APARADOR: Lo cotidiano de la muerte

A Óscar Robles, gracias por una infancia llena de ilusión.

Alfonso Jiménez  / A los 4 Vientos

Hasta donde sabemos, somos el único ser en el mundo capaz de pensar nuestra muerte. Desde que tenemos uso de razón sabemos que nuestra muerte es completamente inevitable. Prácticamente cada uno de los filósofos y los psicólogos más importantes en la historia de la humanidad nos ofrecen una perspectiva en particular de la muerte que nos ayuda a tratar de comprenderla.

Somos conscientes de ella, ya que a diario tenemos noticias y conocimiento de la muerte de nuestros congéneres, todos los días nos alimentamos de la muerte de otros animales y vegetales; además, sabemos que las teorías sobre la muerte abundan. A pesar de todo eso, no logramos habituarnos a ella. Esta sensación incrementa –por supuesto– cuando la muerte es de un ser querido.

La muerte es inevitable. Esto no es una obviedad, no me refiero a que no podamos evitar fallecer físicamente hablando, sino que para vivir (no solo sobrevivir) se requiere forzosamente ser consciente de nuestra muerte. Ser conscientes de que va a llegar un día en el que ya no estemos más en este mundo es lo que nos hace buscar una vida que nos lleve a la trascendencia, buscando vivir en la felicidad, vivir con un sentido, en el buscar una vida con los demás, a evitar el sufrimiento.

Resultado de imagen para ilustracion muerte y vida

Para el filósofo Heidegger, vivimos con la muerte en los hombros, la vamos viviendo a diario. Para Schopenhauer, la muerte es el motor mismo de la vida, la búsqueda de evitación del dolor y angustia que la muerte causa ha sido el origen de las más bellas filosofías. Curiosamente, para este último pensador, la muerte representa la liberación de la angustia y sufrimiento que la vida nos genera, paradójicamente, debido a nuestra conciencia de muerte.

No hay día que no llegue ni plazo que no se cumpla. Mi vida y su vida va a llegar a su fin en algún momento. Quienes se nos han adelantado ya no pueden experimentar la angustia… y solo ellos saben lo que es la muerte. Vaya, en estricto sentido, ni usted ni yo sabemos lo que es la muerte. Sabemos que sucede a diario, pero la muerte solo se experimenta de forma individual y, como dice el chiste, solo una vez.

Quienes ya no están han dejado la angustia atrás, así como el dolor de la vida, de las enfermedades, de lo incierto, de la injusticia, de las penas, de las congojas. Su partida nos generó sufrimiento, pero la angustia que ellos vivían por la posibilidad de su muerte ha finalizado. Estrictamente hablando, no sabemos si el peor de los males sea la muerte en sí, o tal vez lo sea el hecho que seamos conscientes de ella.

Resultado de imagen para ilustracion muerte y vida

La muerte siempre llega de forma adelantada. No importa si se es joven o mayor, si se estaba enfermo o fue por accidente; todo esto es irrelevante, cuando alguien muere deja de ser proyecto, deja de ser posibilidad. La muerte corta de tajo lo que podemos ser y en lo que nos podemos convertir. Parte de lo maravilloso de ser humano es que somos posibilidad, nunca estamos acabados; la muerte nos quita eso. Sin embargo, paradójicamente, cuando la muerte acaba con nuestro ser como proyecto inacabado, a la par imposibilita el sufrimiento y la angustia de sabernos finitos. Ya no importa si no logramos hacer algo, si sufrimos, si enfermamos, lo que importa es que la vida concluyó y era necesario.

Si usted ha perdido un ser querido mis palabras no servirán de consuelo, nada lo hará. Tampoco importará mucho la lectura de los grandes de la filosofía, que pretenden convencernos de que, en realidad, al no saber nada de la muerte, tenerle miedo y aborrecerla no tiene sentido. De lo que debemos reflexionar es que la muerte es parte del viaje de la vida; tenemos la maldición o la bendición de sabernos conscientes de nuestra finitud, eso nos lleva a hacer cosas maravillosas, a disfrutar en vida con nuestros seres amados, a reír, a llorar o a disfrutar de una buena comida o una película.

¿Usted compartió con esa persona ese tipo de momentos? ¿También compartió sufrimiento? Qué gusto, compartió la vida y con la congoja comparte la muerte (al menos de cierta forma). La muerte de quienes queremos serán siempre un recordatorio de la alegría y del sufrimiento que caracteriza a la vida. Al dolernos significa que hubo amor, que hubo buenos momentos, que vivimos…y eso, eso es maravilloso.