Necesario establecer un protocolo de monitoreo sistemático de langosta en Isla Socorro

La langosta ha sido una plaga perjudicial para el ser humano desde tiempos lejanos. La Biblia narra la historia de la octava plaga de Egipto: una nube de langostas que cubrió el cielo y consumió todos los cultivos egipcios, cuando el faraón se negó a liberar a los israelitas, acabando con árboles y plantas.

Ana Marichal Gutiérrez* / Foto principal: GECI / J.A. Soriano

En la China antigua también hubo devastaciones por este organismo. Se cuenta que la población huía hacia la montaña debido a que en ciertas regiones la langosta entraba a las casas (SENASICA-DGSV, 2016).

En la actualidad, está considerada entre las plagas más perjudiciales del planeta. Sus diferentes especies devastan año tras año cientos de miles de hectáreas cultivadas alrededor del mundo, afectando severamente cereales, frutales, legumbres y pastos.

México no es la excepción y sus islas tampoco. Incluso una de las islas más lejanas a continente, la Isla Socorro, de 13,000 hectáreas, la cual forma parte del Parque Nacional Revillagigedo junto con las islas Clarión, San Benedicto y Roca Partida, se ha visto afectada por la langosta.

La Isla Socorro, además de ser un Área Natural Protegida, es considerada un Área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICA, MX031) y sitio de Alianza para la Extinción Cero (AZE).

Por su importancia para la biodiversidad, en 2016 la UNESCO declaró al Archipiélago de Revillagigedo Patrimonio de la Humanidad.

La Isla Socorro (Foto: GECI / J.A. Soriano)

Debido a que evaluar el impacto de las poblaciones de langosta en el ecosistema de Isla Socorro es crucial, especialmente en el contexto de cambio global ya que los efectos de la permuta climático podrían promover un aumento en sus densidades, académicos de la UNAM y el Grupo de Ecología y Conservación de Islas (GECI), A.C., desarrollaron un estudio financiado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo denominado Diagnóstico, evaluación y plan de restauración por impacto de la langosta voladora (Schistocerca piceifrons) en Isla Socorro, Parque Nacional Revillagigedo.

El estudio fue implementado con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) México, a través del Proyecto Resiliencia financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).

Los resultados más relevantes de esta investigación fueron presentados el pasado lunes 6 de mayo durante un taller en el que estuvieron presentes diversos actores involucrados en el manejo y generación de conocimiento de Isla Socorro, entre ellos personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, académicos de la Universidad de Guadalajara y estudiantes de posgrado del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR).

El diagnóstico arroja importantes resultados y abre nuevas líneas de acción que permitirán tomar decisiones de manejo orientadas a la adaptación frente a este fenómeno ambiental, así como actividades de restauración ecológica activa en la isla.

El Director del Parque Nacional Revillagigedo, el oceanólogo Javier González Leija, comentó que “los resultados presentados por los consultores son de gran calidad, ya que tradujeron información altamente especializada en medidas de manejo claras y sencillas”.

Taller de capacitación en cambio climático y su efecto en las islas de México y sus insectos (Foto: GECI / Norma Castillo).

Es decir, el diagnóstico permite determinar cuáles son las actividades y acciones que se deben seguir tanto para mantener ecosistemas y procesos biológicos y ecológicos funcionales en la isla, como para contar con ecosistemas resilientes, que hagan frente a diferentes escenarios de cambio climático.

De acuerdo con los resultados del estudio, en términos generales el escenario para el ecosistema de Socorro es optimista ya que las abundancias actuales de langosta voladora en la isla no parecen ser un problema para la conservación de la vegetación nativa, ya que los niveles de herviboría de dicha especie son bajos.

Se concluyó que si el patrón de consumo de plantas (por parte de la langosta) se mantiene, esto no sería un problema para las comunidades vegetales originarias de la isla. Sin embargo, no se descarta aún la posibilidad de que existan explosiones demográficas con mayor frecuencia, por lo cual es necesario establecer un protocolo de monitoreo sistemático de la langosta a largo plazo.

Por otra parte, a la par del diagnóstico de la langosta, se realizaron estudios enfocados en conocer la respuesta fisiológica de especies vegetales nativas de la isla ante el estrés ambiental, con la finalidad de establecer prioridades y protocolos de restauración ecológica.

A partir de dichos estudios se pudieron identificar metas importantes de trabajo en la isla, las cuales tienen que ver con revegetar zonas erosionadas, controlar la invasión del helecho invasor Pteridium caudatum y reducir la extensión que ocupa en la actualidad, así como enriquecer con plantas nativas los pastizales de la isla, dominados por pastos exóticos.

*La Oceanóloga y Maestra en Ciencia Ana Marichal González, es Coordinadora de Aprendizaje Ambiental y Comunicación del Grupo de Ecología y Conservación de Islas A.C. También realizó un diagnóstico de la enseñanza de la biodiversidad local en la educación básica, como herramienta para la formación ambiental de los niños urbanos de Baja California, y desarrolló un proyecto educativo en secundarias para reducir el consumo de bolsas plásticas en la ciudad de Ensenada.