetiche”. Para ello hay que desmantelar el arreglo neoliberal de nuestra economía mediante el fortalecimiento del sector público y social de la economía para romper los lazos de dependencia que hacen posible la dictadura del capital. Dejo aquí, como corolario, una reflexión del filósofo y economista austriaco Karl Polanyi: “Permitir al mecanismo del mercado ser el único director del destino humano y de su ambiente natural resultaría en la demolición de la sociedad”.

*Armando Duarte Moller. Doctor en Estudios de Desarrollo Global por la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California, (UABC); docente en la misma universidad, en el Instituto McClaren de Pedagogía Crítica, y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde imparte las materias de Sociología de la Educación y de Políticas Pública.