SALTO CUÁNTICO: TÚ

“Siempre dicen que el tiempo cambia las cosas, pero de hecho tienes que cambiarlas tú mismo.”

Andy Warhol.

¿Qué es lo que quieres? ¿Justicia? ¿Paz? ¿Mejor nivel de vida? ¿Seguridad? Te tengo noticias, cuando tenías miedo de hablar, porque pensabas en la imposibilidad de tu palabra o tu voto, permitiste que se te subieran al lomo y entraran hasta tu cocina los saqueadores de tu patria. Dejaste las puertas abiertas para que te quitaran todo lo que consideraste bueno alguna vez. Dejaste que decidieran por ti sobre cada bendito centavo, ley, trabajo, impuesto. Jamás alzaste la voz, nunca pusiste un alto, te pensaste ciudadano de tercera categoría.

José Luis Treviño Flores/ 4Vientos

Hoy que te dicen que vales, que tu palabra y voto cuentan, atacas a quien te lo permite por primera vez.

Lamento mucho si te consideras detractor del nuevo gobierno, lamento aún más, que pienses que la culpa es de las actuales autoridades.

Es muy triste observarte frustrado y dolido, es terrible que tu enojo lo proyectes hacia quienes menos culpa tienen. Sí, aunque te parezca extraño, es verdad que los apoyos al campo, a las estancias infantiles y a otros programas sociales que tú pensabas tenías, las repartían extraños con buena ropa y buenos vehículos; llegaban como señores potentados a darte migajas y a condicionarte cada pelusa otorgada, y tú eras “feliz” porque no pensabas nada, porque te extendían palabras vacías y promesas incumplidas; “feliz”, porque podías llenarte la boca de murmullos protestones a escondidas; “feliz”, porque te sabías pobre sin futuro alguno y eso, es mejor que trabajar.

Estirar tu mano y recibir la eterna despensa repleta de carbohidratos simples y proteínas de baja calidad, semillas apolilladas y bebidas azucaradas, te parecía mejor, mucho mejor. Preferías que otros administraran tus dineros, que te pusieran espacios inseguros, pero en los cuales no tenías que aportar, según tú, nada. Preferías las pláticas esquineras y de banqueta, gritar con tus vecinos la enorme carestía, la horrible inseguridad y luego meterte a tu dizque casa, para arroparte con el cobertor viejo a soñar con un mejor país. Si, ese eres tú, el que por décadas soñó sacar al PAN y al PRI de Los Pinos y ahora que, sí, ese mismo tú, lo lograste, no sabes qué demonios hacer.

Pobre de ti, atrapado en la mediocridad del pasado, soñando que vuelvan los potentados a acariciarte el jopo, a venderte sueños inalcanzables, a engrillarte el tobillo con la desesperanza y el hastío. Ahí estás, rumiando tu frustración porque no observas cambio alguno, obnubilado por tu propio rencor hacia quienes deseas regresen, porque es más fácil odiar que construir.

Imagen: Acracia

La larga tristeza de la inamovilidad social a la que estuviste condenado por mucho, se parece al volantín del parque que por vez primera se movió y ahora te mareas o te caes porque nunca antes había dado vueltas, peor aún, avanza. Prefieres dejarte caer y criticar a quienes se aferran, a quienes dicen que es mejor que se moviera. Ese eres tú, el triste y acongojado víctima de bullyings permanentes, que no sabe cómo vivir sin su zape.

Tú, el que acudió como en un sueño flotante a votar el pasado 1º de julio del 2018, atarantado por tanta violencia y maldad, a otorgar el sufragio a un cuate llamado PEJE, ese AMLOVE, con el cual bailaste después del triunfo, pensando que como por arte de magia del Mago Frank y su Conejo Blas, todo iba a cambiar al despertar al día siguiente, y no, tus verdugos seguían ahí, Fox, Calderón, Peña, Cevallos, Milenio, Televisa, La Rosa de Guadalupe. Todos seguían ahí para recordarte que eres pequeño, triste, pobre, sin capacidad para transformar. ¿Y sabes qué? Les volviste a creer.

Caíste en la trampa ya conocida, hasta te dieron el mapa y seguiste la ruta al despeñadero, tú solo. Ahora escuchas desde el Palacio Nacional a quien pusiste como tú Presidente y te espantas de su atrevimiento por continuar denunciando a tus verdugos, por recordarte a diario, muy tempranito, que todavía falta mucho por hacer, y te da “güeva”, te da coraje, porque Andrés Manuel “te falló”, tú querías un Harry Potter con varita mágica, un Jedi, un Dragon Ball. Y no, él te habla con la neta y prefieres el lenguaje florido de tus torturadores de antaño.

Ahí estás, esperando a volver a votar, y hasta parece que te baila el pie y se te arrisca la lengua para darle la razón a tus carceleros de años, ya conocidos. Anhelas tener los brazos arriba, atado, desnudo de cuerpo y alma para recibir el fuete despiadado de los conservadores, y ellos, cual sabios conocedores de tus vicios y debilidades, te guían de nuevo a la tumba y ahí vas, contento y tuerto, pero con la certeza de que los conoces y te tienen preparada tu misma despensa, el mismo discurso abreviado para no pensar.

Tienes dos opciones, solo dos: construyes un mejor país para tus hijos, al lado de quien tú pusiste en la Presidencia y el Congreso y te atreves a transformar tu odiosa realidad, sabiendo que implica trabajar, creer en la posibilidad de cambiar, jugarte la aventura de la democracia, tomar las riendas de tu sindicato, de tus derechos, de tus sueños, sacudirte los años de sometimiento. O regresar al estatus anterior, donde a ciencia cierta, sabes bien lo que te espera.

“Encara lo que eres, ya que eso es lo que cambia lo que eres.”

Soren Kierkegaard.