CLANDESTINO: «Al poder se le revisa, no se le aplaude»

Víctor Trujillo, en su personaje de Brozo (el payaso tenebroso), respondió a quienes lo lincharon el fin de semana pasado, por criticar las “mañaneras” de Andrés Manuel López Obrador. Los señalamientos fueron porque el comunicador criticó que hay un “montaje” en las conferencias del presidente.

Álvaro de Lachica y Bonilla/4Vientos

Todo empezó el pasado jueves 9 de mayo, cuando Brozo señaló durante su programa radiofónico que las conferencias que diariamente ofrece el presidente Andrés Manuel López Obrador son sólo una simulación, “un show” para dar una buena imagen a la gente.

Momentos después el comunicador, explicó que los reporteros que cubren la fuente presidencial ya tienen ubicados a los personajes que sólo están interpretando el papel de representantes de medios, pero que no lo son, “está el señor Molécula, la mujer del keniano, el ranchero caliente”, también dijo conocer   quiénes    son “los encargados de la producción de ese show diario”.

Las polémicas declaraciones de Trujillo, causaron ronchas entre los simpatizantes del presidente AMLO y apoyos entre los opositores que celebraron el estilo directo del personaje que ya anteriormente se ha visto envuelto en polémica con la figura del entonces jefe de gobierno y ahora Presidente. Habrá que acordarse de que en el 2004, en el programa de Brozo, se mostraron los video-escándalos protagonizados por René Bejarano (a quien se le conocería más tarde como el señor de las ligas) Carlos Imaz y Rosario Robles a quienes el empresario Carlos Ahumada videograbó cuando les entregaba dinero en efectivo, presuntamente para campañas y pago de publicidad. Pero también tenemos que reconocer, que en el pasado sexenio, el payaso tenebroso traía de un ala a Henry Monster (Enrique Peña Nieto).

Imagen publicada en internet

La relación entre Brozo y AMLO  ha pasado por varias etapas de encuentros y desencuentros. Incluso a pregunta expresa a AMLO, durante la pasada campaña, sobre quienes a su criterio eran periodistas imparciales, mencionó el nombre de Brozo.  El estilo personal y bien informado de Brozo y sus personajes, ha sido por años sinónimo de información, crítica y entretenimiento en específico. Las críticas y señalamientos de cómo en las denominadas “mañaneras”, se colocan periodistas simpatizantes del régimen para realizar preguntas que permitan el lucimiento del presidente y se vaya intentando imponer agenda, es un señalamiento que podría ser cierto.

Y no se trata de defender el estilo de Brozo –que puede gustar o no–, sino de la libertad de decir las cosas. Él está en su derecho de criticar y no debiera ser atacado por ejercer la libertad de expresión. Pero tampoco sería justo tratar de manipular la percepción de que esas preguntas realizadas para el lucimiento del presidente, son las únicas que se realizan en la conferencia “mañanera”.

Tengo entendido que cualquier  periodista que quiera acudir a formular preguntas al Presidente y a miembros de su gabinete, lo puede hacer,   pero tienen que llegar antes de las 5 de la mañana, para ser los primeros en la fila, y en consecuencia, garantizar ubicarse en las sillas de la primera fila y enfrente del Presidente, para tener más posibilidades de que éste les ceda la palabra. Este ejercicio democrático no se realizaba en los anteriores gobiernos, ningún presidente se animaba a encarar preguntas de la prensa. Algunos periodistas que asisten a las mañaneras, lo hacen para buscar lucimiento, otros van a trabajar. Algunos hacen de lo que ocurre en “La Mañanera” un espectáculo, otros buscan respuestas. Algunos escriben de lo que ocurre en “La Mañanera”, pero nunca han ido, aunque eso sí, dictan preguntas por Whatsapp y Tweeter, o las encargan desde un día antes y después despedazan lo que llaman la “homilía del Tlatoani” en sus columnas llenas de hipócritas lecciones de moral. 

La libertad de expresión implica, muchas veces tristemente, que haya arrastrados, barberos, vendidos, profesionales, investigadores serios, golpeadores, sicarios a sueldo, medios financiados por magnates con intereses particulares (ajenos al periodismo y más a los negocios), sitios que apenas subsisten y medios que intentan aportar desde cero. Y a todos se les debe garantizar su libertad de expresarse, así lo dice la Constitución.

Pero es una verdad lo que dijera el comunicador con peluca verde y nariz roja: “Al poder se le revisa, no se le aplaude. Al poder se le exigen cuentas, no se le habla al oído”.

Nos urge a todos hacerlo.