SALTO CUÁNTICO: Soy blanco… “Soy superior”

“El deber del superviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan.” 

Elie Wiesel

Donald Trump ha acuñado frases racistas, xenofóbicas y machistas desde su campaña.

José Luis Treviño Flores/ 4 Vientos

He aquí algunas frases de Trump:

México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores.

Un muro en la frontera con México nos ahorraría muchísimo dinero.

Si gano las elecciones, devolveré a los refugiados sirios a casa.

Este es un país en el que hablamos inglés, no español.

Cuando eres una estrella puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el coño, lo que quieras.

También existen frases externadas por líderes racistas en la unión americana, Chris Baker, líder de Los Leales Caballeros Blancos del Ku Kux Klan, dice:

Chris Baker, KukuxKlan

Me apego solamente a Dios y a la Biblia donde dice que solo habrá un lugar para la raza blanca

No somos supremacistas blancos, simplemente abogamos por la separación racial y por eso en este lugar (EE.UU.), no deberían estar ni latinos ni afrodescendientes.

Jesucristo no era judío. Los judíos no deberían existir. Los judíos representan al demonio y al pecado.

El nombre de Adán traduce: «el gran hombre blanco»

Si los mexicanos se siguen valiendo del sistema estadounidense, esto va a terminar en una guerra civil porque ellos tendrán que salir tarde o temprano del territorio.

 La genética de la raza negra hace que tengan una mente infantil, su cerebro no se desarrolló correctamente y eso ha sido comprobado por la ciencia.

El homosexualismo no es una condición natural. Los gays deben morir y por eso Dios creó el sida.

Dios maldijo a las personas de raza negra para que sean servidores y esclavos

 En este momento estamos asistiendo a tiempos de guerra, donde los negros, los latinos y los judíos están invadiendo tierra de blancos.

No he matado a nadie, pero deberíamos poder hacerlo cuando la justicia no funciona.

O como cuando el mismo Chris Baker amenazó a la periodista colombiana Ilia Calderón en una entrevista reciente poco usual, donde le dijo:

Me enoja haberte visto y a todos los de tu tipo que veo cada día… Yo no te voy a echar del país, sino que te voy a quemar viva

Imaginen un chico blanco, de unos 14 años, rodeado de frases, expresiones y discursos como los antes mencionados, repetidos hasta el cansancio por sus padres, amigos y familiares; chico que, en plena formación y desarrollo de su lóbulo frontal, encargado del control de los impulsos, el juicio, la producción del lenguaje, la memoria funcional (de trabajo, de corto plazo), funciones motoras, comportamiento sexual, socialización y espontaneidad. Mismo lóbulo que termina de madurar, pasados los 25 años según la psicología. Cuando se toman decisiones importantes, dicha área cerebral es la responsable de los procesos cognitivos para que los movimientos, comportamientos y conductas que se vayan a realizar sean los apropiados al momento y lugar concreto. 

La última dirección conocida de Patrick Crusius es la casa de su familia en Allen, Texas, a unos 30 minutos de Dallas y a más de nueve horas de El Paso.

Se ha mencionado hasta el cansancio que los asesinos en masa padecen de algún trastorno psiquiátrico y que están enfermos, por ello actúan sin conocimiento de causa o responsabilidad de sus actos atroces. El trayecto formativo de un ser humano depende de muchos factores culturales y sociales que determinarán su conducta en la vida adulta. Somos producto de símbolos, significados y significantes que nos definen en la toma de decisiones. Cuando se somete al chico blanco a un bombardeo constante de su supuesta superioridad, que vive en un país invadido por extraños de diferente color y costumbres, mismos que son una “amenaza” a su estabilidad, su crecimiento, su futuro como persona, existe una comunidad recurrente en reuniones con ritos y parafernalia afín al discurso de odio y el chico blanco llegará a los 21 años, convencido de que la única salida a la invasión racial, es el exterminio. El chico blanco, no puede diferir entre un ser humano y un invasor, no porque sea un enfermo mental, sino porque su trayecto formativo así fue definido. Es una cadena de corresponsabilidad, desde la cuna, hasta la edad crucial.

Los crímenes de odio están directamente vinculados al discurso de supremacía blanca y el neofascismo, es una forma de vida, retorcida, pero forma de vida al fin, y así la asumen sus defensores e integrantes; para ellos es normal el sentirse superiores y por encima de toda raza que no sea suya. Si le agregamos el ingrediente de fanatismo religioso y una interpretación a modo de algún libro sagrado, en este caso la Biblia, se completa la mecánica sociocultural para justificar cualquier acto en pro de su muy particular visión del mundo y sus habitantes.

Los supremacistas blancos de Estados Unidos no se diferencian de cualquier otro grupo fundamentalista convencido de que el terror y la masacre son la única salida y justificación para su objetivo final, buscan implementar un gobierno y una sociedad, basada en el odio, la discriminación y la intolerancia.

El pensamiento conservador y racista de ultraderecha no es exclusivo de los grupos de supremacía blanca estadounidense, en México también tenemos dignos representantes emanados de partidos políticos como el PAN, encubiertos en una aparente lucha democrática, pero con profundas raíces elitistas, racistas y desde uno de sus bastiones más emblemáticos, El Yunque, fundado en 1955 por Ramón Plata Moreno y Manuel Díaz Cid, cuyo principio es defender a la religión católica» de sus adversarios: «el comunismo, el pueblo judío y la masonería»

El objetivo de dicha organización es instaurar «el reino de Dios en la tierra» y evangelizar las instituciones públicas mediante la infiltración de todos sus miembros en las más altas esferas del poder político. Tales objetivos poseen una fuerte influencia de la obra «La ciudad de Dios» del teólogo Agustín de Hipona.

El ataque perpetrado el pasado sábado 3 de agosto en la ciudad fronteriza con Ciudad Juárez, México, El Paso, Texas, en las inmediaciones del complejo comercial de Cielo Vista Mall, al cual pertenece el supermercado Walt Mart, fue el lugar escogido por el joven Patrick Wood Crusius, identificado como el causante de la masacre donde fallecieron hasta el momento 22 personas, ocho de las cuales son ciudadanos mexicanos. Al momento de su detención, según fuentes de la policía local, el joven asesino dijo que “su objetivo era matar tantos mexicanos como fuera posible”.

Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas. Ellos son los instigadores, no yo. Simplemente estoy defendiendo a mi país del reemplazo cultural y étnico provocado por una invasión», escribió Patrick Crusius previo a la masacre que cometió el sábado 03 de agosto en El Paso, Texas.

Una política de tolerancia casi absoluta para poseer armas de fuego desde los 21 años en Estados Unidos, sin más requisito que una identificación, un discurso normalizado de odio hacia los mexicanos por parte de la máxima figura política y representante del poder ejecutivo, Donald Trump. Incontables células racistas y neofascistas a lo largo y ancho del territorio estadounidense, la alimentación cotidiana del odio hacia los extranjeros mediante redes sociales. Miles de niños blancos, creciendo y asumiendo en su débil e inmadura psique, que, para seguir vivos, deben exterminar.

Dolientes de las víctimas del atentado terrorista contra mexicanos y connacionales en El Paso Texas. Foto: AFPGetty/Internet

Por ello es tan importante que el gobierno mexicano, haya declarado a través del Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard, que el tiroteo en El Paso, es un acto de terrorismo contra los mexicanos, y a su vez explorar acciones legales en contra de Estados Unidos, además de solicitar la extradición de Crusius. Declaración histórica y nunca antes vista.

La poderosa nación estadounidense, debe asumir su directa responsabilidad como país, que la política intolerante y racista, generada por sus propios líderes políticos y oligarcas, los está orillando a otra guerra civil, ésta vez, con un costo aún mayor.

“Un padre que lleva a su  hijo a ser un racista, daña al niño, daña a la comunidad donde viven, daña nuestras esperanzas de un mundo mejor.” 

Desmond Tutu