Pequeña charla sobre fotografía: resumen sincrético sobre Joan Fontcuberta en El beso de Judas

La siguiente se trata de una compilación de resúmenes sincréticos de capítulos selectos en el libro El Beso de Judas de Joan Fontcuberta. La selección la he realizado con la intención de que se llegue a comprender un poco la filosofía fotográfica. Aunque si lo que el lector busca es más una introspección ontológica en la materia, recomendaría leer a Barthes en la cámara lúcida.

Cuauhtémoc Treviño/ 4Vientos

Pecado original e introducción

La fotografía se discute como el pecado original por la blasfemia que conlleva la reproducción de la naturaleza; el hombre trata de imitar el poder de Dios, casi pornográficamente, al tener la fotografía un carácter de verdad, y nada censurada, la verdad como es, o al menos lo que es mostrado tal y como se ve.

En este sentido la fotografía peca de mentirosa y el fotógrafo de buen mentiroso, hacedor de verdades mentidas. Si bien la fotografía constó en sus inicios como una herramienta ya para la verdad indiscutible por el hecho de técnicamente ser una perfecta imitación de la realidad, se ha discutido más adelante en su historia la capacidad de la fotografía para otorgar autoría y subjetivismo al autor.

Joan Fontcuberta ejemplifica lo anterior dicho con la historia del natalicio de su hija Judit, en donde la maternidad estaba limitada durante los hechos consecuentes al inicio de ésta en el hospital, sobre todo porque Judit debía permanecer alejada en incubadoras por su carácter de su natividad prematura. Así que instruyendo a la enfermera en el uso de la cámara observarían él y su esposa a su hija por primera vez. Sin embargo, ¿Quién asegura que el bebé ahí visto es verdaderamente suyo?, si bien estaba retratado el hecho duplicado de la realidad de que había un bebe dentro de una incubadora.

El punctum de una fotografía es elemento anodino que otorga a la fotografía con la capacidad de otorgar subjetividad y autoría, y en cierto grado es por el que se gana prohibiciones iconoclastas.

La fotografía sería entonces considerada en ese sentido como una especie de muerte, ya que congela momentos, y los roba. De ahí que se hable de que la fotografía robe el alma. Y de ahí que pueda considerarse un pecado original, y por el cual los fotógrafos sean dos veces pecadores, ya que son doblemente mentirosos.

Sin embargo, para las celebraciones judías la fotografía es considerada como un trabajo, y está prohibido en los días sagrados de descanso. Aquí obtendría una permisividad para estar activa, entendiéndose  tan válida como lo es una oración de los más fieles.

La tribu que nunca existió

El tema a tratar ahora es una profundización sobre la mentira en la fotografía. Aunque se ahonda más respecto de la manipulación en la fotografía y no tanto como el concepto general de la naturaleza mentirosa de la fotografía, sino que se explora la ecología de la mentira dentro de un cordial texto mecánico y artístico.

A partir del concepto de la tribu que no existe, se plantea una duda con raíces finas acerca de la realidad y la verdad establecidas. Se trata de instaurar una naturaleza escéptica. Esto introduce las nociones que después extrapolarían dentro de su propio trabajo para la estimulación de este ejercicio intelectual.

Tribus Papues/ Dogguie.net

En base a establecer esta duda razonable respecto de un ejercicio antropológico, se cimenta una opinión de fuerte crítica hacia el ejercicio epistemológico y la teoría de conocimiento científico, en donde la objetividad que permea dentro de la rama es puesta en duda de manera empírica. Así se exploran y se plantean diferentes conceptos y niveles de mentiras a partir de una ramificación conceptual de la misma: la manipulación.

La manipulación se establece como adulteración con intencionalidad perjudicial, ya sea intencionada o no, dado que muchas veces la verdad, realidad e información son tergiversadas sin el conocimiento del propio emisor del mensaje. Así en la fotografía se puede hablar de una vertiente más natural y otro más conceptual, entendiendo su naturaleza documental como objetivo, y artística como subjetivo. Sin embargo, este paradigma se rompe al comprender los elementos como parte de la propia fotografía.

Sirens, de Joan Fontcuberta

Y respecto de la manipulación en la fotografía se puede hablar de una manipulación desde el objeto, desde el concepto y desde la idiosincrasia de la identidad del objeto, al removerlo de un contexto que le otorgue la identidad que por asociación debería corresponderle.

Los peces de Enoshima

La importancia que otorga Fontcuberta a los fotogramas es la de un doble contexto, entendiéndolos como una forma más tridimensional de acercamiento a la realidad. La fotografía como mentirosa y siendo el espejo con memoria es sólo un registro de algo. Tiene en dos sentidos mensajes objetivos o materiales y diferidos, en donde se entiende lo que se ve y el significado que se imprime en éste.

En este sentido, los fotogramas otorgan un sentido de contacto más cercano con la realidad, al imprimir las, digamos, características directas del objeto, o el objeto en sí mismo, sobre la superficie de papel. Y no sería entonces un retrato mentiroso en donde su identidad se ve construida a través de los rayos de luz que impactan el material fotosensible.

Los peces de Enoshima son una especie de analogía directa con el fotograma en la fotografía o el frottage, por ejemplo. Es casi un medio que provee una identidad más única, no mejor en sí misma, pero trasciende la fotografía convencional.

Los fotogramas confieren importancia en, dígase, una forma de abstracción. Aprovecha asimismo los fotogramas para hablar sobre el proceso de entendimiento o apreciación fotográfica. Está entonces el material comunicacional que confiere el significante y el significado, mostrando como se ha planteado una visión del artista, y también donde influyen procesos culturales, etc.

La construcción de fotogramas concede un medio de expresión menos restrictivo, de cierta manera, a la vez que puede otorgar nuevas capacidades a la fotografía. En los trabajos de Fontcuberta se manejan los fotogramas de fotografías, por ejemplo. Así pudiendo otorgar un mensaje todavía más profundo sobre la economía y la industrialización que simplemente retratar fábricas en papel.

Los fotogramas que son tan comunes en Enoshima con los peces son tan normales, y sin embargo tan fascinantes acá, despertando un sentido de curiosidad, debido a la impresión de la forma, que resulta poco convencional. Aún así, se habla de un significante significado ya que el pescado se explica a sí mismo.

Es por esto que se invita a la construcción creativa, y se habla por ejemplo de tocar los negativos con el material que retratan y no sólo ser fotografías, en donde resultan dañados, pero hablan de una evidencia más real de lo que retratan.

Verdades, ficciones y dudas razonables

En este capítulo, Fontcuberta abarca por primera vez la relación entre lo que ha definido como la verdadera naturaleza de la fotografía (la mentira) y su parte respecto a la ética. Si se trata de una mentira que permite decir verdad, entonces, ¿cómo puede ser ético el ejercicio de la profesión innatamente ligada con la mentira?

Aerofants, de Joan Fontcuberta.

No existe como tal una verdadera realidad objetiva que la fotografía pueda retratar. Muy a pesar de que su origen se viera ligado con las intenciones positivistas de la ciencia, pronto se aprendería la facilidad de la descontextualización y el reencuadre de una realidad.

Si la fotografía está ligada con la manipulación, entonces se refiere a tergiversar mediante subjetivismos un filtro de una realidad refleja en el microcosmos que es el mismo fotógrafo. El documental entonces se convierte en una dilución de objetivismos. En un peligro reduccionista, donde la verdad se convierte en una serie de criterios y no de representación objetiva.

Sin embargo, a favor del espíritu documentalista, se dice que la manipulación se encuentra per se exenta de moralidad, es decir, no juzgable, debido a que la misma naturaleza del hombre funciona bajo aparatos manipulativos que conforman la manera en que el sujeto interactúa en el entorno. Por lo tanto, en vez de una verdad verdadera se habla más bien de una verosimilitud, como sucesor ontológico de la pura objetividad.

Si la manipulación se encuentra exenta de moral, no así los contextos de aplicabilidad de dichas manipulaciones. Aun así, considerar documental solo aquello que haya sido mínimamente influido por quien le documenta es un error desde el hecho de que para documentar se imponen variopintos filtros personales primero. Más que en la técnica la confianza de verdad recae en el autor de tal documento.

Y dicho sea que, para documentar honestamente, frecuentemente se involucra una “mentira”, una manipulación en aras de una representación, dígase, espiritual, aún más adecuada. Nanook el esquimal es un buen ejemplo al respecto, típicamente calificado de docudrama, con integrantes de una especie de tribu real, convertidos en personajes que no representan verídicamente sus actividades cotidianas. Sin embargo, el documentarlo así muestra una visión completamente colonialista, con los mismos filtros con los que quizá se miraría si algún antropólogo de la vieja escuela en Europa llegase a hacer etnografía…

Videncias y evidencias

Se cuestiona la función de la memoria en la fotografía y Pasa a hablarse de una muerte del pasado y del futuro. La fotografía ya no es una evidencia, sino una videncia, en el sentido de que, por ejemplo, “si es que vamos a Francia y vemos la Torre Eiffel o a Inglaterra y vemos el Big Ben, ya nos sentiremos inconformes o contrariados cuando la realidad no encaje con las imágenes que hemos visto”. Somos entonces lo que recordamos.

Además, se cuestiona la utilidad del quehacer fotográfico. La fotografía como medio para el recuerdo, como rememoración y no como memoria.

El arte de rememorar los momentos muertos. El dedo del fotógrafo funciona como el órgano que reparte pequeñas muertes, siendo las fotografías retratos de fantasmas del objeto al que retratan.

Edgar Lima, fotógrafo de Ensenada, Baja California. Pescando la foto.

Edgar Lima, fotógrafo de Ensenada, Baja California. Pescando la foto.

Se pone en tela de duda la verdadera función de la fotografía como una mentira elaborada con la que nosotros mismos nos engañamos a nosotros mismos. La fotografía, los álbumes. Documentamos sólo los momentos felices, para recordar sólo las cosas felices, fraguando una imagen irreal de lo acontecido. Y por eso se muestran trabajos que pueden transformarse en naturalezas muertas al hacer mundano el ejercicio de fotografiar nada en especial, pero siempre obteniendo identidades a partir de una cosa mayor que la suma de sus partes.

También se propone el uso de la fotografía para documentar los momentos que tratan de escapar de la memoria. Cosas que pudieran causar vergüenza o tristeza. Fotografiar funerales, accidentes, confuerzos… La importancia de la documentación sin tapujos, transformar el documental en arte.

Esto último se aborda en unos trabajos artísticos donde las fotografías fueron recogidas de laboratorio de criminalística o de otros lugares que no pertenecen al ámbito artístico. Al cambiar de contexto adquieren nuevo carácter. Este punto refuerza la idea de abordar más pedazos de realidad, en un intento de construir una mejor imagen de la realidad.

Construir mentiras se vuelve más fácil cuando decide sesgarse la realidad. Al ser lo que recordamos entonces nos volvemos lo que creemos ser. Sin embargo, al recurrir a un órgano externo de memoria, y de la más poderosa, visual, también obtenemos ideas preconcebidas de lo que debemos ser y de lo que fuimos. Además de que elegimos entonces lo que queremos recordar

¿Qué hay entonces de todo esto?

Nada demasiado concreto en realidad. La fotografía es quizás un pequeño fragmento que seleccionar de la realidad. Y, sin embargo, aquesta que pretende representar en calidad fidedignamente absoluta de la realidad, no refleja sino un microcosmos subjetivo de ella. El fotógrafo apunta con el dedo realmente. Se trata del lente fotográfico que captura el señalamiento. Pero realmente es el dedo de aquel que manipula el aparato lo que dirige el momento. Se trata de una pequeña muerte súbita. Un momento que es asesinado en papel al imprimirse, pues como un órgano de memoria externa limita el hecho de pretender recordar. Ese momento en fotografía ha muerto porque su carácter efímero se le ha sido arrebatado y ha adquirido un carácter reproductivo.

Foto: Saturno Edo Monteiro

Se trata de una memoria mentirosa. Y a la vez de una memoria honesta. ¿Para qué pintar entonces? ¿Para qué dibujar? ¿Acaso el proceso de laboratorio ya no cuenta como expresión artística? Quizás solo para el exercitium aristotélico, dirían algunos… La naturaleza artística de la fotografía, al final, como los momentos que asesina, regresa muerta, pues siempre acabará convirtiéndose en documentación.