CLANDESTINO: ¿Cándido soñador o necio embustero?

La decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de construir la refinería de Dos Bocas con recursos federales, tanto humanos como financieros, tiene algunas similitudes con el proceso de expropiación petrolera de 1938. Sin embargo, son momentos y contextos completamente diferentes el que hoy vive la política petrolera y el que se tenía hace 81 años.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ 4Vientos

Lo que para algunos es un acto es estoicismo heroico para otros es, simplemente, un proyecto financieramente inviable. En el presuntuoso y cuestionable mundo de la política, pareciera que  ambos,  tienen razón.

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ex jefe de gobierno capitalino, apoyó el plan de modernización y la construcción de refinerías al señalar que se trata de una política petrolera que debe ser un asunto no solo de seguridad energética sino de seguridad nacional.

La refinería de Tabasco, pareciera que  no tiene pies ni cabeza, aunque tenga Dos Bocas. Y habría que acordarse, que es uno de los proyectos emblemáticos del presidente López Obrador y eso significa que se hará, no importa que cueste, casi el doble de lo que dicen las cuentas del presidente. En todo caso es una mala señal que no sea la iniciativa privada la que la vaya a construir, porque implicará mayores costos para las finanzas públicas. Por esta razón es que ¿el heroísmo quiere anteponerse a la ortodoxia? El asunto de la refinería, quizá,  comience a volverse obsoleta por la reconversión de los motores de los vehículos, ya que cada vez, vemos mas autos híbridos. El bono político de la construcción de la refinería de Dos Bocas, es la defensa de la soberanía energética, pero, sobre todo, la generación de 100,000 empleos que representarían 100,000 votos en 2024.

El Instituto Mexicano del Petróleo ya había señalado que la refinería de Dos Bocas no es rentable porque va a tener un costo de 14,000 millones de dólares, no los 8,000 que tanto ha señalado la nueva administración. Además, no existe un proyecto serio de evaluación de proyectos ni de ingeniería que respalden una decisión de este tamaño. Esta decisión puede poner en mayor peligro las finanzas de Pemex, que de por sí se enfrenta a una quiebra “técnica”.

La refinación es uno de los negocios menos rentables para Pemex y de continuar con la construcción de la refinería de Dos Bocas sin un estudio serio sobre su verdadero impacto, y sin analizar alternativas, puede tener un impacto negativo en las finanzas públicas. Cuando Pemex está altamente endeudada y el Gobierno federal le va a meter dinero a la construcción de una refinería que es el negocio menos rentable,  será ahí donde pueden venir los problemas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador recordó el  10 de mayo que el plan de rehabilitación de seis refinerías comenzó este 2019 con una inversión de 12,500 millones de pesos y en dos años se destinarán 25,000 millones para aumentar su capacidad de producción. Reiteró que la refinería Dos Bocas, será construida por su gobierno en 3 años, con una inversión de 8,000 millones de dólares y será terminada en tiempo y forma. (Foto: internet)

Hace unos días, nos enteramos que en Luisiana y Texas, existen en operación 60 refinerías, en promedio, con menos de 500 empleados cada una y son altamente rentables por su eficiencia operativa y administrativa. Tan bien hacen su trabajo,  que por esta razón Pemex se asoció con Shell a partes iguales y son propietarios de la refinería Deer Park, con buena rentabilidad.

¿Para qué construir una nueva refinería si las seis que están en nuestro país están abandonadas y la que tiene Pemex junto con la Shell es altamente rentable? Opciones hay, pero para tomar decisiones de política pública es indispensable entender las finanzas de Pemex que hoy son un desastre.

En México ya se canceló un proyecto de refinería porque no era viable en los tiempos del gobierno de Felipe Calderón, hoy estamos a tiempo de evitar que la nueva refinería se pueda convertir en una tragedia para las finanzas públicas del país, existen alternativas,  pero es cuestión de que el nuevo gobierno las analice seriamente.

Podría  salir más barato comprar una refinería usada en Texas para imitar el modelo de Deer Park y construir redes de ductos  (sin huachicoleo), que puedan traer esa gasolina a México a un mejor precio. Otra solución, pudiera ser,  es asociarse con la iniciativa privada para modernizar y rescatar las refinerías actuales, y tal vez pensar en otras, pero más pequeñas. Lo fundamental es evitar que Pemex se endeude de más.

El éxito de la administración del Presidente López Obrador no solo es importante porque representa un cambio, sino porque demostraría que la izquierda latinoamericana puede ser viable para generar una mejora en la mayoría de las clases desprotegidas sin afectar las finanzas sanas de la administración pública. El reto y responsabilidad de éxito dependen de un funcionamiento eficaz, preciso y sobre todo responsable de este nuevo régimen.