Somera reflexión del abstencionismo como indicativo en la democracia

Y si, éste resulta un artículo más sobre el abstencionismo. Es recuente que encontremos ahora, después de la jornada electoral del 2 de junio de éste 2019, comentarios calificando al abstencionismo como una falta a la civilidad política. No resto razón al calificativo ya que resulta ser acertado.

Osvaldo Medina Olvera / 4 Vientos

Sin embargo, el tema me lleva a reflexionarlo como un fenómeno socio político y de acuerdo con antecedentes históricos en Baja California. Y ello le da un cariz distinto, pero que no riñe con el acuñado por la generalidad de los comentaristas.

Para darle ese cariz diferente, recordé algunas clases de universitario en una materia llamada Teoría General de los Sistemas. Ésta complicada pero atractiva materia consiste en observar cualquier fenómeno social no sólo como un sistema, sino, además, la aplicación de leyes de la termodinámica.

Esa parte no entra en la disertación por el momento, pero si puedo aplicar los principios de la TGS (Teoría General de los Sistemas) al esquema democrático estatal y al abstencionismo como parte del mismo.

El abstencionismo ha estado en la práctica e inevitablemente estará siempre presente dentro del proceso electoral, como un ingrediente infaltable, pero el número de ausentes en urnas al momento de una elección tendrá una interpretación distinta para cada proceso.

El abstencionismo tuvo, en alguna época, impreso el signo de duda por parte del electorado sobre las instituciones encargadas de hacer efectivo el voto popular. En la década de los 70 era frecuente encontrar pintas en muros en las que se leía “NO VOTES”, o “NO VOTES POR EL PRI”. Era la época del unipartidismo y el abstencionismo ni siquiera era una preocupación para el Estado.

Las autoridades electorales se encontraban integradas al Estado; concretamente dentro de la estructura de la supersecretaría que fue la Secretaría de Gobernación, por lo que era perfectamente sabido que el voto y el proceso electoral sólo era un mero trámite para que la nación se justificara ante organismos internacionales.

En la década de los 80 empiezan a suceder algunas reformas constitucionales, permitiendo que los partidos políticos pudieran integrarse dentro de la estructura de la institución electoral que era la Comisión Federal Electoral.

Se debe recordar que en los 80, y en el Estado de Baja California, se empieza a despertar una incipiente inclinación democrática por parte del electorado y el voto empieza a tener un valor. Curiosamente nos percatamos de que el abstencionismo tuvo su propio valor, pero con un peso negativo que merecía ser observado; analizado en su justa dimensión.

Foto: Jaime Cantú

Ha sido hasta el inicio de la década de los 90 (1990 precisamente) que el Congreso de la Unión expide el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, y ordena la creación de una institución que se caracterice por ser imparcial, independiente de los poderes públicos, que pudiera caracterizarse por dar fiabilidad, certeza, transparencia en sus procesos y ajustado a la legalidad. Así surge el Instituto Federal Electoral.

Es interesante esa evolución ya que la autoridad electoral de ser una institución gubernamental que no permitía la injerencia de particulares o de partidos, controlada por la Secretaría de Gobernación, en una primera etapa pasó a ser una institución mixta con la participación de los partidos que empezaron a encontrar un espacio para amparo de sus intereses y defensa de su plataforma, y su respectivo proyecto de nación.

Años más tarde habría de evolucionar para dejar de lado el intervencionismo estatal y convertirse en una institución ciudadanizada, entendiendo por esto último el tránsito del control del Estado hacia el control mixto del Estado y Partidos, y finalmente hacia el control del ciudadano.

El abstencionismo en las urnas es una característica del proceso electoral y tiene su propia interpretación en cada una de las etapas antes descritas, muy diferentes entre una y otra, por lo que podemos decir que al igual que ha evolucionado el sistema de elección, también lo ha hecho el fenómeno de la abstención.

Hay una característica que cabe poner en la mesa: al abstencionismo se le ha dado el cariz de ser una alternativa de responsabilidad ciudadana.

La época del control del estado

En ésta etapa el proceso electoral fue conocido como el imperio del Partido Estado y, desde luego, el Partido Revolucionario Institucional, más que institucional, se convirtió en institución de poder manipulador del proceso electoral, sin oportunidades para la participación de cualquier partido alterno más que opositor.

El partido surge después de un proceso revolucionario en el que las instituciones democráticas estuvieron anuladas y marcadas por traiciones y homicidios, por lo que la participación ciudadana era más de expectativa del “sufragio efectivo”, por más que éste lema se hallara impreso en documentación oficial.

Y en ésta época el abstencionismo no era una preocupación del Estado, como tampoco era un reproche para la ciudadanía.

Ilustración de Rosy Ramales

La etapa de la aparición de otros partidos en México.

Con la aparición de otros partidos diferentes al del partido en el poder, aquellos se encontraron con la dificultad de allegarse adeptos que simpatizaran con sus respectivas plataformas políticas, lo que mantuvo en constante zozobra su registro.

No obstante la aparición de éstos partidos, la democracia no fue una garantía, por lo que el abstencionismos se llegó a contabilizar en cantidades menores dada la manipulación estatal del padrón electoral. No se puede negar que la promoción del abstencionismo como se leía en pintas en paredes de casas de las ciudades con leyendas “NO VOTES” o “NO VOTES POR EL PRI”, no eran más que una demostración de que las instituciones democráticas estaban en realidad manipuladas por el Estado, y que la voluntad del pueblo nunca llegó a ser escuchada ni considerada.

El abstencionismo no era un signo de apatía ciudadana, sino más bien un signo de conciencia ciudadana que percibía que el Estado se encontraba luchando en contra de una naciente democracia en prolongado dolor de parto, el cual estaba representado por los partidos políticos que se encontraban sin apoyo del Estado.

Con la intervención de los partidos se promueve una indirecta participación ciudadana si se considera que la intención de aquellos era hacer escuchar la voz de una minoría del pueblo mexicano, pero con el tiempo se evidencia un amasiato con el Estado debido a su dependencia económica.

Lo anterior significó desaliento en la ciudadanía y el abstencionismo empezó a tener signos de apatía porque se percibía que la verdadera democracia era neutralizada con éste nuevo maquillaje del poder, por lo que aparece como desilusión hacia los partidos políticos y hacia el manipulado sistema electoral.

El Estado argumentó falta de cultura cívica ciudadana ante la falta de respuesta del electorado ante las urnas, cuando ése abstencionismo tenía el cuño de falta de transparencia del estado en el sistema electoral que era manipulado siempre, y constantemente evidenciado.

El sistema electoral por participación ciudadana

EL avance de la democracia se hizo inevitable después de décadas de imperio partidista; sucedió de manera tal que el sistema electoral se transformó para ciudadanizarse por completo y dejar de lado la tutela del Estado y (hasta donde pueda lograrse) la intervención dentro del sistema de actores que representen los intereses partidistas.

El Instituto Federal Electoral logra ser manejado en su totalidad por actores ciudadano, con independencia del Estado adoptando sólidos principios que le dan una fuerza institucional, pero independiente, entre los que se cuentan los de legalidad, certeza, imparcialidad, objetividad, independencia y máxima publicidad.

Archivo

¿Qué valor se le podemos atribuir hoy al abstencionismo?

Sin dejar de lado que el ingrediente principal lo será la apatía del electorado, hay que apreciar que la ciudadanía reconoce la confianza en el Instituto Nacional Electoral al modernizar sus procesos, al grado de reducir los tiempos en los cómputos para determinar hasta en la última jornada electoral que los resultados se aprecian coincidiendo con la realidad.

La ley se ha reformado al punto de la inclusión de los candidatos independientes con presupuesto otorgado para efectos de campaña.

Luego entonces, se puede asegurar que el sistema electoral es confiable, pero lo que resulta no confiable es la conducta de los partidos y sus candidatos, y es ahí donde podemos alojar un ingrediente para fomentar el abstencionismo.

El abstencionismo se transforma y se convierte en una particular quimera: la ciudadanía lo transforma en apatía, pero no contra el sistema, sino en contra el partido con el que una vez simpatizó; dejó de asistir a las urnas por la reducida lealtad que tiene por ese partido. No se atreve a traicionar esa lealtad porque se acusa a sí mismo y su reproche le impide voltear a diversos partidos o candidatos.

El “chapulineo”, practica política de brincar de puesto en puesto o de partido en partido, devaluó esa confianza del electorado en los partidos porque la gente se percató de que el sistema de elección ciudadano ofrece garantías de transparencia y, de esa manera, se evidenciaron las turbias practicas dentro de los partidos; como lo es la defensa de intereses de grupo.

Así, los partidos políticos en Baja California en el pecado han llevado la penitencia.

En la elección del 2 de junio los partidos no pudieron sacar a votar a sus simpatizantes y éstos, al dejar de votar, incrementaron el abstencionismo para dar lugar a una pobre, quieta, pacífica jornada electoral en el que se dejó ganar al partido que inició como mero movimiento nacional, apoyado por ciudadanos que desearon dar la espalda a los partidos políticos tradicionales.

Foto: Internet

Por eso el abstencionismo tuvo sabor a aval para un partido que se preocupó por anunciar un cambio de paradigmas.

También por eso los partidos políticos no pueden decir que el abstencionismo tiene cariz de apatía al sistema electoral. En cambio, deben realizar actos de honesto reconocimiento de que dejaron de representar al electorado por defender intereses de personas y partidos. El abandono a ellos no ocurrió de la noche a la mañana.

La Comisión de Venecia

Quien esto escribe tuvo la oportunidad de tener como tutor en la Maestría en Seguridad Humana, a un miembro de la Comisión de Venecia, organismo que intervino en las solicitudes de explicación a España sobre recursos de inconstitucionalidad que le fueron presentados por la Generalitat de Cataluña en procesos internos de ése país.

Menciono lo anterior por el reconocimiento que esa Comisión concedió a México como uno de los sistemas electorales más avanzados, progresistas y transparentes del mundo, de manera que dentro de la propia Comisión Europea para la Democracia por el Derecho, conocida como Comisión de Venecia, se integraron dos magistrados de nuestro país cuyas funciones son las de emitir opiniones en materia de constitucionalidad en procesos electorales de países en los que intervenga el organismo.

Esa es la dimensión que tiene actualmente el sistema electoral mexicano.

Las reformas a la Ley Electoral

Lorenzo Córdova Vianello, Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral, advirtió recientemente el riesgo de modificar la ley electoral, dejando entrever intereses partidistas que perjudicaría o encarecerían los procesos electorales.

No debe dejarse de lado tal advertencia, una vez que se ha evidenciado el avance democrático de nuestro sistema electoral.

Imagen: Regeneración

A no dudar, es verdad que nuestra legislación es mejorable para aumentar la calidad del propio sistema democrático que la mayoría ignora, pero que es motivo de orgullo por su reconocimiento internacional.

El voto en el Estado de Derecho

También observo al fenómeno de abstencionismo dentro del esquema del Estado de Derecho. Para ello debo referirme a lo que debemos entenderse como Estado de Derecho e inferir de ello que el Instituto Nacional Electoral, integrado por ciudadanos, es una Institución de Derecho y no una Institución de Estado.

Según el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, el Estado de Derecho puede definirse como «un principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas (incluido el propio Estado), están sometidas a leyes que se promulgan públicamente, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos.”

Asimismo, exige que se adopten medidas para garantizar el respeto de los principios de primacía de la ley, igualdad ante la ley, separación de poderes, participación en la adopción de decisiones, legalidad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal.

Por otra parte, la Seguridad Humana en su vertiente de seguridad ciudadana, implica tres libertades: Libertad para elegir en procesos electorales mediante el voto, Libertad para ser elegido en procesos electorales democráticos, y Libertad para intervenir en los procesos democráticos y asuntos políticos de la nación.

También es Master en Seguridad Humana y Derechos Humanos por la Universidad Milano Bicocca, de Milán, Italia. Diplomado en Derecho Electoral que otorga el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional Electoral y la Universidad Autónoma de Baja California, entre otros.