Crónica de un Viernes Tarde

Nacer en Ensenada en la época de los noventa (90´s) y teniendo dos hermanos de los ochenta (80´s) implicó, entre muchas otras cosas, el escucharlos pedirle permiso a mi mamá para asistir a las tocadas y conciertos. No recuerdo ni a quien iban a ir ver ni en que ocasiones les dieron permiso o no; tampoco recuerdo si alguna vez se habrán ido sin permiso. Lo que sí permanece en mi memoria es la voz de mi madre preguntando “¿Y dónde va ser?”, y a mis hermanos respondiendo “Ahí en el bar que ya sabes”, y así por varios años.

El Rodo / A los 4 Vientos

IMG_9856

Creo que la primera vez que yo pude entrar a este bar fue para escuchar un grupo de reggae, y no me la pasé del todo bien; nada personal, pero no es mi género y por momentos pensé que tampoco era mi lugar. Los compas con los que fui comentaban “antes aquí se ponía bien perro”. Yo no tenía por qué no creerles, después del todo, como dije, no es que me la estuviera pasando mal, pero tampoco lo contrario. Recuerdo que en anteriores ocasiones de entrar, ya había entrado al “teibol”, los antros y “tockines” (con “ck” por qué eran de “Rock”) llegando a mejores conclusiones.

Aquella primera inmersión al reconocido establecimiento no impidió que en posteriores ocasiones asistiera al emblemático bar ensenadense, ya sea que fuera para encontrarme con alguien, tirarle a los palomos, o asistir a uno que otro concierto. Entre las ocasiones que guardo con mayor aprecio están algunas de las tantas veces que vino Inspector, pero sobre todo aquella mítica ocasión en la que vino al puerto el Mexicalense Juan Cirerol, a quien guardo en un lugar especial de la fonoteca personal. Aquel concierto contó con la participación de un “rapero” desconocido para mí, cuyo alias “Lng-Sht” no sabía ni pronunciar, mucho menos lo había escuchado; sin embargo, cuando tocó el micrófono, elevó y arrebató varios peldaños en mi corazón con aspiraciones melómanas.

IMG_9829
IMG_9837

Y es por eso que estoy aquí, varios años después, parado afuera del bar fumando un cigarrillo escuchando al telonero de fondo. Platicando con mi buen amigo comentamos acerca del cantante sobre el escenario, y acordamos que no es tan bueno; a los minutos cambiaremos de opinión ya que sus dos últimas rolas resultan brutales. Ya en la última calada se estaciona una camioneta junto a nosotros y de ella baja Gastón. Su actitud no es la de un rockstar, sin embargo, nuestras caras hacen evidente nuestra admiración. Nos reconoce como fans y nos saluda de mano: “El que está tocando es mi carnal, es el Johnny Cash de Tamaulipas”. Entra al bar y nosotros detrás ahí vamos pues.

En mi mesa nos acompañan tres amigas de la universidad; quizá nunca notaron que nos ausentamos, pero notaron cuando les dije “ahí está el Longshot”. Me gustaría decir que “intentaron” tomarse una foto con él, pero no, ni siquiera fue un reto o un intento: Gastón saluda y comparte con todo el mundo. Yo mismo tomé la foto de él con las chicas; al quinto intento logré una fotografía decente y volví a la mesa.

IMG_9841
IMG_9817

El tamaulipeco ya no se encuentra sobre el escenario. Una banda ahora es quien deleita los oídos y suena bastante bien; yo bebo mi segunda o tercera cerveza.

Por fin se encuentra sobre el escenario el motivo de que estemos reunidos todos. Gritamos y pedimos otra ronda del dulce néctar alcoholizante, bailamos, nos abrazamos, nos lamentamos y se la mentamos de a madre, ¡este concierto es memorable! Toca las nuevas como ´No voy a salir de casa´, las emblemáticas como ´Llaves, teléfono y cartera´, mi favorita personal ´Muchacha´ y hasta el ya legendario intro de ´Ñam ñam extravaganza´ que nos hizo soltar un “¡güeeeey!”.

El momento del concierto ocurre cuando en medio de una las canciones, “el de Cancún” baja del pequeño templete con micrófono en mano, y la banda rodeándolo sigue con el show; así se avienta varios minutos. Su euforia y la de los asistentes me provocan tomar la cámara y aventurarme a la rotonda mortal. Saco un par de fotitos mal enfocadas debido a que yo mismo comienzo a cambiar “unas palabras por ostras” e incluso los movimientos más sencillos suponen un reto personal; es mi cuarta cerveza y puedo confirmar que el alcohol en ese bar para nada está rebajado, derecha la flecha.

IMG_9860

Sigue “Tokadiscos”. Quisiéramos seguir escuchando, pero aun en mi quinta cerveza sé bien que al día siguiente tengo una serie de responsabilidades a temprana hora, pregunto “¿Fuga?”, y alguna voz responde “¡Hay que pasar al Euro!”, y pues “¡Fuga!”.

Ahí las cheves son de medias, ya no de a litro. Suena música electrónica, pero en mi cabeza es la mera cumbia, todo con moderación excepto la sabrosura. Después de uno que otro pasito “oldschool” (no puede ser de otra forma) nos reagrupamos, disponemos a casa y comienza el repartidero de gente.

Ahora pienso en que se hicieron promesas, si bien llegué sabiendo que en ocasiones las cosas no siempre salen como uno querría. No es el caso del concierto, porque hoy, después de semanas, no dejo de pensar en ello, y aunque vaya a otros conciertos, no dejo de pensar en ello, y aunque se venga el Tecate Península, no dejo de pensar en ella.

IMG_9864